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Un momento para sentir: reflexiones tras la despedida de Messi

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Es un momento de intensa emoción. Las palabras fluyen más fácil al descender la escalera de un estadio lleno, donde la atmósfera se siente familiar, como un domingo habitual. Es mejor expresar lo que se siente ahora, antes de analizar fríamente la situación. Quedará tiempo para estudiar al próximo rival y mencionar los aspectos que la selección argentina debe mejorar para avanzar. Al final, prevalecerá la gratitud, el vínculo y la identificación entre el equipo y la gente. Aunque cualquier grupo puede ganar, la conexión con el público es reservada para unos pocos, los que perduran en el tiempo.

Hay una esencia latente, lista para ser despertada en el momento adecuado. Un cuerpo dispuesto a vivir emociones intensas. El argentino tiene una profunda conexión con el fútbol por diversas razones. Por un lado, porque está en nuestras raíces. También porque el futbol se juega bien y eso atrae. Además, es el misterio de un resultado inesperado que puede provocarnos una explosión de alegría. La rutina futbolera es el intervalo entre una dicha y otra. Una victoria memorable en un Mundial intensifica las emociones. Si el sufrimiento colectivo duele, la alegría compartida nos lleva al llanto.

Esta selección evoca recuerdos significativos. El Mundial de Qatar fue más que un simple triunfo. Los momentos difíciles, como el gol de Messi contra México, o el angustiante final ante Australia, donde se temía una derrota ante un rival inferior, son parte de este viaje. La tanda de penales contra Países Bajos fue una redención, y el agitado 18 de diciembre de 2022 quedó grabado en la memoria. El desafío radica en ser capaces de jugar bien tras haber ganado, lo cual puede resultar más complicado que el triunfo en sí. Cada victoria es tentativa, mientras que una victoria profunda parece reservada para los elegidos. No es demagogia, sino el reconocimiento de rasgos distintivos. En el impulso hacia el triunfo se manifiesta nuestra idiosincrasia. El partido contra Egipto, por ejemplo, mostró la adaptabilidad y la capacidad de crecer en circunstancias adversas. Se juega como se vive, en lo personal y social.

Para cualquier misión, se necesita un líder, y aquí hay dos. El entrenador actúa con confianza, mientras Lionel Scaloni y su equipo se enfocan en la estrategia, observando al rival y modificando su enfoque cuando es necesario, fundamentando su fe en la pasión. Por su parte, el capitán no se deja vencer, luchando aún ante las adversidades. Ha logrado todo lo que podría haber deseado, pese a haber declarado hace tres años que se retiraba. Ahora su presencia se siente más reflexionada. Primero, intentó ejecutar un penal que terminó generando incertidumbre; a 25 metros del arco, parecía más confiado que desde la distancia corta ante el arquero. Falló, y aunque buscó recuperarse, su actuación fue errática. Sin embargo, decidió volver a su lugar inicial, donde había menos resistencia. La situación lo llevó a un córner, luego a un centro decisivo que contribuyó al gol del empate, reviviendo al equipo. Lloró, sintiendo la misma pasión que lo había llevado a jugar desde sus inicios en Grandoli y Newell’s. La pregunta queda abierta: ¿cómo compensaremos su falta? La ausencia de Messi marcará un vacío difícil de llenar en el fútbol.

Los equipos más fuertes suelen dominar a sus oponentes sin esfuerzo, pero el seleccionado argentino alteró esa perspectiva común. Superó la creencia de que el sufrimiento resulta indispensable para el éxito. El siguiente paso es entender que, sin emoción, cualquier triunfo sería vacío. Sin la esencia emotiva, el fútbol se reduce a un simple deporte, y hay muchos así. La jerarquía se manifiesta en la habilidad de hacer lo correcto cuando más se necesita. La combinación de técnica y personalidad fue evidente en el centro de Lautaro Martínez y el cabezazo de Enzo Fernández que igualó el marcador. El imperativo quite de Leandro Paredes cobró un valor crucial, así como el cabezazo de Cristian Romero que impulsaba la esperanza. Aunque el equipo mostró vulnerabilidad, especialmente algunos jugadores clave, laArgentina creó más oportunidades que en partidos previos. La eliminación parecía inminente.

Para quienes tuvimos la fortuna de salir del estadio, así como para aquellos que compartieron este momento con seres queridos, habrá quienes argumenten que depositamos demasiado en el fútbol. Quizás tengan razón. Pero hoy, dejando de lado el murmullo de “ya ganamos la tercera”, algunos se despiden y otros se unen en el mismo sufrimiento. Al final, lo que importa son los recuerdos.

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