Desde el Gobierno se indica que esta problemática es resultado de años de desinversión, falta de mantenimiento y postergación de inversiones esenciales para el funcionamiento ferroviario, según trascendió de fuentes oficiales.
Este diagnóstico fue el antecedente que llevó a la proclamación de la Emergencia Ferroviaria en junio de 2024, una medida destinada a priorizar inversiones y acelerar intervenciones en componentes vitales para garantizar la seguridad y la confiabilidad de los servicios.
“Desde la Emergencia Ferroviaria se han puesto en marcha más de 300 acciones en el sistema, enfocando los recursos en infraestructura crítica, material rodante, señalización, comunicaciones, sistemas de seguridad y mantenimiento. Los problemas que han sido publicados en los medios coinciden, en gran medida, con las dificultades estructurales que esta gestión identificó desde el comienzo y que motivaron la ejecución de este programa integral de recuperación ferroviaria”, dijeron los entrevistados.
Además, se explicó que “las acciones promovidas por la Secretaría de Transporte avanzan en línea con muchas de las recomendaciones emitidas por la Auditoría General de la Nación, dirigidas a mejorar los mecanismos de control, el mantenimiento de infraestructura y del material rodante, la actualización de la normativa técnica, la modernización de los sistemas de seguridad y señalización, y el seguimiento de los planes de mantenimiento ferroviario”.
“Las recomendaciones realizadas por el organismo de control no contradicen la dirección adoptada por la gestión actual, sino que refuerzan la necesidad de continuar profundizando las acciones implementadas en el marco de la Emergencia Ferroviaria”, agregaron.
Especificaron que, en relación a la Línea San Martín, durante este periodo se han promovido diversas acciones para mejorar la operación y las condiciones de mantenimiento del servicio. Entre las más destacadas se encuentra la adquisición de tres nuevas locomotoras, la primera compra de este tipo para la línea desde 2015, con el fin de aumentar la disponibilidad de material tractivo y proporcionar un servicio más confiable a los pasajeros. En la actualidad, dos de estas locomotoras ya se han incorporado a la operación de la línea.
Asimismo, se ha avanzado en la adquisición de repuestos críticos y equipamiento técnico para el mantenimiento ferroviario, una necesidad que había sido postergada durante mucho tiempo y resulta esencial para mejorar la confiabilidad operativa del sistema. En paralelo, se están realizando intervenciones bajo la Emergencia Ferroviaria que incluyen la implementación del sistema de frenado automático ATS, la modernización de los sistemas de señalización, la recuperación de material rodante y la ejecución de obras prioritarias en infraestructura ferroviaria.
Respecto a los indicadores analizados, se subraya que “los mismos abarcan diferentes categorías de eventos operativos. La evolución observada en ciertos indicadores no implica necesariamente un aumento de los incidentes más graves en términos de seguridad ferroviaria, como choques o descarrilamientos. Asimismo, algunas de las variaciones registradas se deben a circunstancias externas a la operación ferroviaria”.
“Es importante resaltar que muchas de las inversiones, obras y programas de mantenimiento que se están ejecutando comenzaron a desarrollarse tras la declaración de la Emergencia Ferroviaria, por lo que sus resultados deberán evaluarse a medida que avance el proceso de recuperación del sistema ferroviario”, aclararon.
La Secretaría de Transporte reafirma su compromiso con la mejora constante del sistema ferroviario argentino y sostiene que la recuperación de una infraestructura que ha acumulado problemas a lo largo de décadas demanda una política sostenida en el tiempo, inversiones constantes y un enfoque claro en la seguridad operacional.
Finalmente, se manifestó que “actualmente existe un plan de acción concreto, obras en ejecución y una estrategia integral destinada a recuperar infraestructura crítica, reforzar la seguridad y mejorar la calidad del servicio para millones de usuarios. La Emergencia Ferroviaria no fue una respuesta a un evento particular, sino una decisión estratégica para reorganizar las prioridades de inversión en el sistema ferroviario argentino, concentrando los recursos disponibles en lo fundamental: garantizar la seguridad, mejorar la operación de los trenes y recuperar la infraestructura ferroviaria”.
