La mamá de Luciana Barrios Alarcón habló con enorme conmoción apenas se confirmó que su hija había sido encontrada con vida en Córdoba.
Elena dio sus primeras declaraciones a la salida del hospital, cuando todavía no había podido abrazar a la adolescente porque seguía siendo sometida a controles médicos de rutina, y resumió en pocas frases el drama que acababa de atravesar junto a su familia: “Yo estaba quebrada”, dijo, después de más de 24 horas sin noticias de la chica de 15 años que había desaparecido tras salir del colegio en Colonia Caroya.

La secuencia fue tan breve como impactante. Luciana había sido hallada este martes en Jesús María, según confirmó el ministro de Seguridad de Córdoba, Juan Pablo Quinteros, quien informó que la adolescente apareció “sana y salva”, en buen estado de salud, y fue llevada al hospital para ser asistida y sometida a estudios.
En ese contexto, mientras la noticia empezaba a descomprimir la enorme tensión que se había instalado en Colonia Caroya y sus alrededores, la madre de la joven habló con la prensa y dejó al descubierto el costado más humano del caso: la mezcla de alivio, agotamiento y desconcierto de alguien que todavía no entendía del todo qué había pasado, pero ya sabía que su hija estaba viva.
“Estoy agradecida. Los que se amanecieron y estuvieron toda la noche. Luciana está bien, estoy esperando verla”, dijo primero, en una de las frases que más circularon tras el hallazgo.
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Fue una manera inmediata de agradecer el operativo, la difusión del caso y el acompañamiento de quienes se movilizaron para encontrar a la adolescente. Pero enseguida su tono cambió y apareció el peso real de esas horas. “Yo estaba quebrada. Desde el momento en que no encontré a Lu en esa parada, en la que la retiro todos los días a las 13.15. Cuando llegué y no vi su carita… no”, agregó, con una crudeza que explica mejor que cualquier parte policial lo que vivió la familia desde el comienzo de la desaparición.
Ese punto, el de la parada del colectivo, es central para entender el nivel de angustia que describió la madre. Elena esperaba todos los días a Luciana después de clases y ese lunes fue a buscarla a la misma hora de siempre.
Pero la adolescente no estaba donde debía estar. A partir de ahí, la rutina se rompió de golpe: la familia perdió el contacto, el celular de la chica dejó de responder y empezó una búsqueda contrarreloj que derivó en la activación de la Alerta Sofía y en un megaoperativo con policías, bomberos, móviles, helicóptero, drones y análisis de cámaras. En ese marco, la frase de la madre sobre el instante exacto en el que no vio a su hija en el banco o en la parada se volvió una de las escenas más fuertes del caso.
En sus declaraciones posteriores al hallazgo, Elena también dejó en claro que, incluso con Luciana ya localizada, seguía sin tener demasiadas certezas. “Todavía no la pude ver, pero ya quiero verla”, contó, mientras esperaba que terminaran los chequeos médicos.
En ese marco también detalló: “Todavía no la pudimos ver. Se está haciendo una serie de estudios”, en referencia a los controles que incluían laboratorio, electrocardiograma y otras revisiones de protocolo.
Esa falta de información inmediata sobre el estado concreto y sobre lo que había pasado durante las horas en que la adolescente estuvo ausente reforzó el desconcierto de una madre que pasó, en cuestión de minutos, del peor miedo al alivio, pero sin ninguna explicación cerrada todavía.
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La otra gran definición que dejó fue emocional. “Fue muy angustiante”, sintetizó y enseguida sumó una descripción que ayuda a entender por qué la ausencia impactó tanto dentro de su casa: “Luciana es una chica que siempre me espera, que siempre me consulta, me escribe y no tener noticias de ella, que tenga el teléfono apagado, fue un infierno. No saber qué pasó”.
Esa frase es importante porque no sólo habla del sufrimiento de la búsqueda, sino también del perfil cotidiano de la adolescente tal como la describe su entorno: una chica apegada a su familia, de hábitos conocidos y que, según su madre, no solía moverse sola sin avisar.
En la misma línea, Elena dio un detalle doméstico que vuelve todavía más desconcertante el caso. Señaló que el día anterior todo había transcurrido con normalidad, que Luciana había estado tejiendo, cocinando y haciendo actividades que le gustaban, sin mostrar señales de conflicto ni nada que hiciera imaginar una desaparición así.
También sostuvo que viven a cierta distancia del colegio y que la adolescente no acostumbraba salir sola, un dato que alimentó desde el primer momento la preocupación familiar y vecinal. Con esas pocas palabras, la madre fue trazando el retrato de una vida diaria previsible que de un momento a otro se quebró por completo.
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