Enviada especial a Dallas
GENTE viajó a Estados Unidos para acompañar a la Selección Argentina durante el Mundial 2026 y, en medio de la cobertura, tuvo la oportunidad de compartir vuelo y varias horas con una figura tan popular como entrañable: Carlos «La Mona» Jiménez.
El encuentro definitivo -el de la extensa entrevista- ocurrió en Dallas, ciudad que recibió a la Scaloneta para su segundo compromiso mundialista. Allí, en uno de los hoteles más exclusivos de la ciudad, el máximo ídolo del cuarteto cordobés aguardó puntual a la revista.
Sus inconfundibles rulos negros se distinguían desde lejos. Vestido con una remera negra estampada con Rey Mysterio, pantalón rojo vibrante, zapatillas al tono, anillos en ambas manos y sus clásicos lentes oscuros, Juan Carlos Jiménez Rufino recibió al equipo de GENTE con una sonrisa y una frase que definió el tono de toda la charla. «Esto es puntualidad», dijo señalando el enorme reloj que llevaba en su muñeca izquierda.
Días antes había vivido uno de los momentos más emocionantes de toda su carrera: cantarle a Lionel Messi y a los jugadores de la Selección Argentina en plena concentración, una experiencia que, según él mismo reconocería más tarde, terminó teniendo un valor emocional superior al de uno de los grandes sueños que nunca pudo concretar.

La Mona y su viaje al Mundial
La pasión de La Mona por la Selección no es nueva. Tampoco su costumbre de acompañar los grandes momentos del equipo argentino.
«Nosotros ya teníamos todo preparado. Cuando vimos que el Mundial era en Estados Unidos, dijimos ‘ya estamos listos’… Ya teníamos todo organizado para venir, aparte es más cerca que Qatar, que fuimos los últimos partidos cuando pasamos a octavos de final, ahí fuimos, no fui temprano porque en Japón, cuando nos eliminaron, pegamos la vuelta, estaba Bielsa…», recordó.

Pero cuando la charla giró hacia Lionel Messi, el cantante no dudó ni un segundo en demostrar su fanatismo por el capitán de la Scaloneta.
-¿Siempre admiraste a Messi?
-Sí, sí, sí. Aparte me encantaba ver cuando jugaba Barcelona con el Real Madrid. Era un ida y vuelta porque (Cristiano) Ronaldo estaba allá, ¿viste? Uno hacía un gol, el otro hacía el otro… Era algo que digo yo (fabuloso)…
Su vínculo con Maradona y el recuerdo de una amistad que se rompió
En el ida y vulta con GENTE, hablar de fútbol para La Mona también significó recordar inevitablemente a Diego Maradona, con quien supo compartir momentos de enorme cercanía.
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«Yo tuve una amistad con él, después nos peleamos. Él se peleó conmigo, bah, yo que sé, no sé, porque cambió él su forma de ser, pero yo lo respeté siempre, lo quise mucho», rememoró, con sinceridad. Y, a partir de allí, comenzaron a aparecer recuerdos cargados de nostalgia.
La Mona evocó una visita al programa de Mauro Viale donde sorprendió al Diez en su cumpleaños y también una escena que todavía hoy lo hace reír: cuando sacó a bailar a Claudia Villafañe delante de Diego.
«Cuando me vio se sorprendió y me abrazó como era antes…», sostuvo.
Luego agregó: «Después una vez fui a un lugar donde estaba toda la familia y ahí canté Beso a beso y al cantar la saco a bailar a Claudia. ‘Diego’, le digo: ‘¿Me permitís que baile con tu señora?’. ‘Sí’, me dice: ‘Baila y baila’. Pero, ¿bailé cuánto? Mucho. Y ahí nomás vino el Diego y me la quitó: ‘No, ya bailaste ya’. Era celoso. Me la cagó quitando. Pero no se enojó. Después fue que cambió conmigo».
Cuando se le preguntó por qué cree que aquella relación se enfrió, el músico respondió con sin vueltas: «Él cambió conmigo porque una vez yo me junté con él, no me saludó. ¿Y por qué no me saludás? Si pasé un momento lindo con él, con la familia, con Doña Tota, con los hermanos».
-¿Te dolió eso?
-No, no, porque yo sabía que ya estaba medio… Estaba tomando cosas raras…

Pero más allá del distanciamiento, sigue el cariño eterno. De hecho, para el cantante, Diego habría disfrutado enormemente este presente de la Selección y también el fenómeno mundial que representa Messi.
«Estaría recontento. Calculo que sí, porque estaría diciendo que Messi lo ha superado, porque en esa época a Maradona lo seguía la gente grande. A Messi ahora lo siguen los chicos, los chiquitos de 5 años».
Y concluyó: «Yo calculo que hasta un 80% mundial es hincha de Messi, hasta los brasileros…».
La Mona Jiménez y su postergado encuentro con Messi
Aunque hoy parezca increíble, La Mona nunca había tenido un encuentro cara a cara con Lionel Messi. «Yo lo quería conocer a Leo y dije, voy a ir para conocerlo», se sinceró el famosísimo cantante cordobés de 75 años.
Incluso reveló que meses atrás había estado en Miami y había tenido la posibilidad de acercarse pero no quiso. «Dije no lo voy a ir a molestar, sé que debe estar entrenando, jugando y yo no lo conozco… Y viste, esa vergüenza de llegar ahí y ‘Messi, puedo, puedo…'», explicó.

Lejos de colocarse a la misma altura del capitán argentino, eligió minimizar su propia popularidad: «Yo sé que lo mío es menor, que él tiene un 99% de popularidad y yo tengo un 1%».
El encuentro se dio finalmente en Kansas, durante este Mundial. Y allí ocurrió algo que jamás olvidará: «Sí, fue divino. Fue increíble porque al cantar, debe ser que escuchaban todos ahí mis canciones porque me pidió Paloma loca. Y después de Paloma, no sé si fue el Cuti o De Paul que me pidió Luis y yo no me acordaba la letra, yo estaba feliz, les canté como 10 o 12 temas…».

Aunque ya habían pasado unos días, durante el relato a GENTE la emoción todavía era visible en su rostro mientras revivía aquel momento que vivió junto a la Scaloneta. Y aunque durante décadas llenó estadios, rompió récords y se convirtió en uno de los artistas más populares de la Argentina, reconoció que pocas veces sintió una felicidad semejante.

Porque para La Mona, cantar frente a Messi, De Paul, Cuti Romero y el resto del plantel tuvo un significado imposible de medir.
Un significado que incluso terminó superando una de las mayores frustraciones de toda su carrera: aquel Madison Square Garden que estuvo a punto de concretarse y que nunca llegó.
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La Mona Jiménez y el Madison Square Garden que no pudo ser
En medio del relato sobre su encuentro con Messi y la Selección, La Mona abrió otra puerta de su memoria. Una que lo llevó a comienzos de los 2000, cuando estuvo muy cerca de cumplir uno de los sueños más grandes de su carrera: presentarse en el Madison Square Garden.

El ganador de 12 Premios Gardel y récord absoluto en los Konex de Platino en su género recordó que durante meses viajó en aquella época por distintas ciudades de Estados Unidos, incluida Dallas, donde años después tuvo lugar esta entrevista con GENTE.
Todo parecía encaminado. Sus músicos estaban felices, el proyecto avanzaba y sólo faltaba ultimar detalles administrativos para poder concretar el show en el legendario estadio de Manhattan, sede de los New York Knicks, de los New York Rangers y de algunos de los conciertos más históricos del mundo. Pero el sueño se interrumpió de golpe.
“Los chicos estaban todos felices, contentos. Faltaban 45 días para venir y el culeado este de Bin Laden volteó las Torres Gemelas y no me dejaron entrar más, ni para hacer la publicidad ni promoción. Pegué la vuelta y no me dejaron entrar”, reveló la Mona.
-Bueno, pero vos siempre has aprendido a surgir y siempre has sido profeta en tu tierra. En Córdoba dicen que viene Dios y después venís vos. ¿Eso vos lo tenés en claro? ¿Tomás dimensión?
-Sí pero no me la creo, yo sigo siendo un muchacho de barrio. No me la creo, ¿viste? Yo sigo siendo el tipo normal como en el avión (que cantó para divertir a todos los hinchas que viajaron con él desde Kansas a Dallas y debieron esperar más de 5 horas por una demora de vuelos). Yo canto para la popular, porque el cuarteto era marginado y el más marginado era yo”.
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“Yo canto para la popular”
Esa frase resumió buena parte de su historia. La Mona no habló de la popular como una tribuna abstracta, sino como el lugar al que sintió pertenecer desde siempre. El mismo sitio simbólico desde donde construyó una carrera hecha de miles de noches, canciones, bailes, viajes, estadios y una conexión directa con la gente.
En ese punto, el cantante recordó cómo el cuarteto fue discriminado durante años y cómo esa mirada ajena también le cayó encima desde muy joven: «Porque yo era el más chico, 16 años, no me dejaban entrar a ciertos restaurantes por cantar cuarteto. A los 18 años quise ir a una disco y me dijeron: ‘No, no, vos no entrás, vos cantás cuarteto’. O sea, que era muy marginado, hasta de parte de mis amigos”.
-Pero todas esas diferencias, esas discriminaciones que a vos te hacían, parece que en vez de afectarte, te hicieron más fuerte.
-Me hicieron más fuerte…

Durante la entrevista, la Mona pidió tomar agua y recordó una escena de su juventud que todavía conserva intacta. Antes de ser el ídolo popular que todos conocen, también fue un chico que bailaba rock and roll y buscaba su lugar.
“Íbamos a bailar rock, porque yo bailaba muy bien, los domingos al club Atenas de Córdoba y los amigos míos eran cinco o seis. En esa época cantaban Palito Ortega, Sandro, Los Iracundos y bueno, yo bailaba rock and roll y al final al que ganaba le daban la entrada para entrar el próximo domingo y el disco del artista. Y bueno, mis amigos se escondían cuando me veían llegar porque les daba vergüenza estar conmigo”, recordó el artista.
-¿Y vos qué hacías?
-Entonces yo dije ‘¿qué voy a hacer acá? No puedo bailar, los culeados de mis amigos no me dan bola’. Así que me fui a una tanguería porque tenía amigos grandes, mayores, que iban a bailar conmigo.
-¿Y ahí cómo te recibieron?
-Espectacular. Me hacían cantar, yo también bailaba tango porque mi papá me había enseñado a bailar así que los chicos me dejaban bailar con sus señoras, me decían Carlitos ahí, no me decían la Mona.

La música, su padre y la primera guitarra
La charla también lo llevó hacia su casa, su infancia y la presencia de su padre, una figura central en su vínculo con la música. De él heredó mucho más que recuerdos: también un anillo que lleva puesto desde hace 58 años o, mejor dicho, desde sus 17, cuando murió.

La Mona contó que su papá le inculcó el amor por la música, el tango y el baile. También recordó cómo su hermano Tito quedó ligado a una de sus primeras grandes frustraciones musicales.
“Mi hermano me cambió la guitarra Jackson por un rifle de aire comprimido”, confesó la Mona.
-¿Por qué hizo eso?
-Porque mi hermano el Tito me odiaba. Él me llevaba un año y dos meses y tenía otro hermano más chico, el Guille, al que le llevaba 5 años. Entonces mi papá le compró una guitarra al Tito, una guitarra Jackson para mí roja con negro, espectacular, y al Guille una batería porque quería que fuéramos músicos. Y yo fui a aprender pero al Tito no le gustaba.
-Era el rebelde…
-Sí, y no le gustaba tocar…. Bueno y yo aprendí a tocar la guitarra, la criolla y después pasé a la Jackson y me hice un grupo con unos chicos del barrio de Villa Cabrera, a unas 10 cuadras de mi casa, pero también los 8 años bailé folclore.
Sobre esa etapa como bailarín, sumó: “Bailaba folclore porque estaba de moda, todo el mundo en la escuela lo hacía, había que bailar folclore, zamba, chacarera…”.
-¿Y ahí las chicas te miraban?
-No, porque me decían la Mona.
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La Mona Jiménez y la historia detrás de su apodo
La pregunta apareció casi naturalmente. Porque detrás del nombre artístico más popular del cuarteto hay una historia de infancia, vergüenza, juego y barrio.
-¿Y quién te puso la Mona?
-A los 7 años me pusieron la Mona. Odiaba que me dijera la Mona, lloraba.
-¿Por qué?
-Porque yo quería ser Tarzán, el rey de la selva. ‘Tarzán, el rey del barrio’, decía yo. Y me decían: ‘No, vos sos la mona Chita’, los vecinos me decían así porque mi papá me había hecho un arco (una gomera) para tirarle a los chicos y había un árbol y me iba por los techos y me subía a los árboles. Mi papá me hizo como una cuchita ahí y cuando pasaban los mayores de esa época, yo tenía 7 años y ellos 12 años, yo les tiraba un flechazo y me escondía, tenía 7 años, les tiraba y gritaba ‘Tarzán, el rey del barrio’ y ahí me gritaban ‘¿Qué va a ser Tarzán? Vos sos la mona Chita’”.
Y agregó: «Y desde los 7 años me empezaron a decir la Mona, yo odiaba que me dijeran eso. Tenía 11 años, 12 años, presumía a las chicas, a las señoritas, conversaba con ellas, qué sé yo, y venían y me decían ‘Mona, vamos a jugar el fútbol’… Y yo me ponía colorado. Me decían las chicas: ‘¿Te llaman a vos?’, ‘No, no, yo no soy, no, no soy, no soy, es otro’”.
Con el tiempo, ese apodo que primero le dio vergüenza terminó convirtiéndose en una identidad artística única. Ya no era una cargada de barrio: era una marca popular, federal y profundamente argentina.

De Falucho de Jesús María a convertirse en leyenda
Después llegó la historia conocida, aunque no por eso menos impresionante. A los 16 años debutó en el club Falucho de Jesús María y desde entonces no dejó de cantar.
Con más de 10 mil shows realizados, La Mona Jiménez se convirtió en uno de los artistas con más horas de escenario del mundo. También fue reconocido como uno de los músicos más federales del país por haber cantado en todas las provincias argentinas, una y otra vez, durante décadas.
En paralelo, construyó una familia numerosa junto a Juana, su gran amor y madre de sus tres hijos: Lorena, Carli y Natalia. Esa vida familiar, atravesada por la música y por la pasión popular, también fue parte de la figura que terminó trascendiendo generaciones.
Porque La Mona no sólo cantó canciones: construyó una forma de pertenencia. En Córdoba, su nombre se volvió sinónimo de fiesta, barrio, resistencia, identidad y orgullo.
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El sueño pendiente y un encuentro que lo cambió todo
Hacia el final de la entrevista, GENTE quiso saber si todavía le quedaba algo por hacer. Si después de semejante recorrido había una cuenta pendiente que siguiera latiendo.
-¿Te quedó algo por hacer que no te hayas dado el gusto?
-Bueno, el Madison, por ejemplo. Eso fue hasta hace 8 días algo que todavía lo tenía acá. Algún día alguien me va a invitar para estar ahí. Pero pasó algo increíble. Cantándole a la Selección Argentina me sentí que hubiera cantado 75 shows en el Madison. Porque me sentí tan feliz y verlos feliz a ellos, a los muchachos, a todos y conocerlo a Messi fue lo más hermoso que me ha pasado en estos últimos años, lo más hermoso que me pasó.
Esa fue, quizás, la frase que mejor resumió todo.
El Madison Square Garden ya no sigue siendo una deuda porque en la previa del debut argentino en Kansas City, dentro de la concentración de la Selección, frente a Messi y los campeones del mundo, La Mona encontró otra clase de consagración.

Contenido audiovisual: Martina Cretella
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