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La lucha monetaria: el papel de Argentina en la competencia entre el dólar, el yuan y el euro

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El aumento en la militarización de las rutas comerciales, junto con sanciones financieras y la contienda por recursos esenciales, oculta una confrontación menos evidente pero fundamental en el ámbito global: la batalla por las monedas.

Estados Unidos, China y la Unión Europea no solo compiten por influencia geopolítica y mercados, sino que también intentan posicionar el dólar, el yuan y el euro como las monedas predominantes en el comercio internacional. Esta rivalidad acelera la fragmentación de la economía global y redefine los patrones de inversión, financiamiento y pagos.

En este contexto, Argentina se convierte en un actor estratégico. Su ubicación, alejada de los núcleos de conflicto militar, y sus recursos clave para la transición energética y tecnológica, la colocan en la mira de las tres grandes potencias.

Cada bloque emplea herramientas específicas para expandir la influencia de su moneda. Mientras Donald Trump utiliza aranceles defensivos y forja alianzas militares para mantener la primacía del dólar, China se apoya en su capacidad industrial de bajo costo para promover el yuan. Europa, por su parte, se enfoca en regulaciones ambientales y financiamiento verde para fortalecer el papel internacional del euro y garantizar el acceso a insumos estratégicos.

Recientes informes del Fondo Monetario Internacional sobre las Reservas Oficiales de Divisas y los datos de transacciones globales revelan un panorama de dominio, pero también de lento desgaste. El dólar sigue liderando con el 57% de las reservas de bancos centrales, aunque ha registrado una caída constante desde que superaba el 70% a inicios de los 2000, según el documento de marzo de 2026. Esta dependencia global de la moneda estadounidense permite a Washington emitir deuda y ejercer sanciones sobre adversarios.

El euro se posiciona como la segunda moneda más utilizada, con una participación del 20% de las reservas globales. Frente a la disminución en el comercio tradicional, ha encontrado su fortaleza en el mercado de bonos verdes y sustentables, donde compite de igual a igual con el dólar.

Por otro lado, el yuan representa apenas el 2% de las reservas mundiales según el FMI. Sin embargo, la verdadera fortaleza de China radica en su capacidad para gestionar flujos de pagos. Luego de desarrollar sistemas alternativos al SWIFT occidental, el yuan ha comenzado a competir en el comercio de petróleo y manufacturas en gran parte del Sur Global.

Las estrategias de Trump evidencian que la hegemonía del dólar se basa cada vez más en el poder del aparato de seguridad estadounidense y su control financiero global. Al manejar el sistema SWIFT, Washington ha utilizado la moneda como un instrumento coercitivo. “Sancionar a Rusia, Irán o cualquier otro actor relevante puede generar costos de corto plazo, pero también acelera la construcción de alternativas”, explicó un ex embajador argentino en China.

El ingreso de grandes productoras de hidrocarburos al grupo BRICS ha socavado el histórico acuerdo del petrodólar establecido en los años 70. Actualmente, frente a su incapacidad para competir en costos, la estrategia estadounidense se centra en establecer barreras mediante aranceles para protegerse de los avances tecnológicos externos y formar alianzas geopolíticas que condicionan el financiamiento al alineamiento político y militar.

China, por su parte, no necesita desplegar portaaviones para ganar participación en el mercado. “Si llevara a Javier Milei a Shanghái, probablemente se daría cuenta de que la verdadera discusión no es entre capitalismo y socialismo: lo que importa en China es el nivel de desarrollo alcanzado”, indicó el mencionado ex embajador.

Para él, la ventaja de China proviene de su estructura estatal, que Occidente ha debilitado. “China demuestra que el mercado por sí solo no genera desarrollo. La diferencia radicó en una combinación de planificación estratégica, inversión en infraestructura, fortalecimiento industrial y el desarrollo sistemático de capacidades tecnológicas nacionales”, señaló.

Mientras países de la región entran en una “primarización que duele” —Argentina exporta solo un 4% de minerales con valor agregado, en comparación con el 83% de Chile y el 40% de Brasil—, China ha consolidado un ecosistema de electromovilidad y tecnologías avanzadas que se vuelve difícil de igualar.

El ex embajador también critica la percepción de que las políticas de Trump podrían frenar este avance monetario y tecnológico. “La primera presidencia de Trump buscaba contener el progreso tecnológico chino. Esa guerra se pierde. En su segundo mandato, ya tiene otro diagnóstico: la parte comercial no se puede ganar. Lo que se mantiene es la hegemonía monetaria. Por eso afirmo: es más cuestión de moneda que de petróleo”, explicó.

Según su visión, el avance del yuan se ve favorecido por los propios errores de cálculo de Estados Unidos. “El efecto sanción genera exactamente el esquema inverso y hace que China escale dos pasos”, advirtió.

“Como mencionó Lula, hay una pregunta cada vez más presente entre los países del Sur Global: si el principal socio comercial es China, ¿por qué todo el comercio debe canalizarse necesariamente a través del dólar? Esa discusión refleja cambios estructurales en la economía internacional”, recordó.

En este contexto, sostuvo que “el avance del yuan no debe interpretarse como un reemplazo inmediato del dólar, sino como parte de una tendencia hacia una mayor diversificación monetaria global”.

La cruzada por desafiar la hegemonía del dólar se apoya en la implementación silenciosa del Sistema de Pagos Interbancarios Transfronterizos en la región.

Respecto a esta plataforma de pagos diseñada para eludir el control occidental a través de SWIFT, se concluyó que “forma parte de una estrategia más amplia destinada a construir resiliencia financiera internacional”. Según el especialista, “no busca necesariamente sustituir a SWIFT en el corto plazo, sino ofrecer alternativas que reduzcan vulnerabilidades y amplíen los márgenes de autonomía de los países participantes”.

En América Latina, esta iniciativa avanza bajo el principio de “sin prisa pero sin pausa”. Brasil ya concretó acuerdos para comercializar en monedas locales, mientras que en Argentina se intensifica el desarrollo de esta red, según han indicado fuentes del sector financiero.

En medio de esta competencia, la Unión Europea se enfrenta a limitaciones, consciente de que no posee la fuerza militar de Estados Unidos ni la capacidad industrial de China. Los europeos han sufrido las consecuencias de las sanciones energéticas, comprando gas estadounidense “cinco veces más caro”, reconoció una fuente, al tiempo que admitió que el bloque “llegó tarde”.

Por ello, su contraofensiva para defender la relevancia del euro y garantizar su supervivencia industrial se basa en dos pilares: sustentabilidad y financiamiento verde.

La presidenta del Banco Central Europeo advirtió sobre esta fragmentación y la necesidad de una respuesta. “Alemania, Francia y otros países avanzan en alternativas tecnológicas a los sistemas de pago tradicionales. Además, el uso de monedas no tradicionales crece en la financiación y el comercio internacional. Los cambios geopolíticos resaltan la importancia de un rol internacional más sólido para el euro”, afirmó.

También enfatizó que “hay una oportunidad para que el euro mejore su atractivo global, siempre que los responsables políticos europeos creen las condiciones necesarias y pasen de las palabras a los hechos”.

Para ella, la supervivencia del euro como moneda global depende de fortalecer su “credibilidad geopolítica” y crear un fondo seguro de deuda pública de la Unión Europea para financiar bienes comunes.

Detrás de esta contienda monetaria se plantea un dilema crucial para países como Argentina: ¿cómo posicionarse en un entorno donde las potencias no solo compiten por aumentar sus ventas, sino por definir la moneda en la que se realiza el comercio, se financian las inversiones y se valoran los recursos estratégicos?

Mientras la presidenta del Banco Central Europeo esboza una estrategia regulatoria global, el Banco Europeo de Inversiones implementa el programa Global Gateway. En reuniones fuera de agenda, los funcionarios de la entidad reconocen que el trasfondo es estratégico y busca contener el avance de China.

Los ejecutivos tienen clara su misión en América Latina y, en relación con Argentina, repiten una idea: “que no todo se vaya a Estados Unidos o Asia”, en alusión a los minerales críticos.

En esta competitiva escena de divisas, Argentina resalta como un “territorio de paz”, distante de conflictos militares directos y ofreciendo estabilidad territorial y ausencia de armas de destrucción masiva.

No obstante, esta neutralidad geográfica se encuentra en contraste con una realidad económica marcada por la alta tensión. El país cuenta con reservas clave para la transición tecnológica y energética requeridas por las tres potencias.

Ante esto, la habilidad diplomática y la política económica serán determinantes para que Argentina no se limite a ser un simple proveedor de recursos, sino que logre ganar espacio en las cadenas globales de valor.

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