El consorcio Aguas Horizonte, conformado por la empresa japonesa Marubeni y Transelec, de capitales canadienses y chinos, es el cliente detrás de esta obra, que requiere una inversión de 1000 millones de dólares para suministrar agua industrial a Codelco —la empresa estatal chilena que representa el 20% de la producción de cobre en el país— durante un lapso de 20 años, con la participación de 14 bancos en su financiación. La obra se encuentra en la región de Antofagasta, en la zona de Tocopilla.
Chile es responsable de la producción de un cuarto de la oferta global de cobre, con una producción anual de 5,7 millones de toneladas, y tiene como objetivo que para el año 2034 el agua del mar represente un 66% del consumo asociado a la minería, comparado con el 43% actual. Hace una década, más del 90% del agua utilizada en esta industria provenía del deshielo.
Con el impulso del desarrollo minero, también se ha intensificado la presión social por el uso del agua destinada al consumo humano. Para asegurar la sostenibilidad de su principal actividad económica, diversas compañías han comenzado a invertir en plantas de desalinización, aunque estas incrementan el costo del agua hasta en cinco veces. Actualmente, Chile cuenta con 24 plantas de este tipo, destinadas en un 80% a la minería.
En este contexto, Argentina podría encontrar una solución similar. Si se llevan a cabo los proyectos mineros de cobre en el norte del país, podría utilizar agua industrial del Pacífico. “Los yacimientos de cobre en Chile y en Argentina están vinculados y, a medida que los proyectos argentinos avancen, se prevé que también utilicen agua industrial del mar chileno. Podría extenderse un proyecto existente o ser construido uno paralelo que los abastezca; de lo contrario, se tendría que transportar agua del Paraná, que resulta significativamente más costosa”, explicó Alejo Calcagno, director de Operaciones del Área Sur de Techint.
El proyecto comienza con la captación de agua de mar mediante dos tuberías de 1,8 metros de diámetro y 740 metros de longitud que alcanzan cerca de 100 metros de profundidad. Un tercer tubo devuelve la salmuera a 540 metros mar adentro, utilizando difusores para minimizar el impacto en la fauna marina. Para instalar las tuberías sobre el lecho rocoso, trabajaron cinco embarcaciones y 50 buzos que, mediante explosivos, limpiaron el área. Una estructura de hormigón de ocho metros de diámetro, anclada al fondo marino, realiza la primera filtración del agua.
Uno de los retos más significativos fue la instalación del primer tramo del acueducto, hecho de acero y de 48 pulgadas de diámetro, que asciende 1000 metros de altura en apenas 3000 metros de extensión, con pendientes de hasta 39 grados. Codelco eligió instalar un cablecarril para facilitar el transporte de personas y cargas pesadas de hasta 14.000 kilogramos. “La excavación y la soldadura se llevaron a cabo de manera mucho más manual de lo habitual y con menos maquinaria debido a la inclinación”, indicó Germán Ospina, supervisor general de ductos de Techint.
Una vez alcanzada la cima, el acueducto continúa su recorrido por otros 160 kilómetros hasta las tres minas. Este proyecto consume 45 MW, proporcionados por energía solar de la planta Tamaya.
Cuando el sistema opere a pleno rendimiento, tendrá la capacidad de producir hasta 840 litros de agua desalinizada por segundo, con un potencial de expansión a 1956 litros. “Este logro sintetiza años de planificación, ingeniería y ejecución en condiciones sumamente desafiantes”, destacó Marco Matranga, director senior de Proyectos de Techint E&C.
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