El tipo, un laburante, quiere sentirse feliz por el mundial y hasta logra trasmitirle eso a su hijo para que no se de cuenta de la realidad que se está viviendo.
Pero lo cierto es que el hombre todavía no sabe si lo verá con sus compañeros vendedores o si se irá a su casa a verlo con su hijo ya que, de todos modos, durante el partido no puede vender nada.
Y es que él, como tantos otros argentinos, viven en el día a día para poder alimentar a su familia y no ven la hora de que este gobierno se termina para que vuelva a haber políticas sociales para los más necesitados.
Pero por el momento le resulta bastante difícil celebrar porque la Argentina siga avanzando en el mundial 2026.
