¿Va a ser este su último Milagro? La pregunta rompió el protocolo de la conferencia convocada para presentar el programa de los cultos del Milagro 2026. Y también abrió la puerta a un anuncio esperado, pero que hasta ahora el arzobispo de Salta, Mario Antonio Cargnello, nunca había desarrollado públicamente.
«Si Dios quiere, va a ser así», respondió con un dejo de tristeza. Luego explicó que cumplirá 75 años el 20 de marzo de 2027, edad en la que el derecho canónico establece que los obispos deben presentar su renuncia al Papa, y adelantó que lo hará incluso uno o dos meses antes. «Mi deseo, mi propósito es presentar la renuncia un tiempo antes para que el Papa disponga lo que él quiere y vaya previendo la sucesión».
Ante la consulta sobre qué ocurriría si el Papa le pidiera continuar, fue categórico: «Nosotros somos hijos de la obediencia». Las preguntas dejaron de girar alrededor del programa del Milagro y comenzaron a enfocarse en el final de un ciclo que, en agosto próximo, cumplirá 27 años al frente de la Arquidiócesis de Salta.
«Salir por la puerta de la Catedral y rajar»
Cargnello aseguró que no imagina una convivencia con quien lo suceda. «No creo. No es mi estilo. El día que él venga, entregarle, salir por la puerta de la Catedral y rajar».
También explicó que no permanecerá en Salta una vez aceptada su renuncia. «No, me voy a Catamarca, voy a un pueblito de Catamarca, cerca de la ciudad donde he nacido y me he criado. (Allí) He sido párroco durante dos años, que han sido los mejores años de mi vida».
Contó que se trata del pueblo de Santa Cruz, cercano a Valle Viejo, donde ya comenzó a planificar una pequeña casa. «Hay un pueblito chiquito, no sé si tiene mil habitantes, donde está la capilla que tiene un espacio. Ahora me van a ayudar ahí gente de Catamarca a ver si empiezo a hacer la casita».
Una vida sencilla
¿Por qué no quedarse en Salta? «Porque soy jodido, ¿me entendés? Entonces no le quiero molestar a nadie». Dijo que allí quiere llevar una vida sencilla, colaborando cuando haga falta, pero sin ocupar espacios. «Ya un cura me dijo: ‘Che, pero me vas a ayudar los fines de semana’. Ya pará, le digo, hasta ahí nomás, porque yo me quiero quedar en el pueblo».
Recordó que hace más de tres décadas impulsó allí un colegio que hoy cuenta con unos 1.200 alumnos. «Voy a ver si puedo dar una mano, no meterme en el colegio; soy jodido, soy metido, ¿para qué voy a joder a la gente? Pero si puedo dar una mano, quiero dar una mano, nada más».
Lejos de pensar en un retiro absoluto, el arzobispo dijo que quiere dedicar más tiempo a la oración, la lectura y el acompañamiento espiritual. «Gracias a Dios» mantiene vitalidad, aunque reconoció: «Ya me caigo… en serio».
«Me gusta quedarme a rezar y poder dedicar más tiempo. Me gusta la lectura, el estudio, y hay changos que han trabajado en la parroquia conmigo y que alguno me ha pedido que lo ayude a crecer también en sus buenos deseos para ubicarse en la vida». Y resumió cómo imagina esa nueva etapa: «Si yo puedo ser útil… el tema es sentirte útil».
Al sucesor, lo elige el Papa
Durante la conversación con los medios también despejó dudas sobre el mecanismo que sigue la Iglesia para designar un sucesor. Aclaró que no depende de él proponer nombres ni influir en la decisión. «Eso lo elige el Papa, no es cuestión de que nosotros hagamos lobby».
Explicó que, una vez presentada y aceptada la renuncia, la Nunciatura Apostólica realiza consultas a obispos y sacerdotes, estudia los antecedentes de los candidatos, confecciona una terna y la envía a Roma. «Después el dicasterio arma primero, segundo y tercero. Va el Papa y el Papa hace lo que quiere».
Consultado por los rumores que mencionan como posible sucesor al obispo de Cafayate, Darío Quintana, evitó cualquier especulación. «Cualquiera puede ser». Y cuando le preguntaron si también podría ser el padre Cristian Gallardo, respondió: «Sí, cualquiera puede ser, pero eso ha salido de ustedes. No sabemos».
También se le consultó a monseñor por un informe del Barómetro de la UBA que señala una disminución del catolicismo en el país. «Con todo el respeto por una universidad tan prestigiosa como la UBA, pero no es infalible. Yo te digo lo que yo veo y no veo eso».
Reconoció que existe «un cambio de época» y sostuvo que la religiosidad no puede medirse solamente por la asistencia a misa o las expresiones de piedad popular. «El único termómetro para ver si funciona o no funciona lo religioso no es la expresión de la piedad. Porque incluso la piedad puede ser mal usada».
