El comercio salteño atraviesa uno de los momentos más complejos de los últimos años, marcado por la falta de acceso al crédito, la presión impositiva, la competencia del comercio informal y el impacto del contrabando en una provincia de frontera. Así lo advirtió Gustavo Herrera, presidente de la Cámara de Comercio, quien describió un escenario de fuerte deterioro para el sector.
«Estamos bastante complicados. Hoy tenemos muy bajas ventas, y tanto el comercio como las pymes no están pudiendo cubrir sus costos con lo que venden», afirmó el dirigente, al tiempo que señaló que la falta de financiamiento agrava aún más la situación.
Herrera explicó que los créditos disponibles resultan insuficientes y poco accesibles. «Son pequeños y apenas sirven para comprar mercadería. Pero el problema no es comprar, es vender», sostuvo. A esto se suma la dificultad para acceder a financiamiento bancario: «No hay crédito porque las tasas son muy altas. Tomar un préstamo hoy es casi imposible».
A la falta de crédito se suma un escenario de fuerte competencia desigual. La condición de provincia fronteriza expone al comercio formal a un mercado paralelo en expansión. «Tenemos contrabando, ferias y ventas ilegales con las que no podemos competir», advirtió. Según detalló, entre el 40% y el 50% del precio de un producto corresponde a impuestos, lo que deja al comercio registrado en desventaja frente a la informalidad.
Costos fijos
El peso de la carga tributaria, junto al aumento de costos fijos como alquileres, servicios y combustibles, termina de configurar una ecuación difícil de sostener. «Todo eso hace que cada vez sea más complicado mantener un punto de equilibrio», indicó.
El impacto ya se refleja en el mapa comercial. En los últimos meses se registraron cierres de locales y una tendencia creciente al achique. «Hay comercios que cerraron y otros que se mudaron a espacios más pequeños para bajar costos», explicó Herrera. En paralelo, el empleo también aparece en riesgo: «Para una pyme despedir a un empleado es muy difícil, pero no poder pagar sueldos también es un problema».
El contexto se agrava por la caída del consumo, vinculada directamente a la pérdida de poder adquisitivo. «La gente no tiene plata, por lo tanto no hay consumo. Ese es el eje de todo lo que está pasando», remarcó.
Otro factor clave es el crecimiento de la economía informal. «Tenemos un 67% de informalidad. Eso significa que los comercios formales son cada vez menos y quedan en clara desventaja», explicó. Esta situación no solo afecta a las empresas, sino también a la recaudación del Estado.
