Pepe Cibrián estrenó Drácula II, Resurrección en la Gran Carpa del Circo Rodas, ubicada en el Hipódromo de San Isidro, mientras continúa con la gira de Aquí no podemos hacerlo y suma un nuevo capítulo a una carrera que, a los 78 años, sigue marcada por la creación constante.
La obra, una secuela inédita del musical que en 1991 marcó un hito en su historia personal, así como en la del teatro argentino, se presenta desde el 19 de junio con una propuesta inmersiva, 28 artistas en escena y una puesta de gran escala.

En diálogo con Revista GENTE, Pepe Cibrián demuestra como su amor por el teatro lo mantiene activo y ratifica lo que dijo meses atrás -cuando reestrenó en calle Corrientes su gran musical de los ’70, Aquí no podemos hacerlo-: «No sé quedarme quieto. Mientras termino una obra, empiezo otra. No sé vivir de otra manera».
La frase, que podía sonar a impulso o a declaración de principios, hoy se confirma con hechos. Mientras su musical llega a Rosario en una gira federal, puso toda su energía en el lanzamiento de una secuela de Drácula, la obra que marcó un antes y un después en su historia personal y en la del teatro argentino, con su estreno en 1991.
Se trata de Drácula II, Resurrección, que a diferencia de la primera, basada en la novela de Bram Stoker, esta fue enteramente escriba por Pepe. No busca reconstruir el pasado sino dialogar con él desde otro tiempo, con otra mirada y con la experiencia acumulada de quien atravesó décadas de escenario, éxito, heridas, reconocimientos y preguntas.
“Más allá de si gusta o no gusta la obra, es un despliegue impresionante. No hay un teatro… bueno, no es un teatro, es un delirio esto”, dice Cibrián sobre esta nueva apuesta, concebida dentro de una carpa circense especialmente preparada para alojar el espectáculo y 1300 personas en el público.
Esa escala parece haberlo sorprendido incluso a él, que conoce de cerca los grandes despliegues. “No se puede creer el despliegue de la gente del Rodas, que son los que producen la obra, con la tecnología que ha avanzado en 35 años desde el estreno de Drácula en el 91”, cuenta.

Y enumera algunos elementos de esa maquinaria escénica que lo vuelve a conmover: una pantalla de 14 por 10 metros, cientos de luces, caños, escenografías, pantallas y sonido. “Realmente me sobrecogen tanto como aquella vez”, admite, en una comparación inevitable con lo que fue la obra en el Luna Park hace más de 30 años.
–¿Cómo fue ese Drácula hace 33 años y en qué se diferencia de este Drácula II Resurrección?
-El Drácula del 91 fue una confianza absoluta de Tito y Ernestina -Juan Carlos Lectoure y Ernestina Devecchi, dueños del Luna Park-, que se gastaron un millón de dólares de esa época para alguien que no era comercial. Yo había hecho muchas obras, y fui a pedir que me produjeran un teatrito, pero sucedió esa magia que fue alucinante. Y ahora, a pesar de mis 78 años, 33 más que entonces, sigue siendo igual de sorprendente, de mágico. Me causa mucho orgullo que productores que no son teatrales, Los Rodas no es teatral, Luna Park no era teatral, sin embargo, que hayan confiado en mí, en un producto nacional.
Ese orgullo no aparece solamente ligado a su nombre propio. Cibrián insiste en una idea que atraviesa toda la conversación: la importancia de que se apueste a una obra nacional de gran formato, creada y realizada por artistas argentinos. Pero el planteo lo hace con una aclaración necesaria: “Ojo, me parece bárbaro que también se estén haciendo musicales de afuera muy buenos en este momento y está bien, Shakespeare es de afuera. No tiene nada que ver. No es una crítica, pero también es un galardón y un orgullo que se haga toda esta magnitud con gente de acá”
Drácula II, Resurrección parte de una premisa clara: treinta años después de los acontecimientos de Whitby, Mina Murray, tras la muerte de Jonathan Harker, debe enfrentarse a un pasado que nunca terminó de morir. Lo que despierta en Inglaterra, según describe la producción, no es solamente el monstruo sediento de sangre, sino también el hombre condenado que busca, a través de los siglos, una última oportunidad de amar.
La obra está protagonizada por Diego Duarte Conde como Wolf y Antonela Cirillo como Mina, con un elenco que también incluye a Heidy Viciedo, Michel Hersch y Melina Kantor en los roles principales.

La propuesta escénica incluye 28 artistas en escena, 240 trajes de época diseñados por Vanesa Mascolo, música original de Pablo Flores Torres, arreglos musicales de Yair Hilal, coreografía de Matías Ramos, coordinación de actores de Juan Álvarez Prado y dirección de coros de Juan Pablo Ragonese. Pepe firma el libro y la dirección de una obra que se anuncia como “una nueva criatura” suya: una continuación, pero también una reinterpretación del mito desde otro momento vital.
El rol de Cecilia Milone en la creación de Drácula II Resurrección
La idea de hacer una secuela no nació de un plan largamente calculado, sino de una conversación entre amigos. Cibrián reveló a GENTE que fue Cecilia Milone quien le sugirió escribir una continuación de su éxito de los ’90.
“Fue Cecilia Milone la que me dijo, hace más de un año y pico: ‘¿por qué no escribís la secuela?’”, recuerda. A partir de esa pregunta apareció el impulso creativo: imaginar qué podía pasar treinta años después, ya no desde la novela de Bram Stoker, como en la primera obra, sino desde su propio universo. “En este caso es mi delirio”, resume.
La mención a Milone abre también una zona afectiva de la charla. Pepe habla de ella y de Georgina Barbarossa como parte de una familia elegida, atravesada por amores, peleas, distancias y necesidades mutuas. “Con Cecilia nos amamos como con Georgina. Somos más que familia. Nos peleamos, nos distanciamos, pero somos necesarios unos a los otros. Y yo con Cecilia también es mi hija, es mi madre y Georgina lo es igual”, dice. En ese vínculo aparece una clave del teatro de Cibrián: la creación no como proceso aislado, sino como una red de afectos, intuiciones, discusiones y permanencias.

–En tus obras hay siempre una conexión del arte con la sociedad, en un sentido interpretativo. ¿Quién es hoy ese monstruo, ese Drácula?
-Mmm… no sé si podría hacer una analogía en este caso. En esta versión no hay sangre. Es una versión de amor. Un romanticismo brutal, creo que lo hace muy atractivo. Si respecto a la primera obra, puedo pensar en personajes muy sangrientos, brutales, que nos han acompañado en la historia hasta las más recientes. Pero yo no no siento que te pueda hacer, en este caso, una analogía con nuestra realidad, porque no es una crítica a eso. Es un canto al amor y al destiempo.
En ese sentido, la secuela se ubica en un territorio más íntimo, donde el paso del tiempo, la pérdida y la imposibilidad de amar a destiempo parecen pesar más que cualquier lectura coyuntural.
Ese tema —el tiempo— atraviesa no solo la obra sino también la vida reciente de Pepe. Al hablar de sus 78 años, asegura hoy que el tiempo pasa rápido y que uno mira hacia atrás y se pregunta si valió la pena.
La vigencia creativa de Pepe Cibrián no se explica únicamente por la cantidad de proyectos en marcha, sino por el modo en que habla de ellos. No hay en su relato una voluntad de despedida ni de balance final. Hay, más bien, una energía de continuidad.
La estrella de Pepe Cibrián en Avenida Corrientes
En medio de este presente intenso, Cibrián recibió además un reconocimiento cargado de simbolismo: su estrella en Avenida Corrientes. El homenaje, otorgado el 26 de mayo, fecha en la que el mundo celebra el Día de Drácula, quedó ubicado entre los teatros Alvear y Astral, dos espacios que él siente profundamente ligados a su historia personal.

“Justo además entre el Alvear y el Astral, dos teatros en los que estuve tantos años”, dice. Y enseguida vuelve a la infancia: sus padres hacían temporadas, especialmente en el Astral, y él iba de chico cuando lo dejaban, miraba la boletería y observaba cómo iba la venta.
Para Pepe, esa estrella no es solo una distinción pública. Es una señal colocada sobre una avenida que forma parte de su biografía emocional. Allí están los teatros donde trabajó, los recuerdos familiares, los estrenos, las temporadas y la ciudad que extraña.
“Me acordé de toda mi vida”, dijo sobre el acto. También mencionó otros reconocimientos que lo marcaron: el baldozón en Melo y Callao con la letra de su tango para Aquí no podemos hacerlo, su distinción como Ciudadano Ilustre y el galardón Domingo Faustino Sarmiento del Senado de la Nación por su actividad social.
“Son cosas que me hacen sentir tan argentino, con un orgullo muy privilegiado”, aseguró. En esa frase aparece otra de las líneas fuertes de su presente: Cibrián se piensa como artista, pero también como parte de una tradición nacional que defendió desde sus obras, sus apuestas y su insistencia en producir teatro argentino de gran escala.
“Quiero disfrutar en plenitud y sentirme eso pleno, feliz, orgulloso de mí, de mi país, de mi gente, del público, que es inconmensurable el amor que me da”, dice Pepe mientras da cierre a la charla y continúa preparando todo para otra función de Drácula II y las próximas obras por venir, en esa dinámica que no solo lo mantiene activo a los 78 años sino que incluso más, le da vida.
Fotos: Diego García.
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