La secuencia fue brutal y se desplegó en pocas horas, con dos escenas del crimen y un mismo protagonista. Este martes 5 de mayo, en Chaco, el policía Luciano Estudie mató a su padre en Resistencia, luego secuestró a su expareja y a su hijo, se trasladó con ellos a Puerto Vilelas, liberó al menor en medio de una negociación y finalmente asesinó a la mujer delante de los agentes. Tras el ataque, intentó quitarse la vida y terminó herido; fue trasladado de urgencia al Hospital “Julio C. Perrando” y luego derivado a un sanatorio privado, donde permanece internado bajo custodia policial.
El trágico raid comenzó en barrio Villa Libertad, en Resistencia. Allí, Estudie habría ido a la casa de su padre —Luciano Alberto Estudie, de 57 años— para pedirle el auto. Ante la negativa, le disparó y luego se retiró en el vehículo. El cuerpo fue hallado más tarde en una habitación de la planta alta, en una vivienda de la calle Lestani, hecho que se conoció mientras todavía se desarrollaba el operativo de crisis en Puerto Vilelas.

El segundo capítulo ocurrió en el paraje Tres Bocas, a orillas de El Paranacito, ya dentro de la jurisdicción de Puerto Vilelas. Allí, el cabo tomó de rehén a su expareja Graciela Mabel López, de 33 años, y al hijo de ambos, y se atrincheró armado con su pistola reglamentaria 9 milímetros. La Policía montó un operativo con apoyo del Cuerpo de Operaciones Especiales (COE) y mediadores. Durante la negociación, los uniformados lograron un primer objetivo: la liberación del menor, que fue puesto a resguardo.
Pero el desenlace fue el peor. De acuerdo con lo informado, Estudie llegó a decir que ya estaba “jugado” por una “macana” previa, en alusión a lo que después se confirmaría: el homicidio de su padre horas antes. Luego, disparó a la cabeza de la mujer frente a los agentes. En esa misma secuencia, también habría efectuado un disparo contra el personal desplegado. Fue entonces cuando un integrante del COE lo hirió en el rostro para neutralizarlo, evitando que la situación se prolongara o escalara.
El agresor fue trasladado al Hospital Perrando, donde ingresó con una lesión compatible con arma de fuego en el rostro -un orificio de entrada en mentón y salida en el rostro– y pasó por estudios, incluida tomografía. Una vez estabilizado, fue derivado a un sanatorio privado de Resistencia por cobertura de obra social. Desde entonces, permanece internado y con custodia, a disposición de la Justicia.
La investigación quedó, además, atravesada por un dato central: la doble jurisdicción de los hechos. Mientras la crisis de rehenes y el femicidio ocurrieron en Puerto Vilelas, el parricidio se cometió en Resistencia. Por eso intervienen fiscalías distintas: en las escenas se mencionó la actuación de la Fiscalía de Investigación N° 11, a cargo de Noelia Benítez, y medidas ordenadas por Lilian Irala para el hecho ocurrido en la capital chaqueña, además del trabajo del gabinete científico en ambos puntos.
En paralelo, el caso vuelve a poner el foco en un problema estructural que se repite en hechos de violencia extrema: el uso del arma reglamentaria y la respuesta ante episodios de violencia en contextos familiares. En este hecho, la pistola 9 mm del efectivo aparece como instrumento central en la escalada: desde el primer crimen en Resistencia hasta el femicidio en Tres Bocas. La Justicia deberá determinar responsabilidades, reconstruir el recorrido completo y precisar el encuadre penal final, mientras el acusado permanece con custodia y bajo atención médica.
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