En plena Puna salteña, donde la inmensidad del paisaje impone silencio y respeto, la comunidad de Tolar Grande volvió a reunirse para sostener viva una memoria que atraviesa generaciones. A 27 años del hallazgo de los Niños del Llullaillaco, vecinos y miembros de la comunidad kolla participaron de una ceremonia ancestral que resignifica el vínculo con la historia, la cultura y el territorio.
El encuentro se realizó en la base del volcán Llullaillaco, escenario cargado de simbolismo. Allí, guiados por el maestro de ceremonias Julio Cruz, los presentes llevaron adelante una ofrenda a la Pachamama, con pedidos de permiso a la Madre Tierra en un ritual que marcó el inicio de la jornada. La ceremonia no solo evocó el pasado, sino que reafirmó una identidad colectiva profundamente arraigada en la cosmovisión andina.
Durante el acto también se dio lectura al manifiesto “Memoria, Respeto y Dignidad”, elaborado de manera conjunta entre la comunidad kolla y el municipio. El documento plantea una mirada crítica sobre el descubrimiento ocurrido en 1999, al que consideran una profanación cultural. El texto fue entregado a los cuatro integrantes que emprendieron el ascenso al volcán, con la misión de depositarlo en la cumbre como ofrenda simbólica.
El intendente Sergio Villanueva destacó el compromiso de la comunidad en la continuidad de estas prácticas, subrayando que se trata de una expresión que une memoria, identidad y territorio. Mientras la mayoría de los asistentes regresó al pueblo tras la ceremonia inicial, un grupo reducido continuó con el ritual en altura.
La expedición estuvo encabezada por Aldo Martínez, acompañado por Jonathan Mamani y los hermanos Fernando y Lorena Reynoso. Martínez, impulsor de esta iniciativa desde 2009, explicó que la travesía nació como un acto íntimo de respeto hacia los antepasados. “Lo hacemos con mucho sentimiento, por nuestra cultura. Es algo muy profundo para nosotros”, expresó.
El ascenso comenzó el domingo desde los 4.000 metros hasta un campamento a 6.100. Al día siguiente, a las 3 de la madrugada, emprendieron el tramo final. Antes de llegar a la cumbre, realizaron una parada en el sitio donde fueron hallados los niños incas, a más de 6.400 metros, donde dejaron ofrendas en una apacheta.
Finalmente, cerca de las 10:30 del lunes, los cuatro lograron alcanzar la cumbre del Llullaillaco, a más de 6.700 metros de altura. En ese momento se registró un hecho significativo: Lorena Reynoso se convirtió en la primera mujer de Tolar Grande en alcanzar la cima del volcán.
Más allá del desafío físico, los protagonistas coincidieron en que el sentido de la travesía trasciende lo visible. “El verdadero significado no está en el paisaje, sino en el vínculo espiritual con la historia y nuestros ancestros”, señalaron, aún conmovidos por la experiencia.
