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Reformas en marcha, preocupaciones acumuladas

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“Nada ha llevado más al pueblo estadounidense a la creencia distorsionada de que el presidente puede comportarse como un rey que este discurso tonto, aburrido y puramente performativo, propio de un brindis de sobremesa». Con esa manera provocadora que suele caracterizar sus monólogos semanales, se refirió Bill Maher a lo que fue la presentación de Donald Trump ante el Congreso para dar cuenta del Estado de la Unión (SOTU, por sus siglas en inglés).

El reconocido presentador y comediante norteamericano aprovechó de esa forma para criticar el carácter auto celebratorio de la figura presidencial que ha adquirido este tipo de discursos en las últimas décadas.

Un formato similar se replicará este domingo por la noche, cuando Javier Milei acuda a la apertura de Sesiones Ordinarias ante la Asamblea Legislativa. Lo cierto es que, más allá de las objeciones tanto sustantivas como estéticas que puedan surgir, el evento es relevante en términos de las señales que se envían hacia la ciudadanía, los actores económicos y el sistema político acerca del rumbo del Gobierno, dado que es este quien cuenta con un set de herramientas privilegiadas para imponer la agenda y promover proyectos de ley.

A pesar de los contratiempos transitados, el Presidente de la Nación llegará al 1 de marzo con una ofrenda especial entregada por Patricia Bullrich: la aprobación definitiva de la iniciativa de modernización de la normativa sobre las relaciones de trabajo, la primera transformación estructural de la gestión libertaria.

Esta ha sido una de las prioridades sobre las que el oficialismo ha puesto más énfasis y por la que recurrió a todas las herramientas de la negociación política tradicional durante la temporada veraniega.

Con una correlación de fuerzas mucho más ventajosa producto de lo ocurrido en las elecciones legislativas del 2025 (algo que podría acentuarse con la anunciada fractura del interbloque peronista en el Senado por parte de tres legisladores que responden a Osvaldo Jaldo, Gustavo Sáenz y Raúl Jalil), la pulsión reformista adquirió otro ritmo.

Sin embargo, la aprobación de la reforma laboral ha puesto de manifiesto que todavía queda pendiente un esfuerzo muy grande en materia de reformas estructurales para que Argentina tenga reglas de juego que promuevan la inversión y el crecimiento. Mientras la reestructuración del sistema jubilatorio ha sido postergada para un eventual segundo mandato del actual oficialismo, espera su turno la reforma tributaria, que seguramente generará choques de intereses no menores.

De igual forma, pocas piezas podrían aportar más para la reconstrucción de la credibilidad y la confianza hacia el país por parte de los agentes de la economía como una reforma en lo monetario y en lo cambiario, como lo deslizó Domingo Cavallo en un reciente reportaje.

En el medio del proceso de transformación hacia una economía más libre, abierta y competitiva se generan un conjunto de distorsiones, problemas y efectos, algunos de los cuales son temporarios y otros, permanentes.

El politólogo Adam Przeworski en su libro Democracia y Mercado (1991), parte desde una presunción bastante categórica respecto de los actores involucrados en el proceso de reformas de mercado. En efecto, asume ciertas preferencias primarias que hacen que “(…) los ciudadanos quieran comer, los tecnócratas anhelen el éxito y los políticos busquen sostener el apoyo popular”.

En este contexto, el costo social empieza a pesar cada vez más sobre las espaldas del Gobierno, en un momento en el que recién inicia la etapa más crítica de transformaciones.

Las luces amarillas que se encienden sobre el escenario obtienen su potencia de dos temas generadores de incomodidad para Milei y el equipo económico. Por un lado, el déficit de cuenta corriente que se viene acumulando y, por el otro, el atraso cambiario. Ambas constituyen preocupaciones importantes que obstaculizan un vigoroso desempeño de la economía doméstica.

La atención de la opinión pública viene centrándose, cada mes con mayor intensidad, en el ingreso, el empleo y la falta de propuestas para el crecimiento, como revela el Humor Social y Político de D’Alessio IROL/Berensztein. Muchos de estos cuestionamientos también estarán presentes en boca de los inversores que asistan al Argentine Week en Nueva York para encontrarse con las autoridades argentinas.

En una mirada en perspectiva, aparecen otros elementos que contribuyen a la acumulación de preocupaciones sobre el futuro económico. Los comicios del 2025 exhibieron que cuando se configura un entorno de incertidumbre electoral, en un contexto de desequilibrios macroeconómicos que todavía se siguen ajustando, la corrección cambiaria sobreviene como un efecto inevitable.

En ocasión de las elecciones pasadas, el oficialismo salió airoso gracias a la ayuda del Tesoro de EE. UU. La pregunta válida es si, de precipitarse una situación similar en el próximo turno electoral, ese mismo rescate volverá a estar presente.

Las chances de una nueva asistencia de Bessent se reducirían casi por completo con un traspié de Trump en las legislativas estadounidenses de noviembre.

Al margen del momentum actual del Gobierno, sostenido por la construcción de acuerdos y de una gobernabilidad renovada, hay interrogantes que se van apilando. Así, es probable que si la reactivación económica no ocurre en el transcurso del 2026, el clima político se vaya complicando crecientemente y La Libertad Avanza (LLA) tenga más dificultades para sortear con éxito las presidenciales de 2027. Tanto el presidente como la oposición saben que nada está escrito en piedra.

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