Es muy difícil que el complejo escenario laboral que atraviesa la Argentina mejore sensiblemente por la sanción de una reforma laboral. Pero es un hecho que usando las reglas arcaicas que hoy gobiernan los vínculos entre empresas y trabajadores, el empleo formal seguirá achicándose, como viene sucediendo año tras año.
El Gobierno tiene por delante un enorme desafío, que va más allá de encontrar los instrumentos legales que pueden incentivar la formalización de empleos o la creación de puestos nuevos. El debate se cruza con el rediseño del modelo productivo que se produjo a partir del proceso de apertura comercial.

Es por eso que la reforma laboral quedó atrapada en una dinámica que excede la discusión sobre convenios, horas extras, vacaciones y licencias. Se espera de esta ley que dé respuestas a la necesidad de que la economía se reactive o que ayude a construir defensas contra las importaciones. Pero como hemos remarcado, mejorar la legislación laboral es un paso necesario, pero no suficiente.
La discusión es por dónde sigue el camino. No hay duda de que la Argentina necesita un shock de competitividad, un paso que va mucho más allá de lo cambiario. Nadie puede competir contra un producto chino si los bienes locales tienen por lo menos 40% más de costo impositivo que los extranjeros.
Y aquí vale tomar nota de un detalle nada menor: China hoy aparece como el rival más grande y temido, pero el Brasil de Lula Da Silva inició una reforma tributaria que reducirá el peso de los impuestos nacionales, provinciales y municipales.
El principal socio del Mercosur le lleva ventaja a la Argentina en éste y en otro rubro sensible: ya hizo la reforma laboral. Fue en 2017, durante la gestión Michel Temer, el centrista que completó el mandato de Dilma Roussef.
En consecuencia, mirar lo que se consiguió en el país vecino puede servir como insumo a la hora de discutir rumbos o estrategias. Brasil en estos años consiguió elevar el empleo formal, reducir la litigiosidad y mejorar la productividad, tal como documentó un estudio comparativo de la Fundación Mediterránea.
Desde que China comenzó a destacarse por sus avances tecnológicos y por el nivel de innovación de sus empresas, el mundo entero se plantea cómo pararse frente a este gigante que construyó un eficiente capitalismo de Estado que desafía a quien se le pare delante.
Los recursos de la Argentina son escasos, no es una novedad. Mantener subsidios, subir el gasto social y bajar impuestos son opciones que parecen irreconciliables. Pero las puntas pueden acercarse si, entre otras acciones coordinadas, una ley ayuda a que se blanquee parte del 40% de empleo en negro.
Y una macro ordenada favorece una inflación descendente y una menor tasa de interés en pesos que impulse el crédito. No hay camino corto o fácil. Pero quedarnos inmóviles en el mismo lugar tampoco es una opción.
