Pablo Moyano, dirigente de Camioneros y uno de los rostros más visibles del sindicalismo argentino, no duda en catalogar como “traidores” a los gobernadores, diputados y senadores de extracción peronista que apoyaron la ley de reforma laboral de Javier Milei y pide que sean expulsados del Justicialismo.
En diálogo con El Cronista, analizó la estrategia realizada por la Confederación General del Trabajo y atribuyó a campañas de demonización contra el sindicalismo la versión que indicaba la existencia de negociaciones secretas con el gobierno para retener las cajas sindicales.
Heredero de uno de los apellidos con más historia en el movimiento obrero de los últimos 30 años, Pablo Moyano pide una fuerte autocrítica al peronismo y abandonar las peleas por cargos partidarios. Mira el espejo de Lula da Silva y se pregunta por qué no podría haber un “Presidente trabajador” en Argentina.
-¿Cuál es su balance de esto que parece estar encaminado hacia la sanción de la ley de Reforma Laboral? Y sobre todo, ¿cuál es su opinión de lo que hizo el movimiento obrero?
-Bueno, el sentimiento de bronca que tenemos la mayoría de los trabajadores es que se ha producido una de las mayores traiciones por parte de aquellos gobernadores peronistas que han votado la ley a cambio de obra pública. Yo no estoy en contra de que los gobernadores defiendan sus intereses, pero no a costa de entregar los derechos de los trabajadores.
Fue clara la CGT cuando dijo que tenía tres estrategias. Una, que le falló, fue el diálogo con los gobernadores. La otra fue la calle, que creo que tendría que haber sido un poco más contundente en las movilizaciones. Y la tercera es la Justicia. Yo creo que la Justicia, como fue en la Ley Bases, nos va a dar la posibilidad de llevar adelante los amparos y frenar aquellos artículos que más atacan los derechos de los laburantes, como las vacaciones y las indemnizaciones. Hay un montón de artículos en los que creo que la Justicia nos va a dar la razón.
-Antes de la votación en el Senado se hablaba de que se había negociado el tema de lo que vulgarmente se llaman “las cajas sindicales”, pero que daba vía libre a otros puntos, como la limitación del derecho a huelga. ¿Le consta que existieron esas negociaciones?
-No. Eso es algo que han instalado La Nación, Clarín, TN y todos esos personajes que critican todos los días a los dirigentes gremiales. Descarto que se haya negociado la caja por los derechos de los laburantes. Si hubiera sido así, habría sido el primero en salir a criticarlo. He hablado con algunos dirigentes de la CGT y han desmentido que hayan priorizado la caja por sobre los derechos.
Es constante el ataque y la demonización contra los dirigentes. Lo que sí puedo garantizar es que, en esta oportunidad, todo el movimiento obrero ha estado unido para rechazar plenamente la reforma laboral.
-¿Cree que pudo haber sido una operación del propio Gobierno para incentivar esta idea de que el sindicalismo negoció por detrás?
-Históricamente ha pasado lo mismo. Cuando Hugo Moyano denunció la Banelco ocurrió algo similar en el año 2000. Recuerdo las campañas que hacía TN con las caras y las fotos de los dirigentes gremiales. Siempre es lo mismo: cada vez que enfrentás una política económica que va en contra de los laburantes, sucede esto.
Los demonios somos los dirigentes gremiales y los buenos son los grandes empresarios. Fue una campaña impulsada por quienes escribieron esta reforma laboral que va en contra de los trabajadores.
-La Reforma permite la negociación por empresas. ¿Cómo cree que afectará las relaciones sindicales?
-Esa medida fue escrita por las empresas. ¿Te imaginás a un delegado de Coca-Cola discutiendo mejores condiciones laborales con el presidente de la compañía? ¿Un delegado de Carrefour negociando un aumento salarial con el presidente de la empresa?
Por eso quieren destruir los convenios colectivos de trabajo. Quien negocia con las grandes empresas es el sindicato de cada actividad. Ese es el objetivo: destruir los gremios y demonizarlos diciendo que “defendemos la caja”, para que el presidente de una gran empresa pueda discutir un aumento salarial directamente con un delegado.
Por eso hoy leo en un medio el festejo de los grandes empresarios por la aprobación de la Reforma Laboral. Cuando uno ve la campaña feroz que hacen los medios de comunicación para demonizar a los dirigentes, entiende que es para que los empresarios puedan llevar adelante su política de rebajas salariales.
-¿Hay una percepción de que los trabajadores organizados y no organizados van a aceptar todo esto sin ofrecer respuesta? ¿Cree que puede afectar la paz social?
-Por supuesto. No es que lo diga yo: lo han dicho varios dirigentes y es lo que uno ve en la calle. Yo no soy un dirigente que se sienta en el escritorio y deja pasar el día. Estoy en la calle, voy al supermercado, recorro empresas, y la bronca va creciendo.
En octubre ganó Milei y el otro día hubo un paro contundente. Eso quiere decir que a la gente le está impactando esta política salarial en el bolsillo: cuando va al supermercado, cuando le llega la boleta de la luz, cuando firma paritarias del 1,1 por ciento que obliga el Gobierno.
En nuestra organización hemos empezado un plan de lucha en Camioneros para mejorar distintos adicionales del convenio. En estos días logramos firmar varios aumentos salariales a través de la actualización de adicionales en las ramas de logística, gaseosas, expreso, seguridad y correo.
-¿Cómo encaran el tema paritario en el actual contexto?
-No nos quedamos sentados. Ayer firmamos con una empresa donde casi 200 trabajadores pasaron a otra firma: la empresa saliente los indemnizó en una cuota y la nueva absorbió la totalidad del personal.
Lamentablemente me hago solidario con los compañeros de Fate, pero nosotros seguimos avanzando para lograr mejoras salariales.
De hecho, hubo un conflicto en Coca-Cola en las últimas semanas. Hace 15 días estamos pidiendo un adicional por presentismo, efectivizaciones e incorporación de personal nocturno. No han dado respuesta. Faltan cuatro o cinco días para que venza la conciliación obligatoria y, cuando eso ocurra, volveremos a paralizar la actividad en Coca-Cola, que ha sido una de las empresas que más ganó este verano.

El Peronismo y el sueño de un presidente trabajador
-Volviendo a la Reforma, fue uno de los primeros que alertó sobre la posición de los gobernadores peronistas. Usted no integra el PJ orgánicamente, ¿pero qué cree que tiene que pasar con ellos?
-Veo una falta de conducción en el partido que permitió que estos gobernadores, que ya ni siquiera llamaría peronistas, votaran en contra de los derechos laborales. Creo que las regionales de la CGT de cada provincia —Tucumán, Salta, Misiones, Catamarca— deberían haber sido más firmes. Si yo fuera secretario general de una regional, me plantaría en la gobernación y exigiría que los diputados o senadores expliquen por qué votaron contra los trabajadores.
Dentro del PJ hay que expulsarlos. ¿Por qué un diputado o senador del peronismo va a decidir en contra de la vida de un laburante? Hacen campaña cantando la marcha peronista, rodeados de símbolos partidarios, y cuando aparece una ley que todo el mundo sabe que va contra los trabajadores, la votan por obra pública o por diez metros de ruta.
-Habló del PJ en términos de conducción. La CGT tuvo un acercamiento en diciembre con Kicillof. ¿Cómo ve la situación? ¿Qué cree que tiene que pasar en el peronismo? ¿Quién debería asumir ese liderazgo?
-Primero, una fuerte autocrítica. Si hasta hace unos días la pelea era por el sello del peronismo en la provincia de Buenos Aires, estamos equivocados. No estamos viendo la realidad de lo que le pasa al trabajador en el día a día.
Hay que discutir qué idea de país tenemos para dentro de un año y medio. Si seguimos en la interna chica, no vamos a tener posibilidad de volver a ser gobierno y darle solución a los problemas de la gente.
Tiene que haber un gran debate, un plenario amplio, criticarnos puertas adentro y empezar a ofrecer una alternativa clara. Sea un gobernador o un dirigente gremial, alguien va a surgir que pueda contener a todos los sectores y ser alternativa en 2027. Si no, estamos en el horno. Si este presidente tiene la posibilidad de ser reelegido, será la entrega total de lo poco que falta por entregar.
-En 2010 Hugo Moyano hablaba, en un acto con Cristina, de un presidente trabajador, ¿no?
-Sí. Fue en la cancha de River el 17 de octubre de 2010, cuando dijo: “Tengo el sueño de que un dirigente o un trabajador pueda conducir los destinos del país”. Ahí empezó el principio del fin de la relación entre el movimiento obrero y Cristina. ¿Por qué no puede conducir un dirigente gremial?
No hablo de mí ni de nadie en particular, pero han gobernado abogados, doctores, ingenieros. ¿Por qué no podría hacerlo un dirigente sindical?
Miremos a Brasil. A Lula lo detuvieron, estuvo preso y hoy defiende la soberanía nacional de su país, incluso enfrentándose a Estados Unidos cuando considera que están en juego los intereses brasileños. Y es probable que vuelva a ser electo. ¿Por qué no podría pasar algo similar en nuestro país?
Han demonizado tanto a los dirigentes gremiales que parte de la sociedad compra ese discurso. Pero hay muchos dirigentes con capacidad para conducir los destinos del país.

-Sobre Hugo Moyano, su padre, ¿qué piensa él de esto?
–Está activo y muy preocupado por la situación laboral del país. Hablé con él ayer y cree que la única manera de salir de este desastre es peleando y estando en la calle, que es lo que históricamente hemos hecho.
