Un estudio, realizado en la Universidad de Griffith y publicada en BMC Medicine aporta evidencia del mundo real que vincula las condiciones interiores nocturnas más cálidas con cambios medibles en la función autonómica.
Las olas de calor suelen caracterizarse únicamente por las elevadas temperaturas diurnas, con poca consideración hacia las temperaturas nocturnas elevadas, afirman los investigadores del estudio titulado Efecto de la temperatura nocturna del dormitorio en la variabilidad de la frecuencia cardíaca en adultos mayores: un estudio observacional.
Sin embargo, los hallazgos refuerzan la importancia de cuantificar no sólo los picos diurnos extremos, sino también las temperaturas nocturnas elevadas.
Noches calurosas para adultos mayores: qué reveló el estudio
El estudio observacional siguió a 47 adultos de 65 años o más que viven en la comunidad en el sureste de Queensland, Australia, durante una temporada de verano, desde diciembre de 2024 hasta marzo de 2025.
Los participantes usaron dispositivos portátiles de muñeca (Fitbit Inspire 3) que registraron continuamente la frecuencia cardíaca y la variabilidad de la frecuencia cardíaca (HRV) mediante fotopletismografía (PPG), mientras que sensores ambientales en el hogar monitorearon la temperatura del dormitorio y la humedad relativa en intervalos de 10 minutos.
El análisis se centró en los períodos de sueño nocturno entre las 21:00 y las 07:00.
En comparación con dormitorios a menos de 24°C, las temperaturas nocturnas más altas se asociaron con probabilidades significativamente mayores de reducciones clínicamente relevantes en RMSSD (una métrica de la variabilidad de la frecuencia cardíaca que refleja la actividad parasimpática o vagal), junto con disminuciones en lnHF (comúnmente vinculada a la actividad parasimpática) y lnLF (logaritmo natural de la variabilidad de la frecuencia cardíaca de baja frecuencia), aumentos en la relación ln(LF:HF) (logaritmo natural de la relación baja-alta frecuencia, a menudo interpretado con cautela como un índice de equilibrio autonómico) y una frecuencia cardíaca elevada.
El Dr. Fergus O’Connor, de la Escuela de Salud Aliada, Deporte y Trabajo Social de Griffith, señaló que los hallazgos coinciden con las respuestas fisiológicas conocidas a la exposición al calor. “Cuando el cuerpo humano se expone al calor, su respuesta fisiológica normal es aumentar la frecuencia cardíaca. El corazón trabaja más para intentar que la sangre circule hacia la superficie de la piel para enfriarse”, explicó.
“Sin embargo, cuando el corazón trabaja más fuerte y por más tiempo, genera estrés y limita nuestra capacidad de recuperarnos de la exposición al calor del día anterior”. Agregó que para las personas de 65 años o más, mantener las temperaturas del dormitorio durante la noche a 24°C redujo la probabilidad de experimentar respuestas de estrés elevadas durante el sueño.

Los investigadores señalan que, si bien la Organización Mundial de la Salud ofrece recomendaciones para las temperaturas interiores máximas durante el día (26°C), actualmente no existen pautas equivalentes para la noche.
