El escenario del femicidio que conmueve a todo el país se sitúa en la calle Juan del Campillo al 800, en el barrio Cofico de la ciudad de Córdoba. Una casa de dos pisos, paredes despintadas y con señales de abandono. En la terraza: cajones de cerveza, una silla de plástico blanca, basura acumulada. En el fondo, un pequeño depósito con chatarra. Las únicas señales de vida, algunas macetas con plantas.
Eso es lo que el drone de El Doce mostró cuando sobrevoló la vivienda de Claudio Gabriel Barrelier días antes de que se encontrara el cuerpo de Agostina Madeleine Vega. Es el último lugar donde se la vio con vida.

La hipótesis central ubica el crimen en la vivienda de Barrelier, en la calle Juan del Campillo a 878, barrio Cofico, donde se hallaron manchas de sangre.

Un video obtenido por el mismo canal la muestra ingresando a esa casa junto a Barrelier, la noche del sábado 23 de mayo. Él mismo pagó el remis que la llevó hasta allí, según declaró el chofer ante la Justicia.
Agostina había salido de su casa con la excusa de sorprender a su madre y le envió un audio a sus amigas diciendo que debía «escaparse» para poder hacerlo. No volvió a aparecer en ninguna cámara después de cruzar ese umbral.

Dos allanamientos, manchas de sangre y herramientas
La vivienda fue allanada dos veces. En la primera, los investigadores encontraron manchas de sangre. Los resultados del luminol y de las distintas pericias sobre el inmueble todavía están en proceso, pero la hipótesis central de la fiscalía ubica allí el crimen: el fiscal Raúl Garzón sostuvo que el homicidio ocurrió entre las 23.30 del sábado 23 de mayo y la una o dos de la madrugada del domingo 24.
También se secuestraron herramientas durante los allanamientos. Los investigadores trabajan con la hipótesis de que el desmembramiento del cuerpo –confirmado por la autopsia– se realizó con un arma blanca compatible con un cuchillo.

El Ford Ka negro de Barrelier, según la misma hipótesis judicial, habría sido utilizado para trasladar los restos hasta el descampado de Ampliación Ferreyra, donde finalmente fueron encontrados enterrados en distintos sectores de un predio de más de 200 hectáreas.

Un empleado municipal, un vecindario y una causa que no cierra
Barrelier, de 32 años, era empleado del área de Tránsito de la Municipalidad de Córdoba. El organismo lo dio de baja apenas el caso tomó estado público. Vivía solo en esa casa del barrio Cofico, a poca distancia del domicilio de Melisa Heredia. La relación entre ambos –definida por distintas fuentes como una amistad con componentes sentimentales– es uno de los ejes que la fiscalía sigue analizando.
La propiedad sigue siendo analizada por los peritos que intentan reconstruir con precisión lo que ocurrió entre la medianoche del 23 y la madrugada del 24 de mayo.

La causa que nadie detuvo
La vivienda de Juan del Campillo ya había sido escenario de un episodio que llamó la atención de los vecinos meses antes de que Agostina desapareciera. Un comerciante que trabaja hace dos años en la misma cuadra lo describió a Infobae con precisión: estaba almorzando en su local cuando vio a Barrelier arreglar una moto en la vereda y dejar el portón abierto. Segundos después, una joven salió corriendo y pidiendo ayuda. Llevaba solamente una bombacha y unas cintas en las muñecas.
Vecinos de locales cercanos le dieron ropa para cubrirse y la asistieron en una barbería de la zona hasta que llegó la policía. La reacción de Barrelier fue lo que más impactó al testigo: «La vio salir corriendo y gritar. Pero no hizo nada. La miró como diciendo: ‘Estás loca’. No se inmutó». Después entró a la casa y más tarde salió a fumar a la vereda.
El episodio derivó en una causa por privación ilegítima de la libertad agravada por el vínculo y lesiones leves calificadas, iniciada tras la denuncia de una expareja de Barrelier. Quedó detenido durante 20 días, luego se le impuso una fianza y la condición de comparecer mensualmente ante la fiscalía, lo cual cumplió todos los meses, incluido mayo de 2026. La causa fue archivada.
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