La vida pública de Nicole Neumann es una interminable sucesión de escándalos. El doloroso abandono de su papá, la tapa siendo una lolita a los 12 años, las diferencias tempranas con su mamá, las dudas sobre su autorÃa del despectivo apodo Muqui para Pampita y la eterna rivalidad con ella, la mala onda con su hermana Gegé, su explosiva separación de Poroto Cubero, la guerra interminable contra Mica Viciconte, la diferencia de edad con su actual marido Manu Urcera, la distancia que tomó de ella una de sus hijas, su ausencia en el 15 de Allegra. Uno atrás de otro la colocaron en el podio -sino en el primer lugar- de las mujeres más polémicas y conflictivas del ambiente. ¿La China Suárez le gana? Quién sabe.
Sin embargo, es probable que el mayor bochorno que protagonizó desde que es famosa -hace ya más de tres décadas- haya caÃdo en el olvido un poco pisoteado por el paso del tiempo y otro poco borrado de la memoria, precisamente, por todos las descargas eléctricas -y electrizantes- en los que se vio involucrada esta mujer que asoció su nombre al apellido de su mamá, Claudia Neumann, antes que al del austrÃaco que le dio la vida pero no afecto, amor ni muchos menos presencia ni compañÃa.
Sucede que el apellido paterno puede ser lo único más largo que su prontuario escandaloso. Para escribirlo hacen falta 15 letras: una U, una ene, una te, una e, una erre, una u con diéresis, una be, otra erre, la segunda be, una a, una ce, una hache, otra e y la tercera y última erre. Antes que el kilométrico y laberÃntico Unterüberbacher que nadie iba a saber pronunciar y que serÃa imposible memorizar, preferible Neumann: más simpático, más pegadizo, más sencillo y más coloquial. Por suerte, entonces, toca hablar de las andanzas de Nicole Neumann y no de las de Nicole Unterüberbacher. Punto a favor para ella.
Mirá También

La muerte de Daniel Mendoza: el amor clandestino que terminó en la tragedia más impactante que recuerde la farándula
Levanten la mano los que fueron a Cabo Polonio. ¿Pocos, no? Bueno, acá va una pequeña explicación de dónde queda y cómo es: todo el glamour y el lujo seis estrellas que tiene Punta del Este es lo que le falta a esa serie de playitas a las que ricachones, famosos y aspirantes a figuras van para darse dique de hippies y de desinteresados por lo material. En general, a los 15 minutos ya se están preguntando qué hacen allÃ, para qué corno fueron y cuál es la ruta más veloz para retornar a la vida de todos los dÃas con choferes, mucamas, cocineros, 700 teras de datos móviles y lujos asiáticos. O mejor orientales, porque todo, al fin y al cabo, sucedió aquella vez en la República Oriental del Uruguay.
Nicole no quiso aparentar nada en ese verano de 2004 que empezó, y cómo no, más caliente que nunca. TenÃa tan sólo 23 años, nunca se habÃa casado ni habÃa pasado por una sala de partos (ahora ya anda por los 45, va por su tercer matrimonio y está criando a su cuarto hijo) y estaba, lógicamente, en un momento cumbre de su apetito sexual. En un pico de deseos, aunque especialistas de todo el mundo ubican la cumbre de placer en la vida de las mujeres en la extensa franja que va de los 35 a los 44 años. Ella le hacÃa caso a Cyndi Lauper y como buena veinteañera sólo querÃa divertirse. Nada más. Y nada menos.

En esas arenas desiertas (aunque parezca una obviedad, porque los desiertos son de arena, lo que se quiere decir es que la playa estaba vacÃa) Nicole hacÃa de las suyas y la pasaba fenómeno. Espectacular. Mejor imposible. Estaba con un muchacho que complacÃa todas sus fantasÃas y todos sus pedidos. SI querÃa esto se lo cumplÃa. Si querÃa aquello también. Todo eran «sû, «dale», «como quieras», «lo que digas», «a tus órdenes», «hecho», «faltaba más», «y bueno», «cómo no», «ya mismo», «enseguida», y «vamos para adelante». Una cosa de locos y a la vista de todo el mundo. Si bien estaban retirados del mar, las olas las hacÃan ellos. Eran, al lado del agua, un verdadero fuego.
Mirá También

La muerte de Cristina Lemercier: las respuestas finales a una de las tragedias más misteriosas de la farándula argentina
El hombre que estaba al lado de Nicole Neumann era un muchacho fornido, grandote, de buen lomo, pelo largo y bigote simil mostachole. Tocaba la guitarra, decÃan que era medio gitano, aventurero y que le ofrecÃa vivir todo a mil sin miedos ni tapujos. Se llamaba Nacho Herrero y eso, de por sÃ, configuraba un pequeño problema: su novio, su prometido, el hombre al que le habÃa dicho que le darÃa el sà y con el que convivÃa en Los Cardales era MatÃas Liberman. SÃ, era otro.
Aquella tarde en Cabo Polonio, lejos de todo, rodeada de ranchos despojados de luz, gas y mucho menos internet, más en esa época donde casi no habÃa computadoras personales y los celulares eran un toque de distinción de los millonarios y los pudientes, Nicole Neumann se recibió de mujer. De mujer infiel. De mujer dispuesta, arriesgada, audaz y decidida a darlo y dejarlo todo si el corazón, los sentidos o cualquier otro órgano de su cuerpo se lo indicaban. Y aquella vez, aquella tarde en Cabo Polonio, esa imparable correntada de pasión fluyó por todo su ser gritando que debÃa darle bolilla al tal Herrero.
EL VERANO MAS ESCANDALOSO DE NICOLE NEUMANN
El novio oficial no era un muchacho cualquiera, no vayan a creer. Poco y nada se supo de él después de aquella tarde en Cabo Polonio, pero las crónicas de esa época lo describÃan como el heredero de una de las fortunas más grandes del paÃs. Formaba parte de la familia de los creadores de la televisión por cable en la Argentina. Parece mentira pero no habÃan Netflix, plataformas ni canales de streaming. Lo que sà habÃa era pioneros, visionarios que de verdad la vieron antes que nadie y un dÃa inventaron (o copiaron de otro lado) que por un cablecito negro más finito que un dedo meñique podÃa pasar un bleca que acercarÃa una vivienda 36 canales, o 52, o 140. Una verdadera revolución para aquellos que solo veÃan las 4 señales de aire más América. Obviamente, se llenaron de guita.
Liberman no la hacÃa pero la disfrutaba, y esos dotes de hombre seguro, galán y seductor le permitieron llegar a Nicole, que si a 5 de los 50 sigue siendo una de las mujeres más bellas y deseadas del paÃs imagÃnense a los veintipico. Era una locura de sensualidad y además de desfiles, propagandas, fotos, tapas de revistas, programas de televisión en horario central y también, por qué no, de horario central dentro de los programas del corazón, locos por saber qué era de esa pareja entre la rubia más prometedora de la farándula y ese muchacho misterioso del que solo se decÃa una cosa: la tonelada de billetes que contaba dÃa tras dÃa, hora tras hora, minuto a minuto.
Mirá También

Ataques de pánico, una orca rebelde y la estrella que rechazó el protagónico: los secretos de Nano, el éxito que consagró a Araceli González
Se sabÃa que ya estaban conviviendo, que ella tenÃa ganas de «tener muchos hijos con él» (POV: efectivamente los tuvo, pero no con Liberman) y que le habÃa dicho, prometido y jurado que finalmente aceptarÃa su propuesta matrimonial y se convertirÃa en su esposa. Pero habÃa un halo de dudas en torno de ellos dos. No se mostraban casi, no iban a eventos, no salÃan mucho juntos (vivÃan en Cardales, que queda medio lejos de todo) y él tampoco iba a sus desfiles, si bien siempre se dijo que en ese momento tenÃa amplio poder de decisión sobre su carrera profesional.


Generaban tanta intriga que habÃa fotógrafos dispuestos a seguirlos a sol y a sombra (nunca mejor dicho) con tal de lograr una fotografÃa de la pareja. Esa tarde, la intuición de uno de esos reporteros lo llevó a Cabo Polonio. Cargaba su cámara y ese fuego sagrado que le decÃa que algo groso podÃa suceder allÃ. Le hervÃa la sangre cuando estaba solo, mucho más cuando observo que allá a lo lejos, y detrás de una simple lona que mucho no la protegÃa, Nicole Neumann estaba semidesnuda sobre la arena. En realidad sobre un muchacho, pero digamos sobre la arena.
LA TARDE EN LA QUE NICOLE NEUMANN FUE DESCUBIERTA IN FRAGANTI CON UN HOMBRE QUE NO ERA SU PROMETIDO
Gatilló una, otra y otra vez como quien sabe que está logrando una exclusiva de aquellas. Lo que estaba viendo también lo ponÃa jadeante. La excitación fue en ascenso de manera permanente y el climax llegó cuando a la distancia creyó ver que el tipo que estaba con «Nicki» no era Liberman sino otro que por entonces no tenÃa ni nombre ni apellido y que luego se sabrÃa se llamaba Nacho Herrero. En un puñado de horas las imágenes estaban en el viejo edificio de Editorial Atlántida, en la esquina porteña de Azopardo y México.


En esa punta este de San Telmo, muy cerca de Puerto Madero, del edificio de la Aduana, de la Casa Rosada y de la Avenida Paseo Colón, cuatro personas reunidas en una oficina con ventanales de vitraux coloridas y refrescadas por un aire frÃo calor que tiraba vida puesto a 24 grados, en una tórrida tarde de verano se decidió la suerte del noviazgo de Nicole y Liberman. Tras una serie de cabildeos, Luis Ventura pegó un grito y dijo «yo la publico, esta es mi tapa». Punto final para la discusión, para ese romance y para el futuro que incluÃa promesas de familia Ingalls. Aquel número de Paparazzi, comentado hasta el hartazgo por propios y extraños, se vendió como pan caliente. Luisito siempre la tuvo clara.
Un año y dos meses después Nicole transformó a Nacho Herrero en su primer marido y en un hombre sumamente popular. Nadie supo explicar su apuro por pasar por el altar ni tampoco por qué se habÃa enamorado tan brutalmente de aquel aventurero que, se dijo desde un primer momento, tenÃa más cariño por la guitarra y las horas libres que por el laburo, el esfuerzo y el sacrificio. La propia modelo lo confesó, o lo dio a entender alguna vez. Las imágenes apasionadas no volvieron a repetirse y los rumores empezaron a sonar más temprano que tarde. Buscado por la prensa, él dijo algo de su «pajarito» y ese fue el principio del final. El resto se dio cuando ella, en una producción para la revista Hombre, cruzó su camino con el de Poroto Cubero. El estaba de novio, y Nicole, ya recibida de mujer infiel, después de esas fotos se recibió de Tatiana, pero ese será motivo de otra entrega de Expedientes Paparazzi.





Búsqueda de material e investigación de archivo: Gustavo RamÃrezÂ
Jefa de archivo: MarÃa Lujan Novella; contacto para consultas: 113903-8464
Archivo Atlántida mail:  archivo@atlantida.com.ar
Mirá También

¿Qué fue de la vida de…? Diego Leonardi, a 19 años de Gran Hermano: «Soy albañil, plomero y electricista»
Mirá También

¡Exclusivo! La sensible revelación de Luis Ventura sobre sus noches: «Duermo con los seres queridos que ya partieron»
The post El verano donde Nicole Neumann se recibió de infiel: dos hombres, una playa y una traición que terminó en casamiento appeared first on Revista Paparazzi.
