ESPECTÁCULO

El brutal caso de un joyero engañado por una viuda negra y su banda: lo planeó durante un año y lo desvalijó durante un viaje a Cataratas

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Una relación extendida, un plan de más de un año, una «viuda negra» y una banda que desvalijaba en un solo acto. Ese era el modus operandi con el que operaba la seductora en cuestión. «Los tipos entraban, robaban y se iban. El ‘novio’ de turno lloraba por el robo y ella lo dejaba luego de un tiempo», relataron fuentes cercanas ante GENTE.

El caso logró trascendencia judicial gracias a la última víctima de M.C.F. y una banda que no improvisaba. Se trata de G.C., un importante joyero de 47 años, viudo y padre de una hija pequeña, con quien la mujer mantuvo una relación desde mediados de 2022 hasta el 24 de octubre de 2024.

El golpe ocurrió en 2024 mientras ambos estaban de viaje en las Cataratas del Iguazú junto a la hija de él y el hijo de la mujer. Con la información que ella había provisto durante meses, la banda ingresó al departamento de G.C. en Lomas de Zamora y lo desvalijó. El punto es que la mujer y su banda que vienen perpetrando estos hechos con total impunidad no habían caído hasta este caso.

La fachada del edificio sobre Avenida Meeks, en Lomas de Zamora, donde vivía el joyero y ocurrió el golpe perpetrado por la viuda negra y su banda.

Era la noche del 22 de junio de 2024. G.C. estaba de vacaciones en Iguazú junto a M.C.F., su pareja por entonces, y sus hijos respectivos. Alrededor de las 00:05, al menos ocho personas –seis hombres y dos mujeres– ingresaron a su departamento en el piso 20 de un edificio céntrico de Lomas de Zamora ubicado en la Avenida Meeks. Lo hicieron con disfraces, con herramientas de efracción, con el control remoto del portón vehicular en mano y con información precisa de lo que buscaban.

Dos horas después, el departamento estaba revuelto, la caja fuerte había desaparecido, y la banda se retiraba en al menos un Toyota Corolla cargado con el botín.

En la caja fuerte –escondida detrás de un mueble en uno de los tres dormitorios– había dólares en efectivo, joyas, collares y pulseras de oro, relojes de alta gama y un lingote de oro. También se llevaron una tablet Apple. La víctima se enteró de noche por el llamado de una vecina, mientras compartía habitación de hotel con la mujer que, según la investigación judicial posterior, había organizado el robo durante más de un año.

M.C.F. cerró todas sus redes pero abrió un perfil paralelo con un apodo. Luego de los hechos, su patrimonio aumentó un 600%.

La arquitectura de una traición

¿Cómo ingresó una banda criminal al piso 20 de un edificio con seguridad privada, un viernes a la medianoche, sin que nadie los esperara? La respuesta, según el requerimiento de detención elaborado por el fiscal Ignacio Torrigino, a cargo de la UFIyJ N° 19 Departamental, es que alguien del entorno más íntimo de la víctima les facilitó todo lo necesario: los movimientos de G.C., la existencia de la caja fuerte, el control remoto del portón vehicular y la certeza de que el departamento estaría vacío.

Ese alguien, según la acusación, era M.C.F., su expareja. El fiscal lo explicó al detalle en su escrito: no es razonable que una banda se arriesgue a irrumpir de forma azarosa en ese tipo de inmueble sin tener información previa sobre los bienes, la rutina del ocupante y el acceso al edificio.

La lógica del delito exigía un informante interno. Y los únicos que reunían las condiciones necesarias –saber que el joyero estaría ausente, conocer la existencia de una caja fuerte y tener acceso al control remoto– eran solo dos personas: su suegra, madre de su esposa recientemente fallecida, y M.C.F. La tercera persona que solía ingresar a la vivienda era la niñera de la menor, pero nunca lo hacía sola.

La «viuda negra» residía en Capital y los integrantes, en diferentes lugares del conurbano. La única que tenía acceso al departamento de GC era M.F.C.

Los intrusos revolvieron varios placares en distintas habitaciones buscando la caja fuerte, algo que hubieran evitado si hubieran sabido exactamente dónde estaba. La suegra lo sabía. M.C.F. sabía que existía la caja fuerte, pero no dónde. Esa ignorancia específica, paradójicamente, la dejó al descubierto.

El celular que delató todo

El trabajo de telefonía forense fue determinante. El Comisario Inspector Pablo Zaikowski, a cargo de la División de Análisis Tecnológico en Función Judicial de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, reconstruyó los movimientos de los imputados antes, durante y después del hecho a partir del cruce de antenas.

El análisis mostró que todos los teléfonos vinculados a la banda –incluyendo los «mochos» usados para dificultar la trazabilidad– se reunieron en un punto de Lomas de Zamora, se dirigieron a la zona del robo y regresaron al mismo punto, donde algunos fueron apagados durante las dos horas que duró el ilícito y luego reactivados de forma simultánea al concluir.

M.C.F. y G.C. en una foto de 2024 compartida tiempo atrás por ella en redes sociales.

Pero lo más comprometedor para M.C.F. emergió del cruce entre su línea y la de C.A.N., uno de los integrantes de la banda: el 5 de junio de 2024, 17 días antes del robo, ambos mantuvieron casi 20 minutos de llamadas telefónicas en tres comunicaciones.

Y el día del hecho mismo –el 21 de junio, mientras se encontraba en Iguazú con la víctima– M.C.F. intentó comunicarse con ese mismo número a las 19:47, apenas 15 minutos antes de que todos los involucrados comenzaran a movilizarse hacia el punto de reunión.

La llamada duró tres segundos. El fiscal Ignacio Torrigino interpretó ese corte abrupto como la reacción de alguien que advirtió que estaba dejando un rastro. «Casi como desencadenando las secuencias subsiguientes», concluyó Zaikowski en su informe.

Los teléfonos fueron apagados durante el robo y reactivados en simultáneo al terminar. El de M.C.F. registró un intento de llamada a uno de los integrantes 15 minutos antes de que todos comenzaran a movilizarse.

La confesión que nadie esperaba, el plan que llevó un año y la obsesión de la viuda negra por el joyero

El cuadro se completó con una declaración que la propia defensa de M.C.F. no anticipó. En octubre de 2025, el testigo R.F. se presentó de manera voluntaria ante la Fiscalía y reveló que M.C.F. le había confesado personalmente haber organizado el robo.

Según su relato, ella le explicó que había planeado el golpe durante más de un año, que había conocido a un hombre en La Salada a través del cual fue construyendo la conexión con la banda, y que había realizado copias de los elementos de acceso al departamento.

Le dijo que cuando ocurrió el robo estaban en las Cataratas del Iguazú, que G.C. se enteró por una vecina a la madrugada, y que ella se lo contó no por arrepentimiento sino para «compartirlo con alguien de confianza».

Una testigo anterior, M.H.G. –convocada por la propia defensa de M.C.F.– había declarado por su parte que la imputada era «una persona de doble cara», que tenía «una obsesión» con G.C., que lo seguía y lo vigilaba, y que en una oportunidad le preguntó si conocía a alguien en el barrio «al que le pagara para seguirlo». También declaró que M.C.F. le había preguntado si conocía a alguien para agredir a una mujer que consideraba amante de G.C., con una precisión que la querella calificó en sus escritos de extrema peligrosidad.

Entre otros detalles que daban cuenta de la obsesión, la imputada mantenía en su muro público de Facebook fotografías tanto de G.C. como de la niña, circunstancia que la querella calificó como una «fijación mental conductual» que, a la luz de las declaraciones testimoniales, generaba un «serio y justificado temor» por la integridad de ambos.

La imputada libre, con juicio pendiente

La causa recorrió un laberinto institucional que, hasta ahora, no cerró. El fiscal Ignacio Torrigino solicitó y obtuvo la detención de M.C.F. con su requerimiento ante el Juzgado de Garantías N° 3 de Lomas de Zamora, sustentado en el informe de telefonía forense de Zaikowski, las declaraciones testimoniales y el análisis patrimonial de la imputada, cuyo patrimonio registrado habría crecido un 600% en octubre de 2024, el mismo mes en que se disolvió la pareja y semanas después del robo.

Sin embargo, la Cámara de Apelaciones de Lomas de Zamora la excarceló bajo caución juratoria: presentarse una vez por semana, comparecer cuando sea requerida, mantener domicilio actualizado.

M.C.F. está imputada «como autora de robo doblemente agravada por su comisión en poblado y en balnda, y por efracción con expectativa de pena privativa de la libertad en modalidad reclusión o prisión, con un mínimo de tres años y máximo de diez años».

Cerrada la instrucción, la causa fue elevada al Tribunal Oral en lo Criminal N° 6 de Lomas de Zamora. Pero antes de que comenzara el debate, el tribunal resolvió remitir el expediente al Tribunal Oral en lo Criminal N° 3 de San Isidro, donde ya tramitaba una causa anterior contra uno de los integrantes detenidos de la banda. Allí, de los tres jueces, Maximiliano Savarino y Verónica Di Tomasso, antes intervinieron en el juicio de Maradona.

Al momento, de los integrantes de la banda sólo están libres quien fue pareja del joyero y Z.M, una de las dos mujeres que integraban el grupo de tareas. El resto, identificados con las siglas D.O.C., L.M., M.S.A.E.O.S., C.A.N. y C.G.C. se encuentran detenidos.

Una banda que no improvisa

El expediente judicial retrata una organización criminal con división de roles precisa. Dos integrantes ingresaron al departamento y permanecieron dos horas. Otros cuatro esperaban afuera, ocupados en la huida y en el retiro del botín, para lo cual utilizaron un vehículo que ingresó al edificio y rompió el portón de salida para garantizar el escape.

Otra vista del edificio con seguridad en el barrio de Las Lomitas.

Una tercera línea, femenina, operó en la planificación: habría facilitado vestimenta para modificar la apariencia de uno de los ejecutores y luego se encargó de hacer desaparecer parte de las joyas y el dinero.

Los teléfonos fueron apagados durante el robo. Los disfraces, preparados. El control remoto del portón, copiado días antes. El día anterior a la primera tanda de allanamientos y detenciones, M.C.F. reportó el robo de su celular en el cementerio de Lomas de Zamora. No formalizó denuncia.

Según G.C., lo que no cerraba fue que del bolso solo desapareció el teléfono: las llaves, la billetera y los documentos –que también estaban allí– permanecían ahí.

Al cierre de esta nota, el tribunal no había fijado fecha de inicio para el juicio oral y público. Y M.C.F. permanece en libertad.