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Alfonsín y los intelectuales: la dimensión liberal igualitaria de Parque Norte

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Abordar la figura de Raúl Alfonsín desde su vínculo con los intelectuales implica examinar una de las dimensiones más interesantes y sustantivas de su proyecto y liderazgo políticos. El interés en analizar su relación con el campo intelectual, así como la influencia de este en la construcción del discurso “Convocatoria para una convergencia democrática”, conocido como el discurso de Parque Norte, se inscribe en el proceso político e histórico del alfonsinismo, cuyo punto de mayor densidad conceptual y proyección política puede situarse en 1985.

Durante su presidencia, Alfonsín rompió con ciertas prácticas tradicionales del radicalismo y configuró un liderazgo apoyado no solo en cuadros partidarios, sino también en intelectuales provenientes de diversas tradiciones ideológicas.

Es posible identificar diversas etapas en el desarrollo político-intelectual y en la formación política de Alfonsín. La primera corresponde a su formación universitaria en las décadas de 1940 y 1950, cuando se graduó de abogado. Durante la segunda, a comienzos de los años sesenta, su pensamiento estuvo influenciado por las corrientes socialcristianas y socialdemócratas; asimismo, se interesó por lecturas como la de Bernstein y de los socialistas suecos de la época. En el ámbito local, estableció vínculos con intelectuales como López (liberal antiperonista de izquierda), Carranza y otros con sólida formación política y académica.

Hacia fines de los años sesenta, en una tercera etapa, profundizó su diálogo con profesionales e intelectuales que reflexionaban sobre la crisis política argentina y el autoritarismo. Durante el gobierno de facto de Onganía, publicó artículos de opinión en la revista Inédito bajo el seudónimo Alfonso Carrido Lura, para evitar la persecución de la dictadura.

La cuarta etapa, entre los años setenta y comienzos de los ochenta, resultó decisiva para la construcción de su liderazgo. Alfonsín se vinculó con la masonería, pero también con intelectuales destacados como Dante Caputo, Elba Roulet y Sabato; y participó en organizaciones como el CISEA, el CEDES y el CPP. Roulet, con su formación académica francesa, influyó en el pensamiento estructurado de la época.

La quinta etapa coincide con su presidencia. Durante esos años, se vinculó y articuló con diversos espacios intelectuales de relevancia. Entre ellos, el Club de Cultura Socialista, uno de cuyos referentes más destacados era José Aricó; el Grupo Esmeralda, integrado por Juan Carlos Portantiero, Emilio De Ípola, y Fabián Bosoer, entre otros. Asimismo, mantuvo un estrecho diálogo con círculos de filósofos y juristas provenientes de la SADAF, como Martín Farrell, Jaime Malamud Goti, Genaro Carrió y Carlos Nino; quienes acompañaron y enriquecieron el debate teórico-político de la época. En este marco debe situarse el discurso “Convocatoria para una convergencia democrática”, pronunciado el 1° de diciembre de 1985 en Parque Norte.

Finalmente, en las décadas de 1990 y 2000, ya fuera del poder, Alfonsín profundizó su reflexión teórica, especialmente en oposición al neoconservadurismo. Sus lecturas incluyeron autores como Rawls, Dahl, Habermas, O’Donnell, Nino, Dworkin y Popper, entre otros. Obras suyas como Memoria política, Democracia y Consenso y, especialmente, Fundamentos de la República Democrática condensan esa maduración intelectual. En 1991, fue investigador invitado en el Wilson Center, en Washington, donde profundizo el estudio sobre Teoría del Estado, experiencia que enriqueció su mirada teórica. Por todo lo visto hasta aquí, es pertinente preguntarse si Alfonsín fue un “intelectual orgánico” del radicalismo argentino en términos gramscianos; es decir, aquel que teoriza y le da fundamento doctrinario y filosófico a su organización política.

El vínculo que entabló con el campo intelectual resultó decisivo en la gestación del discurso “Convocatoria para una convergencia democrática”. Para la redacción de este discurso, recibió la colaboración activa de Portantiero, De Ípola, Bosoer, Nino y discípulos de este último, entre otros. Este documento constituye el último texto doctrinario elaborado orgánicamente por la Unión Cívica Radical y es considerado la más reciente actualización doctrinaria del radicalismo argentino.

En dicho discurso, Alfonsín procuró articular tradiciones teóricas que históricamente habían transitado en tensión: las corrientes de izquierda democrática y el liberalismo político, con un énfasis particular en este último. El objetivo central consistía en fundar un Estado legítimo sustentado en tres pilares fundamentales, denominado el trípode alfonsinista: la participación política, la ética de la solidaridad y la modernización institucional del Estado. Esta arquitectura alfonsinista solo podía consolidarse mediante un pacto político amplio entre los sectores progresistas que asegurara la estabilidad y permanencia del régimen democrático.

La noción de pacto constituye, en este sentido, uno de los puntos de contacto más significativos entre el pensamiento alfonsinista y el liberalismo político contemporáneo. Tanto en su concepción general como en el discurso de Parque Norte en particular, es posible advertir la impronta de John Rawls, cuyas obras Alfonsín estudió detenidamente y sobre quien también escribió. De este autor retoma, fundamentalmente, la idea de un liberalismo igualitario: un orden político que combina la garantía de las libertades básicas con la exigencia de justicia como equidad en favor de los sectores menos aventajados.

Desde esta perspectiva, puede comprenderse la búsqueda alfonsinista de equilibrio entre libertad e igualdad. Lejos de concebirlas como principios antagónicos, las entiende como dimensiones complementarias de una sociedad democrática. La libertad individual solo puede desplegarse plenamente en un marco de igualdad sustantiva y la igualdad requiere, a su vez, del respeto irrestricto por las libertades fundamentales. De esa articulación, surge la noción de “ética de la solidaridad”, concebida como fundamento normativo de una democracia social que aspira a integrar justicia y pluralismo.

La década de 1980 representó, en la historia argentina, un momento excepcional de convergencia entre pensamiento y acción política. A diferencia de etapas previas, pero también de las posteriores, caracterizadas por la escisión entre el campo intelectual y el poder, se produjo entonces una articulación fecunda orientada a la reconstrucción institucional del país. Recuperar hoy esa armonía entre teoría y praxis resulta imprescindible en un contexto atravesado por la aceleración social, la fragmentación del debate público, la incertidumbre política, los antagonismos, la lógica amigo-enemigo y las aspiraciones hegemónicas.

La etapa radical iniciada en 1983 demuestra que la articulación entre reflexión teórica, praxis política y liderazgo no sólo es posible, sino también indispensable para fortalecer la convivencia democrática, construir un proyecto de país renovado e insertar a la Argentina en el siglo XXI como protagonista y no como mero actor subordinado en el escenario de los países desarrollados. La experiencia alfonsinista invita a reconsiderar el papel de las ideas en la vida pública y a reinstalar el debate político e intelectual como componente esencial de la acción política.

Alfio Germán Acosta es licenciado en Sociología y Ciencia Política por la UNC, doctorando en Ciencia Política; autor del libro Raúl Alfonsín y los intelectuales. Una aproximación al liberalismo político desde Parque Norte, con prólogo de Martín Farrell y estudio preliminar de Fabián Bosoer (Universidad Nacional de Córdoba y EUDEBA)

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