«Lo que haya pasado en mi vida no me define al cien por ciento», asegura Jana Maradona. Y se refiere específicamente a que no es todo lo que le sucedió: ni el doloroso juicio para esclarecer las condiciones en las que falleció su padre, Diego Armando Maradona (1960-2020), ni los años de litigio que marcaron su infancia, ni la dura búsqueda de la identidad que atravesó gran parte de su historia personal.
La hija del Diez es, ante todo, una buscadora. Detrás de esa sonrisa dulce y su perfil bajo, se esconde una mujer que tuvo que aprender a reconstruirse en medio de las tormentas más fuertes. Mientras sigue asistiendo a las audiencias judiciales que buscan determinar responsabilidades en el fallecimiento del ídolo argentino, Jana reconoce en diálogo con GENTE que la salud mental y las «terapias el alma» se convirtieron en una parte fundamental de su vida cotidiana y también en el lenguaje de su reconstrucción.

La sanación personal de Jana Maradona, en constante movimiento
A más de cinco años de la dolorosa partida del astro, Jana abre su corazón para revelar el lado menos conocido de su presente. Entre la exigencia emocional que imponen largas jornadas en tribunales («que no me dejan vivir tranquila») y los recuerdos que aún queman, la joven de 30 años cuenta que encontró en la terapia tradicional, el arte y las disciplinas holísticas un refugio indispensable para rearmar su vida.
Su principal pilar diario es el diván. «Hago terapia; voy a psicoanálisis todas las semanas y la verdad es lo que me sostiene la vida», asegura con total honestidad.
El poder de las constelaciones y la biodecodificación
Su búsqueda no se detuvo en la psicología tradicional. Con el objetivo de comprender su historia familiar y asimilar los complejos escenarios que le tocaron vivir, Jana recurrió a herramientas alternativas como la biodecodificación y, muy especialmente, las constelaciones familiares.
Esta última disciplina se convirtió en una llave fundamental para su evolución personal. Lejos de ser un proceso sencillo, la maquilladora explica el fuerte impacto que tuvo en ella: «Siento que las constelaciones me han servido mucho para terminar de entender y ocupar mi lugar. Son ejercicios que te desafían personalmente un montón; un poco te tienen que romper para rearmarte».

Las constelaciones son un tipo de intervención terapéutica –creada por el psicoterapeuta alemán Bert Hellinger– que postula que los individuos cargamos, de manera inconsciente, con los traumas, conflictos no resueltos, secretos o dinámicas disfuncionales de nuestro árbol genealógico. A diferencia de las terapias tradicionales que se enfocan solo en el individuo, esta práctica mira el sistema familiar completo.
Gracias a este trabajo de introspección, Jana logró asimilar roles y realidades complejas, utilizándolos como un punto de partida para decidir su propio destino. Con una notable madurez, destaca que el trabajo es constante tanto para ella como para su entorno, sabiendo que las cartas que le tocó jugar no la definen ni la limitan: «Lo que haya pasado en mi vida no me define al cien por ciento».
Además, Jana profundizó en la biodecodificación de su propia biografía: una herramienta que le permitió comprender cómo el cuerpo y las emociones guardan el registro de las vivencias familiares, transformando el dolor de las ausencias y los conflictos mediáticos en un motor de evolución personal, sanación y total autonomía.

El arte como válvula de escape y los rituales con Diego
El quiebre definitivo en su rutina ocurrió en plena pandemia, tras el fallecimiento del Diez. En aquel momento, cursaba el cuarto año de la carrera de Abogacía en la UBA, pero la realidad de un juicio real la obligó a tomar distancia de las leyes. Fue allí donde el arte emergió como el canalizador de sus emociones.
Primero probó mezclando música con una consola de DJ en su casa, para luego volcarse por completo al universo del maquillaje profesional, el backstage y la creación de personajes, su gran pasión actual, que ejerce en un estudio de nombre propio.
A pesar del dolor, Jana mantiene vivos ciertos rituales cotidianos que la conectan directamente con la memoria de su padre. Lejos de los flashes, sus tardes con Diego solían ser de una complicidad absoluta en torno al deporte. Hoy en día, mirar partidos de la NBA sigue siendo su manera de «estar con él».

En sus encuentros, compartían una costumbre muy específica que hoy atesora con nostalgia: «Cuando mirábamos los partidos comíamos muchísimos pistachos, incluso cuando no estaban de moda». Además, mantiene firme la promesa de cumplir uno de los grandes sueños que le quedaron pendientes al ídolo, quien debido a restricciones de visado no podía ingresar a los Estados Unidos: «Un gran sueño de él era ir a ver un partido de la NBA en vivo (…) Nos habíamos prometido hacerlo juntos, así que sigue estando entre mis pendientes de vida».
Con la contención de su pareja Cris –con quien convive cuando se instala en Buenos Aires; ella reside actualmente en Uruguay–, el apoyo diario a la distancia de su madre (Valeria Sabalain) desde España y un lazo con sus hermanos –Dalma, Gianinna, Diego Jr y Dieguito Fernando– que se alinea en la búsqueda compartida de justicia, Jana camina hacia la luz. Una joven que elige confrontar, dialogar con el que piensa distinto y, por sobre todas las cosas, sanar a través de la verdad.
Mirá También

Jana Maradona, íntima en medio del juicio: desde su «identidad secreta»y su militancia feminista, al día en que logró que su padre piense distinto
Mirá También

Jana Maradona revela quién es y a qué se dedica su novio, quien le aliviana el peso del juicio más difícil de su vida: «Me sentía muy sola»
Mirá También

