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Cuál es el significado oculto de dormir con la luz prendida según la psicología

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En este invierno de 2026, la atención de los terapeutas cognitivo-conductuales, los especialistas en Salud del sueño y los divulgadores del bienestar psicofísico se orienta hacia la comprensión de aquellos comportamientos que desafían las pautas biológicas tradicionales de descanso. Así, el acto de dormir con una luz prendida despiesta gran interés en la comunidad de investigadores.

En un entorno urbano hiperestimulado donde los trastornos de ansiedad, el estrés crónico y el insomnio afectan a una porción sustancial de la población, los rituales que las personas adoptan para conciliar el sueño adquieren una relevancia analítica fundamental. El desarrollo de esta perspectiva analítica se fundamenta en la interpretación de la luz artificial como un recurso de control psicológico frente a la vulnerabilidad que representa el estado de inconsciencia.

QUÉ SIGNIFICA DORMIR CON LA LUZ PRENDIDA SEGÚN LA PSICOLOGÍA

Frecuentemente, la costumbre de descansar con una luminaria encendida se vincula de manera directa con la nictofobia, un trastorno de ansiedad específico caracterizado por un miedo agudo y paralizante hacia la penumbra.

Si bien esta condición suele manifestarse de forma habitual a lo largo de la niñez, su persistencia durante la etapa adulta puede condicionar severamente las rutinas diarias y obstaculizar la conciliación de un sueño verdaderamente reparador.

Los profesionales de la salud mental indican que el abordaje clínico mediante la terapia cognitivo-conductual (TCC), complementado con programas de aproximación paulatina a la oscuridad, constituye la estrategia terapéutica de mayor eficacia. En consonancia con este tratamiento, la incorporación de ejercicios de respiración diafragmática, dinámicas de relajación muscular progresiva y técnicas de visualización guiada funcionan como herramientas eficaces para moderar la ansiedad, dejando la intervención farmacológica limitada a cuadros de extrema necesidad y estrictamente bajo el control de un médico especialista.

Con el fin de optimizar la higiene del sueño, los expertos sugieren restringir de manera rigurosa la exposición a dispositivos tecnológicos en las horas previas al descanso, implementar lámparas de baja intensidad o luces cálidas en la habitación y establecer rutinas estables con horarios fijos para acostarse y despertarse. En aquellos escenarios donde el temor al aislamiento lumínico no disminuya, recurrir a una consulta con un profesional del área psicofísica resulta determinante para restablecer un descanso óptimo.

Desde la perspectiva biológica, el organismo humano es coordinado por los ritmos circadianos, que operan como relojes biológicos internos encargados de adecuar las fases de vigilia y sueño en función de los estímulos de luz y oscuridad del entorno. La presencia de iluminación artificial en el dormitorio durante el período nocturno suprime de forma drástica la segregación de melatonina, la hormona reguladora del descanso; provocando una constante fragmentación de las fases de sueño profundo. Asimismo, las radiaciones lumínicas emitidas por pantallas de televisión, teléfonos móviles o relojes despertadores de gran brillo poseen la capacidad de desestabilizar los procesos metabólicos del individuo.