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Preocupante aumento de mujeres argentinas intoxicadas al dar a luz y de bebés con síndrome de abstinencia

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El consumo de sustancias como alcohol, tabaco, cannabis, cocaína, pasta base, inhalantes y drogas sintéticas está teniendo un impacto notable en la salud de madres e infantes, una problemática que se refleja cada vez más en los servicios de neonatología y cuidados críticos. En respuesta, la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) ha manifestado su preocupación por el aumento de estos consumos durante la gestación y la lactancia, enfatizando la necesidad de mejorar la detección en controles prenatales.

En los últimos años, profesionales y organizaciones no gubernamentales han advertido un incremento en los casos de mujeres que llegan al parto en estado de intoxicación. “El desafío que tenemos por delante es lograr que las personas gestantes puedan hablar de estos consumos sin miedo ni culpa. Cuando existe un vínculo de confianza con el equipo de salud, es más probable detectar situaciones de riesgo de manera anticipada y ofrecer acompañamiento adecuado. El objetivo no es juzgar, sino proteger la salud de la madre y del bebé”, manifestó María Noelia Nieves, secretaria del Comité de Estudios Fetoneonatales (Cefen) de la SAP.

En un informe elaborado conjuntamente con el Grupo de Trabajo de Consumos Problemáticos de la entidad, se revisa la legislación vigente que permite la intervención de profesionales de la salud para salvaguardar a los recién nacidos ante situaciones de riesgo. Se destaca que los médicos pueden solicitar análisis para confirmar o descartar el consumo de drogas, paralelamente a los estudios propios del embarazo.

“Los datos obtenidos a través de entrevistas o cuestionarios suelen subestimar el consumo real entre dos y cuatro veces en comparación con métodos biológicos de detección, como los análisis de orina, cabello o meconio”, subrayaron desde la SAP. En áreas de obstetricia metropolitanas, esos métodos han revelado un consumo entre el 8% y el 15% de las embarazadas atendidas. “El temor al juicio social, el estigma asociado al consumo y las posibles repercusiones legales pueden hacer que muchas mujeres no revelen espontáneamente estos consumos durante los controles médicos”, añade el equipo de la SAP al presentar su informe.

No hay un seguimiento sistemático de este problema durante los controles prenatales en el país que permita ponerlo en cifras precisas. Aunque algunas provincias realizan relevamientos, otras prefieren no divulgar cifras. Sin embargo, cada vez más profesionales están abordando estos datos en sus respectivos servicios de salud, siguiendo el ejemplo de iniciativas anteriores centradas en el tabaquismo y el alcohol, como un estudio de 2020 en Bariloche, Concordia y La Matanza.

Recientemente, durante el Congreso Provincial de Salud, profesionales de dos hospitales del conurbano bonaerense presentaron sus hallazgos. En el Hospital Erill, de Escobar, entre enero de 2024 y diciembre de 2025, tres médicas estimaron que un 35% de las embarazadas presentaban consumos problemáticos, principalmente por alcohol, tabaco y cocaína. Similarmente, un equipo del Servicio de Neonatología del Hospital Héroes de Malvinas en Merlo detectó un incremento en el uso de drogas ilícitas, calculando 1,3 casos por cada 100 recién nacidos entre enero de 2024 y marzo de 2025.

En Mendoza, desde marzo, se han implementado controles universales en todas las embarazadas internadas en maternidades provinciales, revelando que más del 10% de las mujeres atendidas presentan consumos problemáticos. Natalia Courtis, directora de Maternidad e Infancias del Ministerio de Salud y Deportes de Mendoza, señaló: “Casi el 20% de los recién nacidos presenta un dosaje positivo de sustancias, lo que también afecta las cifras de mortalidad infantil. Es crucial que todos tomemos conciencia y nos comprometamos a abordar esta situación, evitando la estigmatización, y reconociendo que el consumo de los padres también puede incidir en el recién nacido.”

Además del alcohol y el tabaco, que son comunes en diversos estudios, está aumentando la presencia de cocaína, drogas sintéticas, cannabis y psicofármacos. Debido a la tendencia observada, la mayoría de los profesionales aboga por una prueba universal o de rutina para actuar a tiempo antes del parto. El síndrome de abstinencia entre recién nacidos también está en ascenso, en paralelo con el aumento del consumo en mujeres en edad fértil que no siempre reportan este comportamiento.

“Luchamos por obtener estadísticas que aún no existen”, afirmó Marcela Monzón, líder de la asociación civil Madres en Lucha por una Juventud Despierta. Desde 2017, esta red federal de mujeres busca desafiar la naturalización del uso de drogas. “Las mujeres están cada vez más involucradas en el consumo y quedan embarazadas, enfrentándose al parto en estado de intoxicación”, agregó Monzón, quien mencionó el problema creciente en barrios afectados por el consumo de sustancias como el tusi y el paco. “Antes, las mujeres se cuidaban más. Muchas de nuestras integrantes están criando nietos que sufrieron síndrome de abstinencia y continúan en tratamiento.”

Sandra Nowik es una de esas abuelas que asumió la crianza de León, de 7 años, y de Byron, de 5, desde que eran apenas unos meses. Su hija, Camila, comenzó a consumir a los 15 años. Gracias a un esfuerzo familiar, logró dejar el consumo al quedar embarazada de su primer hijo, aunque no pudo hacer lo mismo con el segundo. “Si no hubiera sido por mi formación, no sé cómo hubiera criado a mis nietos”, confesó Sandra, quien es operadora socioterapéutica. Ahora brinda asistencia virtual gratuita a otras familias en similares circunstancias.

En un episodio ocurrido en invierno de 2021, en plena pandemia, Camila acudió a la casa de sus padres en busca de ayuda. Sandra asumió la responsabilidad de cuidar a los bebés, pero apenas 24 horas después, Kamila intentó llevarse a los niños de regreso. En una noche fría, la abuela hizo lo posible por convencer a su hija de dejar a los pequeños en su hogar. Sin embargo, el llanto agudo de Byron, que solo tenía cuatro meses, fue incesante. Al llevarlo al hospital, la abuela sospechó que sufría de síndrome de abstinencia debido al consumo de su madre, pero se encontró con un personal médico que no consideraba la situación. Finalmente, tras varias horas y trasladados a diferentes centros, Byron fue dado de alta después de 45 días de internación.

La situación es preocupante, porque a lo largo de los años, Sandra ha sido testigo de cómo muchas jóvenes abandonan a sus bebés después del parto para continuar consumiendo. “El tema de la anticoncepción es crucial en estos casos, porque no están en condiciones de cuidarse”, agregó. Además, ha observado que gran parte de los bebés nacidos de estas madres sufren complicaciones de salud.

El próximo viernes, participará en una convocatoria en la Plaza de Mayo junto a la organización fundada por Monzón para solicitar reformas en la ley de salud mental y adicciones. Piden más recursos para apoyar y contener a sus hijos en este contexto complejo. “Estoy sola”, expresó, mientras su voz se quebraba.

Para concluir, el equipo de la SAP subrayó que el embarazo es una oportunidad única para la intervención sanitaria, dado que muchas mujeres interactúan regularmente con el sistema de salud durante la gestación. Esto permite detectar consumos problemáticos y fomentar redes de apoyo, lo que es crítico, ya que “casi todas las drogas de consumo frecuente pueden atravesar la placenta y afectar al feto en desarrollo; algunas también pueden eliminarse a través de la leche materna, lo que prolonga la exposición del bebé durante la lactancia”. Su reciente informe detalla exhaustivamente los efectos del consumo y el policonsumo durante la gestación.

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