Juan Carlos Cáceres, Sub Oficial Principal, y Hugo Rubén Medina, Sub Oficial Segundo, ambos Retirados de la Armada Argentina, repitieron un abrazo que tuvo lugar hace 44 años en un contexto totalmente distinto, pero con la misma carga emocional para ambos. Este reencuentro se produjo durante un acto de reconocimiento a los ex combatientes de Malvinas de Campo Santo, que se llevó a cabo en el colegio Enrique Cornejo, con el descubrimiento de una placa donde figura el nombre de los 9 héroes camposanteños. «Trabajé en este proyecto porque considero muy importante que los alumnos conozcan a personas nacidas en este pueblo que estuvieron dispuestos a dar su vida en defensa de la patria, y que sean un ejemplo a seguir», dijo el profesor Juan Carlos Ortega, autor del proyecto.
El 2 de Mayo de 1982, una fecha clave en la historia de nuestro país, el cabo Juan Carlos Cáceres, de 24 años, era parte de la tripulación del crucero ARA General Belgrano que navegaba por las aguas del Atlántico Sur, fuera de la zona de exclusión durante la guerra de Malvinas. El reloj marcaba las 16:02 cuando un torpedo quebró la estructura del buque y lo hundió. En medio de una gran incertidumbre, Cáceres acató la orden de abandonar el buque, logrando subir a una balsa con otros 12 camaradas. «La balsa estaba pinchada, los que lograron subir estaban heridos o quemados, el resto trabajó sin pausa sacando el agua de la balsa para que no se hundiera» recordó Cáceres. «El frío era insoportable, con las horas dejamos de sentir las manos y los pies. Yo tenía una hija pequeña, pensaba en ella y no me quería morir».
Cerca de allí, el destructor Piedra Buena fue testigo del desastre, Hugo Rubén Medina, de 26 años, era parte de su tripulación. «Nuestra tarea era custodiar al Crucero Belgrano. Antes del ataque se comunicaban con señales de un reflector, de pronto la luz se apagó, había sido alcanzado por el torpedo y comenzó a hundirse» recordó Medina. En forma urgente se dirigieron hasta el lugar. «No podíamos divisar las balsas, se hizo de noche y tuvimos que suspender la búsqueda. Con las primeras luces del 3 de mayo, la búsqueda se reanudó, cuando nos acercamos hacia las balsas, tiramos una red por la borda pero ellos no podían subir, tenían los pies y las manos endurecidas». Cuando Cáceres estuvo seguro a bordo, se encontró con su amigo de la infancia en Campo Santo, Medina, y se dieron un largo abrazo.
