El Mundial 2026 nos acaba de regalar una nueva alegría. Con un impecable triunfo 2 a 0, la Selección Argentina hizo vibrar al majestuoso estadio de Dallas, desatando la locura de los hinchas. Sin embargo, muy por encima de la marea de camisetas celestes y blancas que copó las tribunas, el partido se palpó de una manera completamente distinta.
Lejos del bullicio tradicional, los exclusivos palcos VIP -el corazón del codiciado hospitality deportivo- le ofrecieron a pequeños grupos de diez personas la posibilidad de gritar los goles con la comodidad y el servicio de un hotel de lujo.

Cruzar la puerta de uno de estos recintos es adentrarse en un refugio donde la pasión por el fútbol se funde con el máximo confort. Acá no hay butacas plásticas: la tensión de los noventa minutos se vive desde confortables sillones individuales tapizados en tonos grises o alrededor de modernas mesas altas. Además, para que la atención no decaiga ni un segundo, las paredes laterales cuentan con pantallas que transmiten la señal oficial, asegurando que nadie se pierda los detalles tácticos ni, mucho menos, la repetición de las jugadas que terminaron en gol.
Un brindis a la altura de la Scaloneta
Semejante experiencia requiere una propuesta gastronómica que acompañe los nervios y las celebraciones. Por lo que el gran punto de encuentro dentro del palco es una imponente isla central con mesada de piedra oscura, donde un servicio de catering premium tienta a los invitados durante todo el encuentro.

El complemento perfecto para este banquete se esconde a un costado, en un sofisticado sector de bar revestido con cerámicos hexagonales brillantes. Allí, una heladera tipo cava bajo mesada resguarda una cuidada selección de bebidas, incluyendo vinos de primera línea que se descorcharon con el silbatazo final para coronar el brindis por los tres puntos obtenidos.
Privacidad y el precio de un ticket dorado
El verdadero lujo también reside en la privacidad y en el manejo del tiempo. Y uno de los mayores privilegios de acceder a este sector es olvidarse por completo de las tediosas filas durante el entretiempo, ya que cada palco cuenta con instalaciones sanitarias propias que parecen sacadas de una revista de interiorismo.


Acceder a este nivel de exclusividad, por supuesto, tiene su precio. Durante esta primera etapa del Mundial, alquilar uno de estos espacios privados ronda los 50.000 dólares por grupo, un valor que trepa vertiginosamente a medida que avanza el torneo. De hecho, para las instancias decisivas como las semifinales, el ticket para vivir esta experiencia VIP puede alcanzar la impactante suma de 200.000 dólares. Un verdadero lujo reservado para muy pocos, que termina de redondear una jornada histórica y demuestra que el buen gusto puede abrazarse a la pasión futbolera en lo más alto de Dallas.
Fotos: Eugenia Belich, enviada especial a Dallas
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