-Como buenos argentinos, todos sabemos que si hay un partido del Mundial de nuestro Seleccionado lo tenemos que ver…
-¿Y si por equis causa técnica resultara imposible?
-Bueno, nos acercaremos a la costa y lo escucharemos por la radio.

Hay colores que se llevan bajo la piel y el capitán de navío Jorge Gabriel Cáceres, a cargo de la Fragata Libertad, no sólo lo sabe: lo siente y lo expresa. Como se lo hizo sentir y se lo expresó a Revista GENTE mientras recorría el nuevo periplo de la nave insignia argentina de cara a su 54° Viaje de Instrucción destinado a completar la formación profesional de los guardiamarinas de la Armada Argentina.

Una travesía que partiría el 11 de abril para recorrer aproximadamente 16 mil millas náuticas (unos 29.600 kilómetros) y regresar a CABA el próximo 19 de septiembre, tras 161 días de navegación, con una hoja de ruta que ahora mismo acaba de llevarlo a Norfolk, y continuará en Baltimore y luego en Nueva York, donde participará de los actos por el cuarto de milenio de Independencia de Estados Unidos… Sí, hoy, en pleno Mundial de Fútbol 2026, desgrabamos y compartimos la entrevista que le efectuamos al comandante, quien nos acercaba una interesantísima bitácora de viaje antes de poner proa a Norteamérica.
“MIENTRAS ESTAMOS TRABAJANDO, LA IDEA ES NO USAR LOS CELULARES NI LAS REDES SOCIALES”

“Soy oriundo de la ciudad de Punta Alta, tengo medio siglo de edad años, transito mi trigésimo segundo año de Marina y he estado a cargo de naves de menor porte o de otras características, como la corbeta o la lancha patrullera. Es mi tercera vez a bordo: arranqué con el viaje de instrucción, en 1998, como guardiamarina en comisión, y en 2017 asumí como jefe del Departamento de Cubierta, y ahora en 2026 me toca ejercer uno de los cargos más prestigiosos de la Armada Argentina, el de comandante de la Fragata Libertad”, desanda Cáceres, en un párrafo, su derrotero.

-¿Se imaginaba accediento a tal privilegio? ¿Era su sueño?
-No inicialmente. Cuando empecé la carrera, mi sueño era ser oficial de marina, navegar en los buques del comando de la flota de mar, que es el corazón de la Armada con sus buques de guerra y demás. Claro que uno se va preparando, va ascendiendo y siempre quiere que en algún momento le toque llegar a la Fragata Libertad, porque da esa sensación de prestigio, de orgullo, de compromiso. Pero, en serio, si me preguntabas cuando arranqué o luego, no pensé que iba a ser su comandante. La Fragata Libertad estaba en un costadito. Como es un destino seleccionado, hay que andar bien en la carrera y cumplir algunos requisitos para llegar. Yo tuve la suerte de más o menos cumplir eso requisitos. Y acá estamos, tratando de cumplir de la mejor manera este desafío… Y pensar que hace varios años estuve ahí paradito, como los jóvenes estudiantes que nos acompañan, con todas esas ilusiones, esperanzas y desafíos que están por afrontar.

-¿Por qué se sigue escogiendo para la instrucción a un velero (en el caso del ARA Libertad, adaptado), entre tantos navíos posibles?
-Hay varias marinas que eligen como buque escuela a un buque de guerra, pero la Armada Argentina decidió apostar como tal a la Fragata Libertad, que es a vela, una clase de buque que, entre otras tradiciones, representa el origen de la navegación. Como el objetivo de las misiones de la ARA Libertad es terminar de formar a nuestros futuros oficiales de marina, creemos ideal que lo hagan a bordo de un buque tipo velero como el que tenemos.
-¿Hay un rito de partida?
-No, normalmente se entran ambas planchadas, largamos las seis amarras que nos unen a tierra, formamos, despedimos a nuestros familiares y vamos a hacer nuestro trabajo.

-¿De qué se trata la rutina?, ¿en qué consisten los turnos una vez que zarpan?
-Hacemos turnos de cuatro horas de guardia por ocho de descanso. Así se organizan todas las guardias. Durante dicho descanso cada tripulante almuerza, cena y duerme. Por lo general se desarrolla toda la travesía bajo esa planificación. En el Departamento de Máquinas hay aproximadamente 80 personas trabajando con las bombas auxiliares y los generadores y motores eléctricos, y en cubierta, otras 60.
-¿Qué hay del mito sobre que los de la Fragata Libertad suelen ser viajes distendidos?
-Los que pertenecemos a la Armada sabemos que no. Requiere día a día un gran esfuerzo profesional y personal, porque uno se aleja bastante tiempo de la familia. Los guardiamarina deben trabajar, estudiar, prepararse y rendir su examen al final de la navegación. Requiere bastante dinamismo, constancia y dedicación. Incluso lo fue durante mi primera vez, que recién mencioné, hace casi tres décadas. Sí, es real que cuando llegan a puerto los tripulantes cuentan con sus días de descanso y salen a conocer las ciudades a interactuar con la sociedad, pero después de veinte días de navegación es necesario.

-¿Cómo se maneja el tema WhatsApp, redes sociales, selfies, etcétera?
-Cada uno tiene su celular, pero es cierto que las comunicaciones son un poquito más restrictivas que cuando uno no se encuentra embarcado. El trabajo de un turno, nocturno, en las guardias, necesita mucha atención. Tratamos de que el personal no se distraiga con el celular. Obvio que tienen períodos de comunicación durante el día para comunicarse con la familia, pero no el uso intensivo del teléfono. Cuando es el momento de descanso, normalmente a las tardecita y la noche, ahí pueden usar el celular y y relajarse un poco, pero mientras estamos trabajando tratamos de que no.
“ENTRAREMOS SEGUNDOS AL PUERTO DE NUEVA YORK, JUNTO A OTROS 22 VELEROS DE TODO EL MUNDO”

Cáceres de repente, solo, se detiene en el nombre de la fragata. «La palabra ‘libertad’ es una representación de nuestra república -señala espontáneo-. Nosotros ya habíamos tenido en la Armada Argentina otros buques llamados Libertad, pero me parece es la denominación exacta para esta fragata, el nombre que debe tener. Porque se trata de un símbolo de nuestra nación. En enero pasamos por la ciudad de Mar del Plata llevando a cabo jornadas de puertas abiertas, y nos visitaron 50 mil personas en 12 días, y todos expresaban lo mismo: hablaban del orgullo que representa y el patriotismo que genera. Lo que -subraya- equivale a una doble responsabilidad cuando toca salir y representar a nuestro país en el exterior«.

-Cuando pisen Estados Unidos, ¿no teme que alguno de los tripulantes se le escape para intentar ir a ver a la Scaloneta en el Mundial? Es justo la época…
-(Risas) Mayoritariamente los partidos de Argentina serán sobre la otra costa respecto a la que arribemos nosotros, y cuando se jueguen en el sur, en la del Atlántico, nosotros vamos a estar muy al norte, entre Nueva York y Boston. Aunque, claro, con seguridad vamos a ver los partidos. Y si por alguna causa no podemos verlos, nos acercaremos a la costa y lo escucharemos por la radio.

-Hay un motivo más que especial para que estén al norte, ¿cierto?
-Exacto. La llegada a Norteamérica se relaciona al 250 aniversario de la Independencia de Estados Unidos. Pasaremos por varios puertos hasta entrar en Nueva York el día 4 de julio con 22 grandes veleros de distintos países. La Fragata Libertad va a presentarse en el segundo orden de ingreso. Es un evento histórico muy importante que representa una gran responsabilidad en medio de una especie de bautismo para quienes se están iniciando en la marina.

-¿Y qué para los que a están promediando?
-Una gran responsabilidad
–¿Cuántos años suma usted?
-50.
-¿Qué hay de sus afectos? ¿Cómo han manejado el tema ausencia y demás?
–Estoy casado y tengo dos hijos: una nena de 21 y varón de 17. Residimos precisamente en Punta Alta, al sudoeste de la provincia de Buenos Aires, en proximidades de la Base Naval Puerto Belgrano. Aunque la vida del marino nos fue llevando por distintos lugares -Ushuaia, Buenos Aires, La Plata-, mi familia ya se ha acostumbrado a mudarse seguido.

-¿Se la extraña?
-Se la extraña.
-¿Es de emocionarse ante los inminentes retornos?
-Sí, obvio, por supuesto.

-¿En qué momentos suele…?
-… El regreso es algo muy bueno. Todos lo venimos esperando. Cuando la nave se aproxima al Puerto de Buenos Aires uno ya empieza a enfocarse fuerte. En el ínterin le suelo recordar a mi esposa: «Cuando estoy trabajando al cien por ciento todo el día, con tantas responsabilidades, que la tormenta, las actividades rutinarias, los protocolos de llegada, la verdad es que no me queda tanto tiempo para pensar en la familia». «¡Lindas excusas!», me suele retrucar ella, jajajá. Pero les aseguro que es la pura verdad.
Fotos: Leo Ibáñez, Juan Rostirolla (imagen de portada) y gentileza de la Armada Argentina y el Ministerio de Defensa de la República Argentina
Videos y redes sociales: Juan Rostirolla
Edición de video: Candela Casares
Agradecemos a María Calatayud y a Bianca Ávila
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