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Luna llena de mayo: las fechas clave para rituales y conexión espiritual

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Mayo se presenta con un calendario lunar cargado de significado espiritual y energético. El primer gran hito llega este 1 de mayo con la Luna de Wesak, una luna llena en Escorpio considerada una de las más importantes dentro de distintas tradiciones espirituales.

Este plenilunio, que se produce a las 17:22 UT, conmemora tres momentos centrales en la vida de Buda: su nacimiento, iluminación y muerte. Por eso, suele estar asociado a prácticas como la meditación, el ayuno, las plegarias y los actos de generosidad, en un contexto de búsqueda de claridad y conexión interior.

“Es una luna muy potente para trabajar la purificación y la conexión con la sabiduría”, explicó la astróloga Florencia Morales, quien analizó los principales eventos del mes. Según detalló, esta lunación también presenta una configuración exigente que invita a dejar atrás estructuras viejas y abrirse a procesos de transformación.

El segundo momento clave llegará el 16 de mayo con la Luna Nueva en Tauro, que además será superluna por su cercanía a la Tierra. Este tipo de evento suele vincularse con el inicio de ciclos y la siembra de intenciones, tanto a nivel individual como colectivo.

“Es un momento ideal para plantar proyectos, para bajar a tierra lo que queremos construir”, señaló Morales, al referirse a esta fase, que estará acompañada por una energía asociada al cuidado, la estabilidad y la concreción.

El cierre del mes se dará el 31 de mayo con una Luna Llena en Sagitario, que tendrá una particularidad: será una Luna Azul, es decir, la segunda luna llena dentro del mismo mes. Además, coincidirá con una microluna, al encontrarse en el punto más alejado de la Tierra.

Desde lo simbólico, esta combinación se vincula con el cierre de ciclos, el agradecimiento y la proyección de nuevas etapas. “Es una energía muy propicia para soltar lo que ya no sirve y abrirse a lo que viene”, indicó la astróloga.

De esta manera, mayo queda marcado por tres momentos bien definidos: un inicio enfocado en la introspección y la conciencia, una etapa intermedia de siembra y un cierre orientado a la renovación. Un recorrido que, para muchas prácticas espirituales, representa una oportunidad para frenar, reflexionar y reconectar.