El caso ocurrido en el Colegio Sagrado Corazón Luz y Vida de San Lorenzo Chico ya se encuentra bajo la órbita judicial. La fiscal penal juvenil N°2, Carolina Hernández, intervino de oficio al tomar estado público el hecho, ya que inicialmente no había ingresado una denuncia formal en la fiscalía.
En paralelo, el Ministerio de Educación de Salta confirmó que radicó una denuncia para que se investigue lo sucedido, aunque no dirigida contra la institución. Desde el organismo indicaron que tomaron conocimiento varios días después del episodio, lo que generó cuestionamientos hacia el colegio por una supuesta demora en la comunicación.
Ante estas críticas, el asesor legal del establecimiento, Juan Canaves, defendió el accionar institucional, aseguró que se actuó dentro del marco normativo y negó categóricamente cualquier intento de encubrimiento.
El origen del conflicto: una broma que escaló
Según detalló Canaves, y siempre preservando la identidad de los menores, los protagonistas identificados como alumno A y alumno B son compañeros de curso, amigos y tienen 13 años, cursando segundo año del nivel secundario. Ambos, subrayó, poseen excelente conducta, sin antecedentes disciplinarios y con buen rendimiento académico, incluso uno de ellos por encima del promedio habitual para su edad.
De acuerdo a la versión recabada por el Colegio Sagrado Corazón Luz y Vida de San Lorenzo Chico, el hecho se inició durante el recreo, cuando ambos ingresaron al baño del establecimiento. “Entran a orinar y, estando en los mingitorios, el alumno B le hace una broma al alumno A con el celular, diciéndole que le iba a sacar una foto”, explicó.
Ese gesto habría desencadenado la reacción: “El alumno A responde con un manotazo y comienza una discusión”. En ese momento suena el timbre que marca el fin del recreo, por lo que ambos salen del baño ubicado a unos 10 o 15 metros del aula y continúan la discusión en el pasillo.
“Cuando están llegando al curso, sigue la discusión y ahí se produce la agresión. Fue un enfrentamiento cara a cara, no hubo una agresión por la espalda como se dijo”, remarcó Canaves.
Durante el intercambio, el alumno A recibió golpes en el rostro. La situación fue observada por dos integrantes del personal del colegio, quienes intervinieron de inmediato.
Actuación inmediata dentro del colegio
Tras la pelea, ambos estudiantes fueron conducidos a la dirección del colegio, donde dialogaron con el director. “Los dos dieron la misma versión: que había sido una pelea”, indicó el abogado.
Se convocó a los padres de ambos alumnos, quienes los retiraron del establecimiento. En ese momento se activó el protocolo del seguro escolar.
Según precisó Canaves, el alumno A no perdió el conocimiento ni presentó signos de gravedad inmediatos dentro del colegio. Posteriormente, sus padres decidieron trasladarlo a una clínica privada.
Internación, diagnóstico y evolución
Horas después, la institución fue informada de que el alumno A había quedado internado en observación. “El colegio se entera por los padres, quienes informan que la clínica había activado el protocolo correspondiente”, explicó.
Si bien evitó dar detalles exhaustivos por respeto a la familia, Canaves confirmó que el menor ya fue dado de alta y permanece en su domicilio bajo control médico. “Aparentemente uno de los golpes habría provocado una conmoción cerebral y una situación de estrés que derivó en una inestabilidad motriz transitoria, aparentemente transitoria”, señaló.
El colegio aseguró que continúa acompañando de cerca la evolución del estudiante y su familia.
Por qué el colegio no realizó la denuncia inicial
Uno de los puntos más cuestionados públicamente fue la supuesta falta de denuncia por parte del colegio. Sobre esto, Canaves ofreció una explicación técnica.
Indicó que, al momento de tomar conocimiento de la gravedad del cuadro, los padres del alumno A informaron que la clínica ya había realizado la denuncia. “Se les preguntó si iban a denunciar y dijeron que ya se había activado el protocolo”, detalló.
Además, explicó que si el colegio realizaba una denuncia adicional, al tratarse de un sistema digital con sorteo automático, podía recaer en otra fiscalía. “Eso podía generar un conflicto de competencia y demorar la investigación”, sostuvo.
También señaló que, al tratarse de una pelea con agresiones recíprocas, una eventual denuncia institucional debía incluir a ambos alumnos. Según su relato, los padres del menor lesionado no buscaban ese camino.
No obstante, aseguró que se puso en conocimiento a las autoridades del Ministerio y se realizaron todas las comunicaciones administrativas correspondientes.
Medidas adoptadas y trabajo con las familias
El Colegio Sagrado Corazón Luz y Vida de San Lorenzo Chico según su asesor legal implementó una serie de medidas tras el hecho. Entre ellas, la activación del seguro escolar, la notificación a la compañía aseguradora para eventuales reclamos económicos y el acompañamiento permanente a ambas familias.
También se iniciaron acciones internas de prevención y contención. Se contrató a un profesional, el licenciado Dilela, para trabajar con los estudiantes y promover espacios de reflexión sobre convivencia, no violencia y respeto.
Asimismo, se convocó a las familias de ambos alumnos por separado para iniciar un proceso de acercamiento y “reconciliación”. Según Canaves, ambas partes aceptaron participar.
“La familia del alumno B estaba muy compungida, muy preocupada, y el chico también estaba afectado por lo que le pasó a su amigo”, indicó.
El alumno B será sancionado conforme a la normativa escolar. Sus padres solicitaron que, por algunos días, no asista al establecimiento, por lo que actualmente recibe acompañamiento pedagógico a través de plataformas virtuales. Esta medida también busca evitar su estigmatización dentro de la comunidad educativa.
Rechazo a versiones difundidas y acusaciones de ocultamiento
Canaves cuestionó las versiones que circularon en redes sociales y algunos medios, donde se hablaba de una agresión por la espalda o de golpes contra objetos dentro del baño.
“Se dijo que le golpeó la cabeza contra una mesa o que fue atacado de espaldas. Eso no es así. Hay que ser responsables con la información”, afirmó.
También rechazó las acusaciones de encubrimiento: “El colegio no ocultó nada. Lo que hizo fue preservar la identidad de los menores y actuar con responsabilidad”.
En ese sentido, aportó un dato relevante: la madre del alumno A es directora del nivel primario del mismo establecimiento. “En todo momento se acompañó tanto a la familia de A como a la de B”, remarcó.
Violencia escolar y contexto social
El abogado vinculó el episodio con un fenómeno más amplio. “La violencia es transversal a toda la sociedad y se refleja en las escuelas. No distingue clase social, género ni contexto económico”, sostuvo.
Desde su experiencia asesorando a más de 30 colegios en la provincia, afirmó que este tipo de situaciones se repite en distintos ámbitos. Señaló factores como las redes sociales, la falta de comunicación familiar y las influencias externas.
No obstante, aclaró que en este caso no hubo relación con desafíos virales: “Fue una situación coyuntural, una broma que derivó en una discusión”.
También hizo un llamado a las familias a reforzar el diálogo con los adolescentes y a fomentar la reflexión antes de actuar. “Un hecho así termina involucrando a las familias en procesos judiciales complejos, con informes socioambientales y situaciones muy difíciles”, advirtió.
Expectativa frente a la Justicia
Según explicó el letrado, el Colegio Sagrado Corazón ya respondió al requerimiento de la fiscalía, aportando documentación e información sobre lo ocurrido.
Canaves expresó confianza en el accionar judicial y consideró que el proceso se orientará a medidas preventivas y correctivas, teniendo en cuenta la edad de los involucrados.
“Estamos hablando de dos chicos de 13 años, sin antecedentes, que eran amigos. No hubo bullying ni conflicto previo. Es una situación emergente”, concluyó, insistiendo en la necesidad de evitar la estigmatización y priorizar la contención de ambos menores y sus familias.
