Cuando Viale pega es por dos razones: o porque se encuentra en la mira por cuestiones ideológicas o estratégicas de campaña, o porque es aliado pero necesita sacárselo de encima.
Manuel Adorni es de los últimos casos, donde su presencia causa más daño que su ausencia, y todos los medios afines le piden a Javier Milei que no lo sostenga más.
Como un ejemplo emblemático de la corrupción libertaria, Adorni se convirtió en el puching ball de los programas políticos y ni siquiera Jonatan Viale se privó de pegarle.
