Dos amigos de José Eduardo «Jota» Figueroa ofrecieron esta semana una mirada sobre su personalidad y su estado en los días previos al hecho, a partir de los vínculos de cercanía que mantenían con él.
Andrés Cuneo lo describió como una persona «muy simpática», «generosa» y «buen padre». En su declaración, aclaró que no podía opinar sobre su rol como marido y señaló que en el último tiempo el contacto había sido menor, limitado principalmente a encuentros sociales. «Yo lo veía más a José en los asados», indicó, y sostuvo que en ese ámbito la relación de la pareja le parecía «normal».
El testigo también aportó datos sobre los días previos al hecho. Relató que el miércoles anterior compartió un almuerzo con Figueroa y con otro amigo, Francisco Vázquez, en su casa, en un encuentro que tuvo como objetivo acompañarlo en el contexto de la separación. «Estaba muy triste», afirmó, y agregó que en esa charla el imputado le comentó que estaba buscando un departamento.
Cuneo además fue uno de los destinatarios del mensaje que Figueroa envió la mañana del 4 de agosto, alrededor de las 8.50. Según se ventiló en la audiencia, el texto decía: «Llorando, perdón, me fui», y forma parte de la secuencia de comunicaciones que se analizan en el juicio.
Por su parte, Francisco Vázquez, quien también mantiene una relación de larga data con el imputado, pidió ante el tribunal que «se sepa la verdad». Indicó que tuvo contacto directo con él en los días previos al hecho.
«Lo vi el miércoles y el jueves a la mañana antes del hecho investigado», declaró. Según su relato, Figueroa le había escrito manifestando que se sentía mal y proponiendo reunirse, lo que derivó en el almuerzo compartido en la casa de Cuneo.
Vázquez también mencionó que el jueves le entregó una pastilla de melatonina que el propio Figueroa le había pedido, en el marco de su estado anímico.
Ambos testimonios dieron descripciones centradas en aspectos positivos de su personalidad.
