Filosofía, para darle el sentido a la vida; pero un sentido propio.
En estos tiempos, donde muchas veces la urgencia cotidiana posterga los sueños personales, la historia de Carlos Ponce Peñalva irrumpe como un ejemplo de perseverancia y vocación. A sus 72 años, este salteño culminó sus estudios en la Universidad Nacional de Salta, en la Facultad de Humanidades, y se convirtió en licenciado en Filosofía tras más de dos décadas de cursado.
“Setenta y dos años”, dice con serenidad, como quien entiende que el tiempo no es una barrera sino parte del camino recorrido. Ese camino no lo transitó solo: su compañera de vida, María Celia, y sus cuatro hijas —Bernardita, María Clara, Mercedes y María Paz— fueron un sostén constante en un proceso largo, atravesado por responsabilidades familiares y laborales.
Ponce no proviene del ámbito académico tradicional. Artista plástico —dedicado a la talla en madera, la pintura y otras expresiones— y vendedor de seguros durante gran parte de su vida, encontró en la filosofía una inquietud profunda: “Siempre me gustó, siempre me pareció importante… uno busca encontrarle sentido a las cosas, a la vida”, reflexiona.

El trayecto universitario no fue lineal. Entre el trabajo, la crianza de sus hijas y las exigencias de la vida cotidiana, la carrera se extendió por más de 20 años. Sin embargo, nunca abandonó. “Hay que buscarle la vuelta, pero no hay que desanimar”, resume.
El momento culminante llegó esta semana, cuando defendió su tesis en el área de Filosofía de la Historia, en una sala del primer piso de la Facultad de Humanidades. “Mucha satisfacción… y gratitud también por la familia que me acompañó”, cuenta. La emoción fue compartida: casi todas sus hijas estuvieron presentes en ese instante que selló años de esfuerzo.
Lejos de considerar su logro como un punto final, Ponce lo vive como una apertura: “Si tengo oportunidad de trabajar de esto, me encantaría”, afirma. Pero más allá de lo profesional, destaca el valor del conocimiento como forma de habitar el tiempo y la vida: “Es una manera muy interesante de ocupar el tiempo”.
Su historia interpela especialmente a quienes dudan en retomar estudios en la adultez. “Yo les digo que se puede, que siempre se puede”, insiste. Y refuerza: “A cualquier edad. Yo tengo 72 y lo logré”.
En un contexto donde, según sus propias palabras, “hay que buscarle sentido a la vida”, Carlos Ponce encarna justamente esa búsqueda. No solo como un logro personal, sino como un mensaje colectivo: nunca es tarde para aprender, pensar y reinventarse.

Invitación
Por si usted, lector de El Tribuno, quiere conocer al flamante filósofo, hay una invitación abierta para el viernes 17 del presente mes, donde Carlos Ponce habilitará una muestra de esculturas en la sala Ábaco, del Consejo Profesional de Ciencias Económicas de Salta, de avenida Belgrano 1641.
Este encuentro con el arte se da en el marco del Abril Cultural salteño, la muestra se llama «Manos a la obra», son esculturas en madera y en piedra. Presentará también el grupo Microsfera una mesa de lecturas de relatos cortos; la presentación estará a cargo de Gabriela Dueña y se escucharán canciones de Bernardita Ponce Mora. La cita será a partir de las 19.
