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Por qué quedarse en silencio es peor que seguir discutiendo según la psicología

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Aunque situaciones tan extremas no suelen repetirse con frecuencia, en temas de salud y bienestar emocional es bastante habitual evitar charlas difíciles. De hecho, más personas de las que se cree tienden a esquivar este tipo de conversaciones.

Ya sea con la pareja, familiares o amistades cercanas, muchos optan por posponer durante semanas, meses e incluso años esos diálogos importantes que resultan incómodos.

QUÉ IMPACTO TIENE QUEDARSE EN SILENCIO EN UNA DISCUSIÓN SEGÚN LA PSICOLOGÍA

La idea de que esquivar los conflictos ayuda a preservar los vínculos está muy instalada, pero los estudios en psicología señalan lo contrario: callar no resuelve los problemas, sino que los va acumulando con el tiempo.

Este proceso suele denominarse “interés compuesto del silencio”, ya que los desacuerdos no expresados crecen de forma silenciosa. Lo que empieza como una incomodidad menor puede transformarse en una gran ofensa, alimentada por interpretaciones internas y sin contraste con la otra persona.

En este sentido, el psicólogo John Gottman identificó la falta de comunicación como uno de los factores más determinantes en las rupturas, incluso por encima de las discusiones abiertas. En muchas relaciones, el problema no es lo que se dice, sino lo que nunca se llega a expresar.

Este comportamiento se repite en distintos contextos: en la crianza, cuando se evitan límites por temor a generar tensión; en la amistad, donde el malestar se oculta detrás de la cordialidad; o en la pareja, cuando uno busca dialogar y el otro se retrae. Un metaanálisis con más de 14.000 personas evidenció que este patrón de “demanda-retirada” se asocia con menor satisfacción, comunicación deficiente y mayores niveles de ansiedad. Así, lo que parece una solución inmediata —evitar el mal momento— termina agravando la situación a largo plazo.

Los especialistas explican que esta actitud no necesariamente responde a la falta de coraje, sino a un mecanismo de defensa emocional. Muchas personas vinculan el conflicto con experiencias de rechazo o abandono, especialmente si crecieron en entornos donde disentir tenía consecuencias negativas.

Sin embargo, reconocer estos hábitos y animarse a iniciar el diálogo —aunque sea con palabras simples y sinceras— puede cambiar por completo la dinámica de un vínculo. Porque, en definitiva, las conversaciones más incómodas suelen ser también las más importantes.