El juicio por el femicidio de Mercedes Kvedaras comenzó con un relato crudo y estremecedor. En la lectura del requerimiento de elevación a juicio y de la acusación tanto del Ministerio Público Fiscal como de la querella, se expuso con detalle el contexto de violencia que, según la investigación, la mujer atravesó durante años y que se intensificó en los días previos a su muerte.
Los elementos que se dieron a conocer no surgieron en la audiencia, sino que forman parte de la investigación penal y fueron recopilados durante la etapa previa al juicio. En esta primera jornada, esos testimonios, mensajes y reconstrucciones del entorno fueron leídos en sala, tanto en la acusación fiscal como en la presentación de la querella.
A través de ese material, la fiscalía reconstruyó lo que definió como un “infierno” marcado por el miedo, el control y la humillación.
Uno de los ejes centrales fueron los intercambios que Mercedes mantenía con su madre, sus hermanos y su círculo íntimo. Allí quedó plasmado el temor que le tenía a su esposo, José Eduardo “Jota” Figueroa, y su decisión de separarse, pese a las dificultades que encontraba para hacerlo.

Según se ventiló en la audiencia, días antes del crimen Figueroa llegó a perseguirla en auto, en un episodio que reforzó el cuadro de hostigamiento. En ese contexto, Mercedes le pidió a su hermano Manuel que la acompañara a hablar con él, con una frase que resultó elocuente: “No lo conocés como es, vení conmigo”.
Los testimonios también describieron conductas contradictorias y perturbadoras. Amigos de la víctima relataron que por las noches el acusado se sentaba al lado de Mercedes, lloraba y le acariciaba la cabeza, en una escena que, lejos de transmitir contención, era vivida por ella como parte de una dinámica de sometimiento emocional.
La violencia verbal fue otro de los aspectos reiterados en la reconstrucción. Según declararon los testigos durante la investigación, Figueroa la insultaba de manera constante, la humillaba y la degradaba con expresiones ofensivas reiteradas. A eso se sumaban episodios de agresión física y situaciones de violencia que también alcanzaban al entorno familiar.
Una de las escenas más impactantes fue relatada por su hermana Rosario, quien contó que en una oportunidad Mercedes la llamó escondida dentro de un placar, para evitar que su esposo la escuchara. Ese nivel de miedo y control fue una constante en los relatos que se escucharon en la sala al ser incorporados por lectura.
También se incorporó un episodio ocurrido el 29 de julio, pocos días antes del crimen, cuando Mercedes le escribió a su hermana que había tenido que irse de la casa tras ser nuevamente insultada. Sus amigas coincidieron en señalar que la mujer vivía con temor.

El cuadro se completó con referencias a la dependencia económica y emocional. Según el entorno, Figueroa le recriminaba que no podía salir adelante porque no trabajaba, en una dinámica que reforzaba el aislamiento y la subordinación.
En paralelo a ese contexto de violencia, la fiscalía expuso otro aspecto de la vida de la víctima: sus proyectos personales. Mercedes y Figueroa estaban casados desde 2013, y en anotaciones personales ella había dejado asentados sus deseos de “tener un amor sincero”, recibirse, conseguir un trabajo y viajar.
Ese objetivo no era solo una expresión, sino un camino en marcha. En julio, apenas un mes antes del crimen, Mercedes rindió cuatro materias, y la última de ellas la aprobó el día previo a su muerte, en lo que fue presentado como un dato clave para dimensionar su intento de reconstruir su vida.
Con ese contraste, entre los proyectos personales y el contexto de violencia, la acusación buscó trazar el escenario previo al femicidio ocurrido el 4 de agosto de 2023, en la vivienda que ambos compartían en el barrio privado El Tipal.
La primera audiencia, tras la lectura de la acusación y la incorporación de la prueba por lectura, pasó a un cuarto intermedio. El debate continuará en la próxima jornada con el inicio de las declaraciones testimoniales previstas.
