Suele ser un clásico del periodismo, ya que se suelen cruzar en cada situación que amerite ser difundida y unos quieren ingresar donde los otros se lo impiden.
La tensión entre el grupo variado que suelen formar los movileros, productores y camarógrafos que choca con el de los policías pende siempre de un hilo.
Y este hilo se cortó cuando uno de los policías atacó a un camarógrafo que lejos de poner violín en bolsa, reaccionó doblando la apuesta y casi se van a las manos.
Rápidamente el resto de los agentes percibió que enfrentarse a un turba de medios que están transmitiendo en vivo no es una buena idea y el policía terminó escondido en un patrullero.
