Acumular objetos en el hogar puede parecer una costumbre inofensiva, pero desde la perspectiva de la salud mental la psicología advierte que, en ciertos casos, este comportamiento puede tener explicaciones más profundas. Guardar cosas que ya no se utilizan, como ropa vieja, papeles guardados en cajas o dispositivos que dejaron de funcionar hace años, es una práctica bastante extendida.
Sin embargo, cuando una persona experimenta una gran dificultad para desprenderse de casi cualquier objeto, incluso de aquellos que ya no tienen utilidad, los especialistas señalan que pueden intervenir distintos factores psicológicos detrás de esa conducta.
CUAL ES EL SIGNIFICADO DE NO TIRAR NUNCA COSAS VIEJAS SEGÚN LA PSICOLOGÍA
Los especialistas explican que este comportamiento no siempre está relacionado con la falta de orden o con un simple problema de organización. En muchos casos, se vincula con una percepción alterada del valor de los objetos, el temor a necesitarlos en algún momento o un apego emocional muy fuerte hacia determinadas pertenencias.
Cuando aparece la idea de desprenderse de ellas, algunas personas pueden experimentar ansiedad, culpa o angustia. Si este patrón se vuelve persistente y empieza a afectar la vida diaria, puede asociarse con lo que la psicología denomina Trastorno de acumulación compulsiva.
Guardar objetos, de todos modos, no siempre representa un problema. El coleccionismo, por ejemplo, es una práctica muy extendida y para muchas personas constituye un hobby completamente saludable. En distintos lugares del mundo hay quienes reúnen artículos específicos —como monedas, libros, figuritas, juguetes o discos— por interés personal o pasión.
La diferencia principal entre coleccionar y acumular radica en la intención y el nivel de organización. Quienes coleccionan suelen elegir piezas concretas, buscarlas de manera selectiva y conservarlas ordenadas o exhibidas.
En la acumulación, en cambio, se guardan grandes cantidades de objetos que muchas veces no tienen utilidad real ni valor económico. Revistas antiguas, envases vacíos, cajas o papeles pueden terminar ocupando cada vez más espacio dentro del hogar, llegando incluso a invadir mesas, sillones, camas o la cocina, lo que dificulta actividades cotidianas como descansar o moverse con comodidad.
El psicólogo clínico José Antonio Portellano Pérez, profesor de la Universidad Complutense de Madrid, explicó al diario La Vanguardia que en el trastorno por acumulación las personas conservan objetos sin utilidad aunque su vida diaria pueda continuar aparentemente con normalidad.
Otro aspecto clave es la reacción emocional frente a la posibilidad de desechar algo. En el coleccionismo, desprenderse de una pieza puede resultar incómodo, pero no genera una angustia intensa. En cambio, en la acumulación compulsiva la idea de tirar un objeto puede provocar ansiedad, miedo a equivocarse o sentimientos de culpa. Desde la Anxiety and Depression Association of America (ADAA) explican que algunas personas creen que esos objetos son únicos o irremplazables, o que al deshacerse de ellos perderán el recuerdo de un momento o de alguien importante.
Si este comportamiento se intensifica con el tiempo, puede evolucionar hacia el trastorno de acumulación. Portellano señala que se trata de una condición crónica y progresiva cuyos síntomas suelen comenzar en la adolescencia y aumentar con los años, afectando la vida diaria alrededor de los 20 y generando limitaciones clínicas más significativas después de los 30.
Además, según la Mayo Clinic, este trastorno puede estar vinculado con otros problemas de salud mental, como ansiedad, depresión, trastorno obsesivo compulsivo o trastorno por déficit de atención e hiperactividad. Por ese motivo, cuando la acumulación empieza a interferir con la rutina cotidiana, los especialistas recomiendan buscar apoyo profesional.
Desprenderse de ciertos objetos puede resultar difícil, especialmente cuando existe un vínculo emocional fuerte. Sin embargo, los psicólogos sugieren desarrollar hábitos más conscientes respecto a las pertenencias para evitar una acumulación excesiva.
Una de las primeras estrategias consiste en analizar la utilidad real de cada objeto y preguntarse si realmente será necesario en el futuro. Portellano sostiene que liberarse de aquello que ya no sirve puede tener incluso un efecto liberador o catártico.
Otra herramienta útil es organizar los objetos en categorías claras —como “conservar”, “donar”, “reciclar” o “descartar”—. Este método facilita el proceso de orden y evita que los artículos vuelvan a guardarse sin una revisión previa.
