No será un modelo cambiario para toda la vida, pero por ahora funciona. La modificación en las bandas y en la política de intervención del BCRA en el mercado lograron que la preocupación por la acumulación de reservas quedara en un segundo plano. Hasta el FMI está satisfecho con los dólares que va consiguiendo el Central.
Con justa razón, el foco de los analistas se trasladó al casillero siguiente: el débil repunte de la actividad. La apertura económica, la competencia con China, la reforma laboral, todo sería más digerible si hubiera una recuperación que estimulara la inversión y el empleo.

En el pasado, los gobiernos siempre terminaban apelando a algún tipo de medidas que derivara fondos del sector público al privado. Los anuncios consistían en activar una “inyección de pesos”, a veces con aumentos para los jubilados por encima de la inflación o por obras públicas ejecutadas por cooperativas o municipios, por mencionar ejemplos. También se usó la variante reducción de impuestos (IVA o Ganancias, según el margen fiscal) como los que popularizó Sergio Massa al final de su gestión.
Hoy ese camino ya no existe como tal. Milei y Caputo no creen en el concepto de “gasto reactivador”, e incluso demostraron que el feroz recorte fiscal de 2024 golpeó a sectores como la construcción pero no hundió por completo el nivel de actividad.
Al Gobierno no le resulta indeferente este contexto de una economía “fría”. Evalúe el problema con atención, pero con menos ansiedad. Porque hay principios que no va a resignar y porque las herramientas que está dispuesto a usar tienen otros tiempos de madurez. Le conviene que baje la tasa en pesos, pero no puede inducir ese paso mientras la inflación no retome el sendero descendente.
Por eso la mirada está puesta en los dólares. Caputo aspira a que la Ley de Inocencia Fiscal genere algún tipo de efecto derrame. Las Alycs podrán recibir depósitos en moneda extranjera y dar una respuesta menos burocrática que los bancos.
También ofrecerán herramientas de inversión a los que traigan sus “canutos”. Las entidades financieras, por su lado, ahora están llenas de dólares que se acumularon durante el período de incertidumbre electoral, pero que no tienen destino, en parte porque “duermen” en cajas de ahorro y son difíciles de prestar. Por eso también esperan que el BCRA expanda (en el corto plazo) el horizonte de los créditos en moneda dura.
Caputo le pone fichas al motor reactivador que puede generar con dólares. Cree que puede crecer algo el crédito a empresas, justo cuando los flamantes beneficios del RIMI -que está en la reforma laboral- pueden darle ánimo a alguna pyme para revivir sus sueños de inversiones. ¿Alcanzará para mover la rueda? El rumbo no ofrece dudas. El plazo en el que se logrará no será corto.
