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Tini, íntima antes de llegar a Córdoba: “Normalicé un montón de cosas que, de repente, no eran normales”

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Repasar 15 años de carrera en tres horas, además de ser un gesto nostálgico, en el caso de Tini, es una declaración. En Futttura, no solo recorre su catálogo, sino que, además, revisita versiones de ella misma.

Y lo hace en un momento bisagra de su vida. Es que, a los 28 años, con una trayectoria que empezó cuando era una niña, Stoessel decidió apretar el freno, mirar por el espejo retrovisor y repasar todo lo que dejó en el camino para integrarlo.

“Siento que fui pasando por diferentes shows y propuestas a lo largo de mi vida”, explicó en diálogo con La Voz desde los Estudios Cuyo, en Martínez, Buenos Aires, donde se encontraba ensayando junto con su equipo para los shows del tramo sudamericano del Futttura World Tour.

La última había sido Un mechón de pelo, un proyecto radicalmente distinto a todo lo anterior. “Fue una propuesta totalmente desconocida para mí, en todos los aspectos: desde el álbum, las canciones, lo que hablaba, cómo estaba yo, y la puesta del show, la escenografía, todo”, recordó.

Pero, además de adentrarse en lo desconocido, Tini también encontró en ese lugar una incomodidad, la cual se transformó en semilla. “Me pasa siempre que para los shows pienso ‘¿ahora qué quiero? ¿Ahora qué me va a hacer sentir que voy a crecer o que me va a poner en un lugar de exigencia?’ Y dije, ‘¿y si me animo a recorrer todo lo que me pasó?’”.

Lo cierto es que, a pesar de su corta edad, que Stoessel se plantee esa pregunta no es algo menor, sobre todo teniendo en cuenta que se está hablando de una mujer que creció frente a cámaras.

El fenómeno Violetta no solo la catapultó al estrellato internacional: la expuso a una intensidad que recién hoy puede dimensionar. “Tengo una conexión muy especial con mis fans y con la gente que me sigue hace tiempo, para ellos Violetta fue muy especial. Hay muchas personas que crecieron con ese proyecto, otras que lo están descubriendo ahora en las plataformas”.

Sin embargo, en la charla, se percibe cierta despersonalización, como si Violetta hubiera sido otra, como si ese crecimiento que tuvieron los demás, a ella le hubiera costado mucho más. Tini misma lo confirmó al referirse a esa época y usar la palabra “sanar” para acompañarla. “Para mí, fue un proyecto que me marcó mucho y que hoy, cantándolo, me está sanando mucho también. Fue mucha información lo que viví en ese momento de mi vida. Era muy chiquita”.

Y desde ahí, su vida fue vértigo y vorágine. Ser una adolescente creciendo frente a la cámara, frente a millones y millones de personas que esperen que de su paso en falso para saltarle a la yugular. Hace relativamente poco se empezó a hablar de salud mental, en ese momento, todo era más difuso.

“Hice lo que pude siendo adolescente”, dijo Tini, sin vueltas ni tapujos. “Hoy en día uno habla de salud mental, aunque sigue siendo bastante un tabú, pero al menos está la conversación”.

Es cierto, hizo lo que pudo. Cuando empezó, no había herramientas. “En ese momento, hice cero terapia, Normalicé un montón de cosas que, de repente, no eran normales y que, con el pasar de los años, me hicieron explotar. Lo manejé mal”, dijo, aunque luego volvió sobre sus palabras y se corrigió: “O como pude”.

Recién en el 2020, cuando el mundo se paralizó por la pandemia de coronavirus, Tini pudo desacelerar y, por primera vez en su vida desde sus tiernos 14 años, encontrarse con ella misma. “Pude frenar y estar en casa. Ahí me empezó a caer la información y el entendimiento”, lo cual no fue gratis. La mente empezó a pesar.

Después, llegó el golpe más fuerte de su vida hasta el momento, el más íntimo y el que más la humanizó a la vista de sus fans: la enfermedad de Alejando Stoessel. “A partir de lo que pasó con mi papá, empecé a sentir un montón de cosas que no había sentido”.

Sin embargo, para ese entonces, la rueda había vuelto a girar y, mientras transitaba ese dolor, tuvo que seguir trabajando. “En medio de la recuperación de esa tristeza tan grande tuve que hacer todo lo que fue el tour de ‘Cupido’ y en el medio fue mi caída”.

Fue, entonces, cuando cedió a la ayuda y al proceso terapéutico.

“Empiezo con terapia y con un montón de especialistas para entender qué estaba pasando. Tuve que volver a esa niña, a esa adolescente, a escucharme, a entender qué me estaba pasando, aprender a poner límites, a decir que no a ciertas cosas”, reconoció y continuó con una enumeración reveladora: “Tuve que entender que hay lugares y personas con las que ya no quiero estar, con las que ya no quiero compartir; entender qué quiero hacer, quién quiero ser, cómo me quiero comunicar”.

Y agregó: “Hice el trabajo importantísimo de alejarme de las redes y leer constantemente información que en 15 años se me había metido en la cabeza. De repente, empecé a confundir comentarios que tenía grabados y pensaba que eran míos propios”.

La recuperación implicó un proceso de selección. “Cuando empecé a laburar mi vínculo con las redes, empecé a discernir qué era lo que yo pensaba y qué era lo que me habían metido en la cabeza”.

A pesar de todo eso, Stoessel no romantizó el proceso. “Fue doloroso pero lo necesitaba”, y como era de esperarse en una artista, ese dolor fue canalizado.

Cuando lanzó Un mechón de pelo, la vulnerabilidad se volvió palpable. “Había sacado ‘Cupido’; y en esa gira, que se veía todo tan lindo de afuera, en realidad la estaba pasando tan mal. Vi un video que me mostró una persona que quiero mucho y no me reconocí. Es terrible”.

En el camino de creación de su último disco, y de redescubrimiento propio, Tini enterró las manos en el barro y excavó en lo más profundo de su ser para encontrar sus verdades y poder sacarlas a la luz.

“Siempre me guardaba mucho, nunca salía a aclarar nada o casi nada, eso me resguardó de un montón de cosas, pero al mismo tiempo hubo varias que, sin darme cuenta, me fueron haciendo bastante mierda”, expresó y fue entonces cuando tomó la iniciativa de contar lo que pasaba puertas adentro.

“Necesitaba ser sincera con el público que me estaba viniendo a ver. Necesitaba contar a estas personas que me aman que estaba pasando por esto”, agregó.

Esa honestidad brutal que supo pulir para convertir en diamante cosechó sus frutos y, después de mucho tiempo anestesiada por la industria, Stoessel entendió su valor. “Nunca pensé que Un mechón de pelo terminaría siendo lo que fue, abrazó a un montón de gente”.

Sin embargo, junto con el abrazo llegó el cuestionamiento brutal. “Más allá de todo lo hermoso que recibí, también estuvo el hate masivo: que no era creíble, que necesitaban que muestre la medicación, los psicólogos, el video literal”, recordó, pero ya estaba fortalecida y la frase que sintetizó el quiebre fue simple: “¿Qué más me puede hacer? Ya está”.

En ese momento, sintió que pudo desprenderse de algo, como Rose DeWitt Bukater en Titanic cuando arroja el collar a las profundidades del mar. Esa liviandad de pensamiento tras enfrentarse a sus demonios le permitieron concebir una mirada conciliadora con su pasado y, así Futttura nació entonces como integración.

“La realidad es que, después de lo que me sucedió, quería sentir que podía unir a todas esas Martinas que me hicieron ser quien soy hoy, de alguna manera. Fue una sanación. Poder recorrer cada una de esas etapas y hoy cantarlo desde otro lugar… se unieron los mundos en la Martina que soy hoy”.

La propuesta fue ambiciosa: tres escenarios, tres horas, 15 años condensados: “Fue algo muy difícil de concretar porque la propuesta fue compleja en todos los aspectos, desde lo económico, pensar cada detalle, cada transición, los bailarines, el vestuario, las pantallas, cómo unir 15 años en un show de tres horas. Fue duro el proceso de armar Futttura, pero me cambió la vida”.

Martina detrás de Tini

Si algo desmonta la idea de estrella inalcanzable es verla hablar de sus ídolos. La fake news que se desparramó por X de una colaboración con Lady Gaga en la era de Chromáritica la sorprendió, y es lógico después de tanto esfuerzo por despegarse de la virtualidad. “¡No sabía lo de Lady Gaga! ¡Ojalá!”, exclamó, con su enorme sonrisa.

Entonces, surgió la pregunta, si no es Lady Gaga, cuál sería el artista con el cual le gustaría colaborar. Su mirada se llenó de luz y parecía derretirse en su silla. Un nombre hace que su racionalidad desaparezca: Justin Bieber.

Fue así como dio paso a una anécdota superpersonal: “Fueron los Grammys hace poquitito, y volvió Justin a los escenarios. Ya me vi la previa esperando que él entre con Hailey de la mano, estaba ‘chivada’ entera”, contó, entre risas, mientras sacaba su celular para mostrar una escena doméstica grabada en su celular: buzo negro, capucha, la cena en frente y llanto. Llanto acongojado y gritos de fanática.

“Después de mi reacción, me descompuse. Me descompuse y no pude ver a Gaga en vivo porque estaba descompuesta en el baño, ¿entendés lo que hace Justin en mí? Lloraba”, no hay un gramo de exageración en sus palabras.

“Nunca me va a pasar en la vida, pero me quedaría tiesa. Él no entiende cuánto yo lo amo”, dijo sobre la posibilidad de colaborar en algún tema.

Pero en la vida de Martina nada es imposible, considerando que tiene una colaboración con, nada más y nada menos, Coldplay, que le valió incluso una relación de estrecha amistad con Chris Martin.

La obsesión declarada es Bieber. “Hoy le volví a mandar un video a Rodrigo de Justin cantando y le dije: ‘Preguntame cuántas veces vi este video’. No tiene sentido, soy obsesiva”, autoproclamó.

¿Y si lo conoce? ¿Qué pasaría? “No sé si al día siguiente me recupero de poder levantarme de la cama si lo llego a conocer”.

¿Y si nos permitimos soñar con un featuring? “Me quedo tiesa. No sé si va a pasar. Si llega a pasar, me caigo de orto. Me tendría que hacer la normal, pero igual… me largo a llorar como Billie Eilish. Es todo para mí”.

Hay algo profundamente humano en esa escena: la artista global reducida a fan adolescente. Quizás porque entiende lo que significa caminar en esos zapatos de niña artista, evitó profundizar: “Mirá, no vamos a entrar en ese terreno porque… lo amo, lo amo con todo mi corazón”.

También admira a Beyoncé, a Shakira —“es amorosa, divina, muy tranquila”—; y en Argentina, a Wos: “Soy fan de Wos, él lo sabe, siempre se lo digo, pero todavía no tuve la oportunidad de hacer nada con él”. Y, si pudiera elegir una colaboración imposible: “Mercedes Sosa”.

Todo sobre Futttura en Córdoba

Futttura llega ahora a un estadio imponente como el Kempes, el 20 y el 21, en la previa y el día de su cumpleaños. La escala es gigante, pero la promesa mantiene el misterio.

“Va a haber una sorpresa para Córdoba, especial. Por mi cumpleaños, con una persona extremadamente especial para los cordobeses”, aseguró.

“Estén muy atentos porque la sorpresa que tenemos preparada va a ser una locura. Es increíble”, insistió. Pero, más allá de la sorpresa, lo que propone Futttura no es un espectáculo vacío, es su identidad y su proceso íntimo de reconstrucción ante el ojo público.

Una de las puestas en el escenario de Futttura en Buenos Aires. (Foto: Instagram)

Si bien no habrá tres escenarios, sí recorrerá sus 15 años de carrera, con nostalgia pero, más que nada, con apropiación. A través de este despliegue enorme, Martina decidió qué versiones de sí misma conservar, cuáles resignificar y cuáles soltar.

Después de todo, la niña de 14, la estrella adolescente, la artista pop, la mujer que cayó, la que se levantó, la que se alejó de redes, la que lloró frente al televisor viendo a Justin, son la misma persona. Y quizás por eso, cuando habla de Futttura, no suena a balance, sino a comienzo; y, por primera vez, a tener la libertad de inventar lo que viene.

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