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Ni Chile ni Uruguay: la ventaja invisible que Argentina todavía tiene y sus vecinos envidian

El capital humano —la salud, los conocimientos, las habilidades y la experiencia que las personas acumulan a lo largo de su vida— volvió al centro del debate económico global. No es un concepto abstracto: explica por qué algunos países logran crecer de manera sostenida, reducir la pobreza y generar empleos de calidad, mientras otros quedan atrapados en ciclos de bajo ingreso y estancamiento.

Un reciente informe del Banco Mundial, Construir capital humano donde más importa: en el hogar, el vecindario y el trabajo, advierte que en los últimos 15 años el progreso en este frente se ha desacelerado e incluso revertido en numerosos países de ingreso bajo y medio. Entre 2010 y 2025, dos tercios de estos países experimentaron deterioros en nutrición, aprendizaje o desarrollo de habilidades laborales.

La Argentina, junto con Uruguay, Brasil, Chile y Paraguay, enfrenta este desafío desde posiciones iniciales muy distintas. La comparación regional deja lecciones claras sobre qué funciona —y qué no— a la hora de invertir en el activo más estratégico del siglo XXI.

El estancamiento silencioso

El informe del Banco Mundial señala que el aprendizaje se ha estancado en muchas partes del mundo. En promedio, los niños de países de ingreso bajo y medio bajo muestran hoy niveles de rendimiento inferiores a los de hace 15 años. A la vez, el desarrollo de habilidades en el trabajo también presenta señales preocupantes: la experiencia laboral rinde mucho menos en economías con alta informalidad y baja productividad.

En América del Sur, el panorama es heterogéneo:

Chile y Uruguay partieron de sistemas educativos relativamente más robustos y con mayor estabilidad macroeconómica.

Brasil avanzó con políticas de transferencia de ingresos y ampliación educativa, pero arrastra profundas desigualdades territoriales.

Paraguay creció en términos macro, aunque con brechas importantes en calidad educativa y formalización laboral.

Argentina exhibe una paradoja: alto nivel histórico de cobertura educativa y universitaria, pero caída sostenida en los aprendizajes y deterioro del mercado laboral formal.

El problema ya no es sólo de acceso, sino de calidad y de integración entre educación, entorno social y mercado de trabajo.

Ventaja estructural

Argentina todavía cuenta con ventajas comparativas relevantes: tradición universitaria, masa crítica profesional, red científica y tecnológica, y una cultura que históricamente valoró la educación.

Pero el estancamiento educativo, la pobreza estructural y la informalidad laboral amenazan esa base.

La experiencia de Uruguay y Chile muestra que estabilidad macroeconómica y políticas sostenidas permiten avances graduales pero firmes. Brasil evidencia que la reducción de pobreza puede convivir con desigualdades persistentes si no se atacan los entornos territoriales. Paraguay recuerda que el crecimiento por sí solo no garantiza desarrollo del capital humano.

El capital humano no se construye sólo en el aula. Se construye en la mesa familiar, en el barrio y en la fábrica. Y si esos tres espacios no están alineados, el crecimiento económico pierde su motor más importante.

El hogar: la desigualdad empieza antes de la escuela

Uno de los aportes centrales del informe es cambiar el enfoque tradicional —centrado en sectores o etapas del ciclo de vida— por uno basado en los entornos donde se construye el capital humano: el hogar, el vecindario y el trabajo.

En el hogar se define buena parte del destino educativo. El estudio muestra que, en distintos países, los hijos de madres con menor nivel educativo presentan brechas de vocabulario y matemáticas desde antes de ingresar a la escuela, y que esas diferencias persisten durante toda la trayectoria escolar.

En Argentina, donde más del 40% de los niños vive en situación de pobreza, el impacto es directo. La inseguridad alimentaria, la falta de acceso a bienes culturales y la inestabilidad laboral de los padres afectan el desarrollo cognitivo temprano.

Comparación regional:

Uruguay ha consolidado políticas de primera infancia más integrales, con fuerte articulación entre salud, educación inicial y protección social.

Chile desarrolló programas focalizados como Chile Crece Contigo, orientados a acompañar el desarrollo infantil desde el embarazo.

Brasil, con Bolsa Família, logró reducir pobreza extrema y mejorar indicadores de escolarización, aunque los resultados en calidad siguen siendo desiguales.

Paraguay enfrenta mayores limitaciones fiscales para sostener programas de amplia cobertura.

Argentina cuenta con instrumentos como la AUH, pero la inestabilidad macroeconómica erosiona su impacto real y complica la continuidad de políticas de largo plazo.

El código postal importa

El informe destaca que el lugar donde se crece influye de manera determinante en la acumulación de capital humano. En Brasil, por ejemplo, los hijos de padres de bajos ingresos que crecieron en vecindarios más favorecidos completaron más años de escolaridad, accedieron con mayor probabilidad a empleo formal y duplicaron ingresos en la adultez respecto de quienes crecieron en barrios más pobres.

La enseñanza es contundente: no alcanza con transferencias monetarias si el entorno está degradado.

En Argentina, la brecha entre el norte del país y la región pampeana, o entre el conurbano profundo y zonas de mayor ingreso, reproduce desigualdades estructurales:

Se destacan: la calidad dispar de escuelas y centros de salud, infraestructura deficiente, problemas de violencia, narcotráfico en áreas urbanas, además de servicios públicos deteriorados.

Chile y Uruguay lograron mayor homogeneidad territorial en servicios básicos. Brasil muestra enormes contrastes entre estados. Paraguay combina crecimiento con déficit de infraestructura rural.

La experiencia regional confirma que la inversión en saneamiento, agua potable, transporte y seguridad no es solo política social: es política de capital humano.

Dónde se aprende el trabajo

Tradicionalmente, se pensaba que el capital humano se adquiría en la escuela y se utilizaba en el empleo. El informe sostiene lo contrario: en el trabajo también se genera capital humano.

Pero en economías con alta informalidad, esa acumulación es limitada. En países de ingreso bajo y medio, alrededor del 70% de los trabajadores se desempeña en agricultura de pequeña escala, autoempleo de baja productividad o microempresas. Allí la capacitación formal es escasa y la rentabilidad de la experiencia es mucho menor.

Argentina enfrenta un problema estructural: más del 35% de informalidad laboral y caída del empleo formal privado en la última década.

En cambio, Uruguay mantiene una de las tasas más altas de formalidad laboral en Sudamérica. Chile combina mercado laboral flexible con mayor integración a cadenas globales. Brasil oscila según el ciclo económico. Paraguay presenta informalidad elevada pero con crecimiento del sector agroexportador.

El desafío argentino no es solo crear empleo, sino generar empleo que enseñe: empresas que inviertan en capacitación, sectores con mayor incorporación tecnológica y articulación entre sistema educativo y sector productivo.

La agenda pendiente

El informe subraya que fortalecer el capital humano requiere políticas coordinadas entre hogar, vecindario y trabajo. También plantea la necesidad de herramientas como registros sociales integrados, gestión de casos y ventanillas únicas para articular beneficios y servicios.

En la región, Chile avanzó en integración de información social. Uruguay consolidó sistemas estadísticos robustos. Brasil desarrolló registros sociales amplios para sus programas de transferencia.

Argentina enfrenta desafíos de coordinación federal y fragmentación institucional. Sin datos de calidad y sin continuidad de políticas, el capital humano se erosiona silenciosamente.

El capital humano no se construye sólo en el aula. Se construye en la mesa familiar, en el barrio y en la fábrica. Y si esos tres espacios no están alineados, el crecimiento económico pierde su motor más importante.

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