Clara Kovacic, la consagrada «Scream Queen» del cine de terror argentino, atraviesa un presente de gran proyección internacional. Con una formación que incluye el dominio de varios idiomas y un debut en Hollywood en la película Don’t Look Up (2021), la actriz ha demostrado su capacidad para «subir la vara» en proyectos de alto nivel, como su reciente trabajo junto a Guillermo Francella, Homo argentum.
Su nuevo desafío ahora la sitúa en el centro de la escena con la primera ficción de Telefe en mucho tiempo, producida íntegramente en formato vertical. En esta innovadora propuesta, Clara asume el rol de Daniela Christiansson, la pareja de Maxi López, para recrear las tensiones y el magnetismo del recordado «Wandagate» en una trama que combina la realidad con el ritmo de la comedia.

En diálogo con GENTE, la actriz profundiza en el proceso de construcción de este personaje y la dinámica de trabajo con los propios protagonistas de la historia. Y con una mirada aguda sobre el poder estratégico de Wanda Nara, a quien define como la «Kim Kardashian argentina», nos introduce en los secretos de un rodaje de la autoficción que promete dar mucho que hablar.

–Te toca meterte en la piel de Daniela Christiansson, “la sueca”, ¿cómo y quién te convocó para el proyecto?
–Para este proyecto me convocó una agencia que estaba buscando justamente alguien del perfil y que, además, supiera un idioma por fuera del español y el inglés, digamos. No sabía sueco pero es un idioma que, de alguna manera, es muy parecido al croata (idioma que ella domina gracias a sus ancestros). Entonces fue una opción para presentar.
–¿Qué fue lo primero que hiciste para prepararla?
–Me puse a ver videos de Daniela hablando, obviamente. Investigué que ella sabe siete idiomas y vi que con Maxi usa también el italiano para hablar. En el español que ella usa se nota mucho el acento italiano, que también es un acento propio de los argentinos. Entonces estuve atenta más que nada a la cadencia que ella tiene al pronunciar las palabras.
Porque su cadencia, por más de que esté hablando con una mezcla de italiano, también tiene un poco del sueco ahí. El sueco tiene una particularidad que es más agudo y más con cadencia final hacia arriba. Nosotros tenemos una cadencia quizás más neutra o solemos ir para abajo, y ella la lleva para arriba. Así que eso también fue lo que me gustó meter en el personaje.

–En una historia donde todo el mundo cree saber “la verdad”, ¿qué significa interpretar a uno de los lados del Triángulo amoroso?
–Para mí siempre es un placer poder trabajar y hacer historias diferentes. En este caso una comedia; se me asocia mucho con el terror, así que para mí, cuando se puede jugar por fuera del lugar donde uno siempre suele caer, es muy divertido. Y en este caso hubo una diversión muy fuerte en el rodaje, así que lo disfruté un montón.
–¿Cómo es tu vínculo –en la ficción y fuera de cámara– con Maxi y Wanda?
–Con Maxi tenemos muy buena onda. La verdad es que él vino el primer día muchísimo más temprano de lo que lo habían citado, pero porque quería practicar. Se notaba que estaba un poco nervioso con esta nueva aventura que le tocaba hacer de actor. Y nos sentábamos, hablábamos, pasábamos texto… es un tipo muy comprometido y es un amor de persona.

Y Wanda es también un amor. No estuve tanto tiempo con ella porque estaba trabajando un montón con otras actividades a la par de la serie. Entonces ella terminaba de filmar y se iba rápido. Quizás teníamos más espacio para charlar con el resto del elenco, mientras que Wanda de repente se tenía que ir a trabajar a otro lugar muy rápido. Pero la verdad es que es muy divertida, una persona muy inteligente, muy viva. Ver el vínculo entre ella y Maxi López es muy divertido de ver y es genial trabajar en un trío dinámico así.
–Si tuvieras que definir en una escena qué representa Daniela en esta historia, ¿cuál sería y por qué?
–Creo que la historia es bastante más centrada en la perspectiva del mundo según Maxi y Wanda, y creo que el personaje de Daniela está más orientado hacia la comedia, más ficticio de lo que realmente es. La representa que es una mujer elegante, es una mujer fina, y todo eso está graficado en cómo me vistieron, en cómo me peinaron… todo eso está muy caracterizado. Por lo menos lo físico está, y bueno, después todo lo demás es una creación mía. Yo creo que es ficción por más de que está basado en hechos reales de cosas que suceden.
–¿Te sorprendió algo de Wanda? Algo que dijeras: “ok, esto no me lo esperaba”.
–No sé si me sorprendió, porque creo que ella es tal cual es en la vida cotidiana, como se la ve en las entrevistas. Creo que no hay nada que aparente. Ella es muy «ella» en cualquier tipo de circunstancia. A mí me gusta mucho ese tipo de personas a las que no les importa nada lo que digan o lo que piensan los demás, que van para adelante. Cuando la vi hablar y contar sus cosas me gustó que siempre dice lo que piensa y es de las que va directo al punto. Y es muy divertida.

–En lo personal, ¿te enganchaste con el Wandagate en su momento o lo miraste de lejos como quien ve una serie?
–Sabés que la serie en su momento se iba a llamar «Wandagate» y ahora cambió… ojalá le vuelvan a poner así Triángulo amoroso: Wandagate. Obviamente estaba al tanto porque todo llega y fue algo muy masivo, pero en ese momento yo estaba filmando justo dos películas a la vez; estaba rodando Homo Argentum y Un susurro invocó mi nombre, entonces estaba momento muy estresante donde vivía en un set. Pero obviamente, independiente de lo que se escucha, se lee o se ve, es difícil no seguirlo, aunque no de una manera donde pueda tener un conocimiento muy elaborado sobre todo.
–¿Qué creés que genera Wanda como personaje público para que todo lo que toca se vuelva relato? ¿Es estrategia, intuición o magnetismo puro?
–Wanda es la Kim Kardashian de Argentina, no hay lugar a dudas de que lo es. Es una persona que se mueve muy bien, que sabe lo que hace, y no creo que nada sea porque sí.

–¿Cómo viste la elección de Eugenia Suárez, interpretada por Débora Nishimoto, dentro de este universo? Como aparente estrategia de Wanda, suena genial.
–Me cuesta contestar esta pregunta porque Débora es una actriz buenísima, yo he trabajado con ella en varias ocasiones, la conozco hace bastante y me encanta que esté haciendo este personaje. No sé si puedo avanzar un poco más en contestar esa pregunta porque no puedo spoilear la trama de la historia todavía, porque hay una trama que existe y que todavía no se puede contar.
–Esta historia tiene capas: amor, traición, exposición. ¿Cuál sentís que es la que más pesa cuando estás actuando?
–Para mí pesa la comedia en el personaje. Al menos en el personaje que yo hago, que tiene dramatismo, porque entra en drama, pero creo que casi todo el guion está compuesto desde la comedia más que nada y eso lo hace liviano. Yo creo que la gente se va a divertir mucho.
–El formato vertical tiene otro pulso, más íntimo, más directo: ¿cómo creés que va a recibir la gente esta serie?
–Es un formato nuevo y que está de moda, y con el que la gente conectó, así que es el momento. Todo el mundo está enganchándose con lo vertical. Y es la primera producción de Telefe de ficciones después de tanto tiempo, yo creo que va a hacer mucho ruido. Además es el Wandagate, estamos hablando de muchas cosas que van a ser atractivas para el formato vertical. Es muy divertida, vuelvo a decir: es una comedia al 100%.

–Contame una anécdota de rodaje que haya sido un caos hermoso o un momento donde todos se tentaron y no pudieron seguir.
–Te juro que el «caos hermoso» caracteriza la mayoría de mis rodajes. Este fue un rodaje donde siempre se corre atrás del tiempo porque uno no llega al final del plan; entonces sacamos escenas, ponemos, agregamos, improvisamos… A mí me gusta mucho improvisar y me dejaron hacerlo. Recuerdo que una vez subimos todos a una combi porque nos dijeron: «Tenemos que ir a otro lugar a filmar».
Parecía que nos íbamos de viaje, nos metemos todos los técnicos y los actores en la combi, estábamos ahí todos, salimos de Telefe, hacemos 20 metros y entramos a otra parte de Telefe. Ese fue todo el viaje. Parecía que estábamos de gira y en realidad hicimos 20 metros para ir al otro lado del estudio, nada más. Fue muy divertido.

–¿Te llevaste algo del personaje a tu vida real? Alguna actitud, una forma de plantarte, un silencio.
–A mí me gustó mucho hacer el acento de Daniela. Fue lo más lindo porque, claramente, encontrar diferencias con lo que ya hice es clave. Es la primera vez que hago un personaje con un acento extranjero hablando en español. He actuado hablando en inglés, en italiano, en francés, pero nunca me tocó hacer de una extranjera hablando español con ese acento.
–Esta historia habla mucho de versiones: ¿creés que existe “la verdad” o sólo narrativas o relatos mejor contados?
–Yo creo que existe una verdad y también las distintas percepciones que tenemos de ella. Creo en lo empírico, eso es innegable, pero nosotros hacemos la propia reescritura de lo que sucede y cada uno se va a afectar según su personalidad. Para una persona puede ser algo dramático, para otra algo triste. Creo en los hechos, creo en la ciencia, pero nosotros somos seres que percibimos la vida desde lo emocional. Hay gente que se ríe de una tragedia por una reacción nerviosa, hay gente que se enoja o gente que se queda callada. Pero el mundo existe allá afuera, atado a lo que sucede; los hechos existen y no son inventados. La interpretación es lo que está atravesado por la subjetividad, como pasa con la historia que contamos en esta serie, ¿no?
Fotos: gentileza C.K. y archivo GENTE.
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