La investigación por la muerte de Benjamín Scerra (19) sumó en las últimas horas un avance clave y perturbador: la autopsia preliminar determinó que el joven fue asesinado con más de 20 heridas de arma blanca y que parte de esas lesiones fueron efectuadas en una zona vital del cuello.
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El caso se tramita en Santa Fe y está a cargo del fiscal Aquiles Balbis (San Lorenzo), luego de que el cuerpo fuera hallado en el área conocida como monte de Celulosa, en el límite entre Granadero Baigorria y Capitán Bermúdez, tras varios días de búsqueda.
El dato más contundente del informe forense es el nivel de violencia. Balbis informó que los peritos constataron “más de 20” lesiones cortopunzantes distribuidas en distintas partes del cuerpo, con al menos seis concentradas en el cuello, consideradas determinantes para el desenlace.

Para la fiscalía, esa concentración en una zona vital refuerza la hipótesis de un ataque destinado a matar y abre preguntas sobre cómo se desarrollaron los minutos finales del joven.
Pero la autopsia no solo habló de heridas: también encendió alarmas por lo que pasó después. A partir del escaso nivel de putrefacción observado al momento del hallazgo, los investigadores deslizaron una presunción inquietante: el cuerpo habría sido preservado —posiblemente en un entorno refrigerado— durante varias horas (o más) antes de ser trasladado y descartado.
Ese punto, remarcaron, todavía debe ser afinado con estudios complementarios para establecer con mayor precisión la data de muerte y el recorrido posterior del cadáver.
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En la misma línea, el Ministerio Público remarcó que el lugar donde apareció el cuerpo no sería la “escena primaria” del homicidio. Las pericias detectaron lesiones post mortem compatibles con un arrastre, lo que refuerza la idea de que Benjamín fue asesinado en otro sitio y luego trasladado hasta el monte.
Según las reconstrucciones publicadas, el cuerpo estaba oculto entre la vegetación, tapado con chapas y ramas, un intento de ocultamiento que, lejos de cerrar el caso, multiplicó las líneas de investigación: ¿dónde ocurrió el ataque? ¿Quiénes participaron del traslado? ¿Cómo lograron “conservar” el cuerpo antes de abandonarlo?
La historia del caso se volvió angustiante desde el comienzo. Benjamín estaba desaparecido desde el 8 de mayo, y durante casi una semana la causa se movió como una búsqueda de paradero, con la familia multiplicando pedidos y rastreos.
Con el correr de los días, la pesquisa se alimentó de testimonios, rumores y pistas que circularon en la zona. Distintas crónicas señalan que un dato aportado en el barrio terminó empujando a los investigadores hacia el sector de El Espinillo, donde finalmente se produjo el hallazgo.
Con el resultado preliminar de la autopsia, la fiscalía consolidó una hipótesis de trabajo: el crimen se habría desencadenado durante una reunión privada con consumo de bebidas que derivó en un conflicto interpersonal.
En ese marco aparecen dos nombres claves en la reconstrucción judicial: dos hermanos habrían estado involucrados en la discusión. De acuerdo con lo informado, uno está detenido por su presunta participación en una reyerta previa, mientras que el otro permanece prófugo y es señalado por los investigadores como el presunto autor material del homicidio.

La causa, sin embargo, no avanza en un escenario “limpio”. Uno de los elementos más graves para los investigadores es la destrucción de posibles lugares vinculados a los hechos. Tras conocerse el hallazgo, se registraron disturbios en la zona de El Espinillo y, según informaron medios locales, fueron incendiadas viviendas precarias y también un vehículo que habría estado asociado al principal sospechoso.
La fiscalía advirtió que esa violencia posterior complica la búsqueda de la escena primaria: si el crimen ocurrió en un área que luego fue quemada o alterada, la posibilidad de levantar rastros, huellas y evidencia material se reduce de manera dramática.
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