En su última participación al aire en “A la tarde”, el ciclo de América TV conducido por Karina Mazzocco, Luis Ventura se quebró en vivo y protagonizó una despedida tan emotiva como inesperada para un personaje acostumbrado al filo y a la polémica.

Fue en un programa atravesado por el contexto del levantamiento del envío, con un estudio que ya venía cargado de clima de cierre, cuando el periodista tomó la palabra y, entre lágrimas, dejó en claro que lo que se terminaba no era solamente un trabajo: era un vínculo cotidiano con un equipo.
El momento más comentado llegó cuando Ventura, con la voz quebrada, le habló directo a Mazzocco y al resto de sus compañeros como si estuviera cerrando una etapa personal. “Yo no me voy de acá: los llevo a todos en el corazón y van a estar conmigo”, dijo, mientras la conductora lo sostenía con gestos de contención y le devolvía el afecto en cámara. La frase se transformó en el resumen perfecto del tono que dominó el tramo final: agradecimientos, nostalgia y esa emoción a flor de piel que pocas veces aparece sin filtro en un programa de actualidad y espectáculo.
Ventura también puso en palabras el peso de los años: recordó que fueron cinco temporadas de trabajo y definió ese recorrido como “un momento importante” en su vida. En esa misma línea, lanzó otra confesión que terminó de darle humanidad a la escena: “No me quedé acá por la guita, me quedé porque me sentí bien”, remarcó, subrayando que lo que lo retuvo en el ciclo fue el clima de grupo más que cualquier otra variable.
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En un medio donde las internas suelen tapar lo afectivo, el periodista insistió con una idea que resonó fuerte: en esa redacción y en ese estudio, todavía encontraba algo que no siempre abunda.
Esa frase conectó con el cierre más potente de su despedida, cuando definió qué se llevaba de “A la tarde” en términos casi de manifiesto. “De acá me llevo a todos. En A la Tarde aprendí que la buena gente existe”, afirmó, antes de completar con una reflexión sobre la “palabra empeñada”, la solidaridad y la bondad, conceptos que eligió como contracara de una televisión que —según él mismo viene sugiriendo en los últimos días— funciona bajo lógicas de negocio y desgaste. En paralelo, Mazzocco lo tomó de la mano y le deseó suerte para lo que viene, en una escena que se sintió más íntima que televisiva.
La emoción, además, no ocurrió en un vacío: llegó después de semanas de ruido alrededor del futuro del programa y de la grilla de América. A comienzos de mayo, Ventura ya había reaccionado al anuncio del final del ciclo con un descargo donde remarcó que la televisión es “prueba y error” y que “lo que para muchos es pérdida, para otros es ganancia”, defendiendo al mismo tiempo que “A la tarde” “marcaba agenda”. Ese antecedente dejó instalada la idea de un cierre con tensiones y rumores, que la despedida del viernes terminó de convertir en un final con lágrimas, pero también con mensajes hacia adentro del canal y del medio.
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