Daniela De Lucía todavía está asimilando todas las emociones que atravesó después de su salida de Gran Hermano (Telefe). Pasaron apenas unos días desde que dejó la casa más famosa del país, pero el impacto de la experiencia sigue completamente presente en ella. “Es una montaña rusa emocional total”, resume en diálogo con GENTE, mientras intenta ponerse al día con todo lo que ocurrió y empieza a pensar en una posible vuelta al reality si la gente la vota en el repechaje.
“Son mis dos versiones, la buena y la no tan buena”, dice entre risas durante la producción de fotos, en la que alterna entre un look más clásico de camisa y otro estilo rocker, con corset negro, capa medieval y lentes oscuros. Esa dualidad también representa su paso por el programa: la participante estratega y divertida convivió con una Daniela mucho más introspectiva, atravesada por una pérdida personal que marcó por completo su estadía y también por el silencio, en ocasiones, para analizar todo lo que pasaba a su alrededor.

A menos de 48 horas de haber ingresado a la casa, recibió la dura noticia de la muerte de su padre. Tuvo que salir para despedirlo, acompañar a su mamá en Tandil (su provincia natal). Contra todos los pronósticos, decidió regresar al juego. “Lo último que hice antes de entrar fue ir a tomar unos mates con él (su papá). Sin saberlo, lo sentí como una despedida importante, especial”, recuerda con la voz entrecortada sobre aquel encuentro que hoy resignifica desde otro lugar.
Dentro del reality ella transitó el duelo casi sin decirlo. Frente a sus compañeros intentó mantenerse entera, «porque el juego así lo requería», aunque admite que el confesionario se convirtió en el espacio donde pudo quebrarse y mostrarse más vulnerable. “Lloré muchísimo ahí adentro. Hacía dos años que no lloraba tanto”,cuenta. El proceso que vivió junto a su padre durante años, marcado por el Alzheimer y el deterioro neurológico, también la ayudó a entender la pérdida desde una perspectiva distinta. «Lo siento como un tema transitado», asegura.

Lejos del perfil tradicional de participante de reality, Daniela llegó al formato con un recorrido previo como escritora y coach. Tiene tres libros publicados, un máster ejecutivo en Harvard University y asegura que entrar a Gran Hermano fue una apuesta personal. “La tele para mí era una ventana al mundo desde Tandil”, dice hoy, al tiempo que analiza su paso por el programa y reconoce que volvería “mil veces más, aunque con una estrategia completamente diferente».

La última charla con su papá antes de entrar a Gran Hermano
-Cuando tenías apenas unas horas en la casa recibiste la noticia de la muerte de tu padre. ¿Qué fue lo más duro de ese momento?
-Fue un shock total porque no lo esperaba. Me dieron la noticia en el confesionario al día y medio de entrar. Al contárselo a mis compañeros, busqué bajar el dramatismo: ni siquiera quería decir que había fallecido, sino que tuve un problema familiar. Hice fuerza para no llorar y les dije que era algo “esperable”, aunque por dentro no lo sentía así. Mi papá tenía Alzheimer, una infección urinaria y problemas neurológicos que le quitaron la movilidad. Hacía tiempo que con mamá veíamos que ya no era él; es ese duelo en vida que uno hace cuando el ser querido ya no está lúcido.
-Claro. No era algo que esperabas que ocurriera a corto plazo.
-Exacto. Fue un proceso de un par de años, pero no pensé que fuera a fallecer tan pronto; Esperaba que estuviera cinco años más. Antes de entrar fui a Tandil a tomar unos mates con él. Sin saberlo, lo sentí como una despedida importante, diferente, especial. Agradezco a Gran Hermano ese abrazo de despedida antes de irme.
-¿Se dijeron algo en aquel momento?
-Le dije que me iba a trabajar a un programa y que me vería mucho por la tele. Él no entendía demasiado, pero le comenté que era un proyecto importante y que me sentía feliz porque se trataba de algo bueno para mi carrera. Él, que trabajó desde los 12 años y me inculcó lo de ser un tanto workaholic, el valor del trabajo: es algo que llevo gracias a papá. Lo sentí como una despedida importante porque no sabía cuánto tiempo estaría sin verlo. Fue ese abrazo de decir: «Me voy por un tiempo y quiero que estés bien».

Cómo atravesó el duelo dentro de la casa
-¿Cómo fue volver a Tandil cuando recibiste la noticia y ver que ya no estaba él?
-Me dieron la noticia y fui en auto directamente de la casa a Tandil a ver a mi mamá. Soy hija única, ellos compartieron una vida de más de medio siglo, así que era importante acompañarla. Hicimos la ceremonia y fuimos a Mar del Plata a esparcir las cenizas en un lugar que él amaba. Con mamá tuvimos una conversación y ambas sentimos que papá ya no estaba sufriendo y que debíamos estar bien y seguir con la vida.
-¿Tu decisión de volver tuvo que ver con lo que él hubiese querido que hagas?
-Me pregunté qué hubiera querido él, y estoy segura de que hubiese querido que yo volviera. No lo busqué, pero Telefe me hizo un seguimiento con mucha calidez humana y contención. En un llamado me preguntaron si estaba para volver, y contesté que sí porque es lo que mi papá hubiera hecho, aunque fuera con una mochila emocional.

-¿Sentís que pudiste duelar estando adentro del reality?
-Lloré mucho en el confesionario; hacía dos años que no lloraba tanto. En Tandil me cayó todo encima, y luego fue un proceso lento. Soy una persona que siempre está muy arriba y divertida, pero las primeras semanas no podía ni quería fingirlo; no tenía esa energía. Mi primer mes pude haber sido una persona más apagada, sin embargo tuve un buen acompañamiento terapéutico dentro de la casa.
-Contaste que tu papá sufría de Alzheimer: ¿qué es lo más difícil para la familia, que acompaña un proceso así?
-Sentir que la persona está físicamente pero su alma o espíritu ya no se encuentra ahí; que ya no te reconoce o no sabe quién sos. Eso, sumado a un problema motriz, ya que la persona queda paralizada física y mentalmente. Es muy duro. Fueron varios años. Se trata de un proceso de aceptación. Me siento en paz y lo siento procesado.
-Sos coach profesional, ¿te ayudaron esas herramientas para atravesar un momento como éste?
-Sí, porque busco enfocarme en lo que hay y no en lo que no hay. Si me enfoco en la pérdida, el vacío va a estar siempre. La última foto que me saqué con mis papás tomando mate me acompañó en la casa todo el tiempo.

Su costado de escritora y por qué decidió entrar al reality
Antes de ingresar a Gran Hermano, Daniela ya había construido una carrera ligada al coaching y al desarrollo personal. Publicó varios libros enfocados en autoestima, vínculos y crecimiento emocional, entre ellos Estás para más, Desbloquea tu próximo nivel y La Reina: 27 leyes para ser respetada, valorada y magnética en el amor.
Sus obras combinan experiencias personales, herramientas de coaching y mensajes motivacionales con un tono cercano y directo. A través de sus libros, busca incentivar el amor propio, la superación personal y el fortalecimiento de las relaciones.
-Con carrera en coaching y siendo escritora, tenés un perfil atípico para Gran Hermano. ¿Por qué decidiste entrar?
-Me pareció un desafío personal y a la vez un aporte distinto para el programa. También fue un riesgo porque tengo tres libros publicados y un máster ejecutivo en Harvard. Pero amo la televisión desde mis tiempos de pequeña en Tandil. La tele me abrió a conocer otros mundos. Vi una oportunidad de llegar a más gente con el coaching o como persona, y me encantó la experiencia. La haría mil veces más.

-Si escribieras un libro sobre tu paso por la casa, ¿qué título tendría?
-Podría ser La vida a 3X. Como cuando escuchás un audio a velocidad rápida en Whatsapp: vivir en ese mundo tiene una velocidad extrema comparada con la vida real. La intensidad es un gran aprendizaje; todos aprendimos algo de nosotros mismos, como a vivir mejor afuera porque esa casa te desafía minuto a minuto.
-¿En qué momento soñaste con ser escritora y qué encontrás en esos momentos de inspiración?
-Encontré un mundo impensado. No soñaba con ser escritora, pero a raíz del coaching tuve la propuesta de escribir un libro y la acepté. Mi primer libro, Estás para más, ya va por su octava edición y ha llegado a manos de gente que no me conocía. Escribir te saca lo que ni vos sabés que pensás, es un viaje hermoso. Seguramente seguiré escribiendo y ojalá siga en este mundo de la televisión, que me gusta y me acerca a la gente.

Qué le dejó Gran Hermano y qué cambiaría si volviese
-¿Con qué te quedás de tu paso por Gran Hermano?
-Estoy muy bien, feliz de haber vivido la experiencia Gran Hermano, que es única, irrepetible y una montaña rusa emocional total. Extraño la casa. Como dice Santi, «todos los que pasamos por ahí queremos volver, por ese magnetismo que tiene». Extraño el día a día, levantarme, e incluso a mis compañeros, lo cual es mucho decir (risas). Estoy viendo qué pasó en el afuera. Ci algo de redes, aunque no demasiado, para no abrumarme. Quería entender la ‘temperatura’, qué gustó y qué esperaba la gente, porque adentro uno siempre se pregunta qué querrán afuera. Esta edición fue única, se tocaron temas «heavy metal» y se vivió con mucha intensidad, especialmente al principio.

-Dicen que la casa saca lo mejor o lo peor de cada uno. En tu caso, ¿qué sentís que explotó de tu personalidad?
-Creo que se vio mi paciencia y templanza. Como decía Andrea Del Boca, quien nos dejó en la primera semana: “Elijo mis batallas”. Se trata de saber dónde subirse y qué discutir para tener ese control en el día a día. A veces me decían que no era yo misma porque no respondía mal o no estaba de mal humor, pero ésa que esperaban no soy yo.
-¿Qué fue lo primero que hiciste al salir de Gran Hermano?
-Comunicarme con mi mamá por videollamada. Si bien ella tenía miedo por lo que veía en el programa, me dijo: «Estoy feliz porque fuiste vos misma, nunca perdiste tu esencia».

-¿No había nada de personaje en cómo te mostraste?
-Sé que soy un poco insoportable para los que se levantan de mal humor, porque siempre me levanto contenta y cantando, pero así soy en la vida real. No se puede sostener un personaje por 78 ó 79 días, con cámaras enfocando todo el tiempo, ¡en algún momento el personaje se sale! Mi personalidad es buscar lo positivo y elegir cuándo pelear. Lo que sí siento es que me faltó plasmar mi estrategia en resultados concretos, porque soy de construir como una hormiga a largo plazo, y en la casa el largo plazo es minuto a minuto.

-¿Eso harías si volvieras?
-Tendría estrategias diarias. En lugar de empezar algo el lunes para el domingo, buscaría resultados para ese mismo lunes y se lo contaría a la gente. También buscaría un equipo cómplice. Aunque uno entra y se va solo, llegás más lejos en equipo. Al principio tenía a «Los Ángeles de Santi» con Mavinga, Andrea y Shippio; éramos afinidad y estrategia, pero el grupo se desarmó. Después me quedé más sola y no tuve la habilidad necesaria para unirme rápido a otro equipo que me ayudara a concretar mis planes.
Fotos: Rocío Bustos
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