Benjamín Scerra, de 19 años, tenía un sueño claro y estaba trabajando duro para poder conseguirlo. Es que el joven asesinado de una puñalada en el cuello en Granadero Baigorria, provincia de Santa Fe, estaba muy cerca de concretar su mayor deseo en la vida: cruzar el Océano Atlántico para mudarse junto a su mamá, Cintia, quien vive en Italia.
Siempre de acuerdo a quienes lo conocieron, Benja, como lo llamaban en su ciudad natal, trabajaba sin parar en el negocio de su padre, Félix, más poder ahorrar el dinero necesario que le permitiría volar a Europa. Pero la violencia decidió poner un punto final a sus ilusiones de la manera más cruel.
En las últimas horas, trascendieron los detalles de una vida marcada por la cultura del trabajo y el amor filial. Su objetivo era poder viajar a Italia para reencontrarse con su mamá, Cintia, quien reside en Europa desde hace un tiempo.
Para financiar esa travesía, Benjamín no esperó milagros: se puso el delantal y, codo a codo con su padre, montó un emprendimiento de venta de pollos. Incluso, el mismo viernes de su desaparición, el joven había estado cocinando para el negocio, preparando los pedidos que ayudarían a pagar ese ticket a la libertad y al afecto.

Según trascendió, había una condición que Benjamín respetaba a rajatabla antes de emprender la partida hacia el reencuentro con Cintia: tenía que terminar sus estudios. En el medio, también hubo altibajos. De hecho, su propio padre confesó con honestidad brutal que el chico tenía problemas de consumo y antecedentes de depresión, aunque nada hacía presagiar este final.
Qué se sabe de la muerte de Benjamín Scerra
La búsqueda, que duró cinco días de pura angustia, terminó el jueves a las 22 en la zona de monte Celulosa. Allí, en un sector de difícil acceso cerca de Bajada El Espinillo, la policía halló el cuerpo del joven que toda una ciudad buscaba. Las condiciones del hallazgo son un puñal directo al corazón de la comunidad: Benjamín estaba tapado con una chapa y una herida de arma blanca en el cuello. Aquel chico que soñaba con las calles de Italia fue encontrado semidesnudo en un rancho, víctima de una ferocidad inexplicable.
Detrás del operativo policial y los incidentes que sacudieron al barrio El Espinillo —con autos incendiados y enfrentamientos— queda el vacío de una familia diezmada. Su padre nunca dejó de buscarlo con la esperanza de que solo fuera una ausencia temporal. La noticia del asesinato fue tan devastadora que incluso la abuela del joven debió ser asistida por una ambulancia tras descompensarse al enterarse del desenlace.
Hoy, la justicia tiene en la mira a un hombre apodado «el Corto» y a un menor de edad que ya fue aprehendido. Mientras los fiscales Carlos Covani y Agustina Eiris intentan reconstruir los últimos minutos de vida del adolescente, en Baigorria las persianas del emprendimiento familiar de Félix y Benjamín permanecen bajas.
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