Este 9 de Julio, la Catedral Basílica de Salta dejó una postal diferente. En torno al altar, junto a monseñor Dante Bernacki, se ubicaron monaguillos y monaguillas que acompañaron cada momento del tradicional Tedeum por el Día de la Independencia.
Bernacki, vicario general de la Arquidiócesis de Salta y párroco de la iglesia del Tránsito, presidió la ceremonia y trazó un puente entre aquellos hombres que declararon la independencia en 1816 y los desafíos que hoy atraviesa la Argentina.
Su mensaje comenzó con una reconstrucción de los acontecimientos que dieron nacimiento a la Nación. Recordó que la declaración del Congreso de Tucumán no se limitó a romper los vínculos con el rey Fernando VII, sino que posteriormente incorporó una expresión definitiva: “Y de toda otra dominación extranjera”.
También evocó el lugar de Salta en aquel proceso histórico. La provincia, explicó, debió esperar el regreso del general Martín Miguel de Güemes, ocupado en sus operaciones militares, y fue la última en jurar la Independencia, el 7 de diciembre de 1816.
Sin embargo, la homilía no quedó encerrada en las páginas de la historia. Bernacki utilizó aquellos hechos para interpelar a la sociedad actual y advertir que la independencia no puede reducirse a una fecha del calendario ni a una ceremonia protocolar.
- “Es importante que recuperemos la memoria de aquellos hechos que nos constituyeron como Nación. Son momentos en la historia que marcaron a fuego nuestro ser nacional. No se puede ser argentino sin conocerlos”, expresó.

El sacerdote sostuvo que recordar el pasado también implica defender la identidad frente a las nuevas formas de sometimiento. “Los pueblos que se olvidan de su pasado se olvidan de sí mismos y comienzan a ser esclavos, primero de los vicios y luego de otros dominadores, sean pueblos, ideologías o culturas foráneas”, afirmó.
En ese tramo apareció el mensaje más directo de la celebración. Bernacki enumeró como esclavitudes contemporáneas al consumismo, el clientelismo político, la trata de personas, el narcotráfico y las injusticias cometidas contra jubilados y personas con discapacidad.
También advirtió sobre los riesgos de una globalización que, aunque permite compartir determinados valores, puede provocar que los pueblos más vulnerables pierdan su identidad ante la imposición cultural de las grandes potencias.
- “Hoy más que nunca debemos luchar por nuestra identidad, que en definitiva ha de ser nuestro aporte para todo el mundo”, señaló.
Frente a ese panorama, pidió que cada argentino asuma una responsabilidad concreta desde el lugar que ocupa. Planteó la necesidad de construir “una Argentina con oportunidades para todos”, con la salud y la educación como fundamentos de la verdad y la libertad, y con un compromiso cotidiano que permita recuperar el amor por la Patria.
Para Bernacki, la soberanía no se sostiene solamente con fronteras o declaraciones, sino con una sociedad capaz de madurar en valores esenciales y de conservar su pertenencia a una herencia histórica marcada por el heroísmo y la lucha por la libertad.
El cierre de la homilía estuvo dedicado a Santa Rosa de Lima, proclamada patrona de la Independencia Nacional por iniciativa de fray Justo Santa María de Oro. Ante ella pidió por todo el pueblo argentino y concluyó recuperando una de las estrofas más profundas del Himno Nacional: “Se levanta a la faz de la tierra una nueva y gloriosa Nación”.
