A un mes de la muerte de Agostina Vega, la adolescente de 14 años asesinada en Córdoba, la familia sigue atravesando una doble batalla: por un lado, el reclamo de justicia; por el otro, la recuperación física y emocional de Melisa Heredia, la mamá de la joven, que continúa en un estado de extrema fragilidad.
Según se conoció en las últimas horas, la mujer ya pudo volver a su casa después de haber estado internada, pero todavía no tiene el alta definitiva y continúa bajo un tratamiento estricto, con seguimiento médico y psiquiátrico permanente.
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El cuadro que describieron sus allegados es delicado. Miguel y Elizabeth, los padres de Melisa y abuelos de Agostina, explicaron que la mujer necesita acompañamiento constante y que en la casa se reorganizó toda la rutina para protegerla de una posible recaída.
Entre las medidas que tomaron figura una decisión tajante: evitar que vea noticieros, que navegue en redes sociales o que se exponga a contenidos relacionados con la investigación por el femicidio de su hija. Esa determinación, remarcaron, no responde a un intento de ocultarle la verdad sino a una recomendación directa del equipo de profesionales que la asiste.
De acuerdo con esos testimonios, los médicos consideran que conocer de golpe todos los detalles de la causa podría desestabilizarla aún más. La propia familia admitió que ya hubo un intento de contarle parte de la información y que la reacción fue inmediata: Melisa sufrió una fuerte crisis emocional y hubo que frenar cualquier avance en esa dirección. Por eso, ahora el criterio es ir “de a poco”, administrando la información con muchísima cautela, mientras se intenta consolidar una mínima estabilidad emocional.
El deterioro de Melisa no es nuevo. Ya a comienzos de junio, cuando recién se había confirmado el crimen, su estado había encendido todas las alarmas. El abogado querellante Carlos Nayi había contado que la madre de Agostina permanecía internada en el Hospital San Roque y que su cuadro era “delicado”, atravesado por un colapso generalizado a raíz del impacto emocional de la muerte de su hija.
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En esos primeros días, la familia también relató que había llegado a terapia intensiva con un cuadro de deshidratación y otras complicaciones orgánicas, además de un severo compromiso psicológico.
Con el correr de las semanas, esa situación fue mutando, pero no desapareció. El 12 de junio, el abuelo de Agostina describió que su hija seguía viviendo “una realidad paralela” y que repetía como si nada hubiera ocurrido que la adolescente “iba a volver”.
Esa dificultad para asumir plenamente la pérdida fue uno de los datos más impactantes que trascendieron del entorno íntimo. En esa misma línea, la familia contó que durante el velorio y el entierro Melisa estuvo sedada y acompañada por profesionales, en un intento por amortiguar el shock.
Días más tarde, cuando pudo salir del hospital, la preocupación siguió intacta. El 19 de junio, un móvil televisivo la encontró en la puerta de su casa, donde había armado un pequeño santuario para su hija con flores y velas. En ese momento estaba acompañada por un ayudante terapéutico y, según se informó, no estaba en condiciones de participar de una marcha por justicia convocada para esa misma jornada.
Ese panorama explica por qué el presente de Melisa Heredia se volvió un tema central dentro del caso. Mientras la investigación avanza, su recuperación sigue siendo frágil y marcada por una vigilancia permanente. La familia, de hecho, dejó en claro que todavía no se le puede transmitir toda la dimensión de lo ocurrido.
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