Los vecinos de El Naranjo, localidad ubicada en el municipio de Rosario de la Frontera, volvieron a manifestar su preocupación por el deterioro de la ruta provincial 21, el único acceso que conecta al pueblo con la ruta nacional 9/34. Aseguran que el camino se encuentra en un estado «calamitoso» y que la falta de mantenimiento desde hace años está afectando la vida cotidiana de unas 500 personas que residen en la zona.
Manuel Coronel, enfermero jubilado y vecino de la localidad, sostuvo que los reclamos se vienen realizando desde hace mucho tiempo, pero hasta el momento no obtuvieron respuestas concretas.
«Este camino está abandonado desde hace mucho tiempo. El año pasado estuvo el ingeniero Macedo, de Vialidad Provincial, admitió el problema, pero no han concretado nada hasta el momento», afirmó.
La ruta provincial 21 se extiende a lo largo de unos ocho kilómetros hacia el oeste desde la ruta nacional 9/34 hasta El Naranjo. Por allí circulan diariamente vecinos, productores agrícolas y ganaderos, comerciantes y habitantes de parajes cercanos, lo que la convierte en una de las rutas secundarias más transitadas del sur provincial.

Según relatan los pobladores, el camino de ripio presenta numerosos baches, pozos y sectores erosionados que dificultan la circulación durante todo el año. La situación se agrava en épocas de lluvia, cuando el barro vuelve prácticamente imposible el tránsito.
«Con las lluvias esto es un barro eterno que es imposible de cruzar. Pero cuando dejan de llover, la ruta queda intransitable por la cantidad de baches y pozos, que son verdaderos cráteres», describió Coronel.
Uno de los aspectos que más indignación genera entre los habitantes es que la cantera de ripio utilizada para distintas obras se encuentra a apenas cien metros del pueblo.
«Tenemos la cantera de ripio en El Naranjo a cien metros y aun así no han podido solucionar este problema», cuestionó el vecino.
Transporte afectado y temor por emergencias
La precariedad del camino también impacta en el transporte de pasajeros y en la actividad productiva de la región. Los vecinos aseguran que remiseros y taxistas comenzaron a evitar ingresar al pueblo debido al riesgo de sufrir daños mecánicos o quedar varados.
«Acá no hay transporte público. Solo tenemos taxis y remises, pero tampoco quieren entrar de noche porque dicen que es peligroso y pueden quedar varados», explicó Coronel.

La preocupación se extiende además al ámbito sanitario. Los habitantes temen que una urgencia médica pueda transformarse en una tragedia debido a las dificultades de acceso.
«Sufrimos todo el año, con lluvia o sin lluvia. Y ni pensar si tenemos alguna emergencia; una ambulancia no podría entrar. Es todo muy preocupante», advirtió.
Crece el malestar y analizan un corte de ruta
Ante la falta de respuestas, los vecinos comenzaron a reunirse para analizar posibles medidas que permitan visibilizar el reclamo.
«Ya no sabemos qué hacer. Algunos vecinos estamos pensando en llamar la atención de alguna manera y hacer un corte de ruta, algo que nunca se hizo, pero la situación no da para más», señaló Coronel.
Los pobladores sostienen que realizan gestiones permanentes ante la Dirección de Vialidad y el municipio de Rosario de la Frontera, aunque hasta ahora sin resultados.
«En la Municipalidad nos dicen que se trata de una ruta provincial, pero ellos también vienen a sacar ripio de aquí y no son capaces de tirar un poco de piedras en los baches, aunque sea», cuestionó.

Mientras esperan una solución, los habitantes de El Naranjo aseguran que el deterioro de la ruta ya no es solamente un problema de transitabilidad, sino una situación que afecta la seguridad, la producción y la calidad de vida de toda la comunidad. La posibilidad de una protesta vecinal, hasta ahora inédita en la localidad, aparece como una señal del creciente malestar ante un reclamo que lleva años sin respuestas.
