“Lo que tengo siempre lo generé con esto (se señala el corazón) y con esto (la cabeza). No con esto (la cara) ni con esto (su metro setenta y dos de estatura)», decía ella en el arranque de aquella entrevista.
Pasaron exactamente treinta años, pero -valga el lugar común, porque lo define exacto- pareciera que fue ayer. Quizá porque, como establece La Ley de Fraisse, «el tiempo parece más corto cuanto más motivados estamos por la tarea que realizamos», y ella –Cris Morena (en aquellos tiempos de 39 agostos de edad)– nunca, jamás, dejó de acudir a esos atributos que no se ven, pero siempre terminan por hacerse sentir: hablamos de la emoción, la empatía, la creatividad y la calidad.

Es que, tal cual, pasaron treinta años desde aquel viaje, cuando en medio del boom Chiquititas (telenovela que entre 1995 y 2001 consumó siete temporadas y 1.016 episodios) y su manía de tener sumar rating y vender entradas de teatro, se tomó dos días de descanso-aventura y los compartió con Revista GENTE, al tiempo que intentaba explicar dónde se cimentó su creciente e ininterrumpida explosión. Sí, esta nota que ahora recordaremos podría haberse hecho el mes pasado, la última semana o hace una hora. Porque, para decirlo sin rodeos, la esencia de María Cristina de Giácono (hoy de 69), nunca cambió. Como lo veremos replicando la entrevista y cobertura que nos brindó en septiembre de 1996…
«¿SE SUPONE QUE SOY EXITOSA PORQUE VENDO?»

La leve luz de la tarde se resiste a desaparecer entre los frondosos árboles de cuarenta y cinco metros que invaden cada milímetro del Ariaú Jungle Tower Hotel enclavado en el corazón de la selva amazónica. Son las seis y diez en el húmedo norte del Brasil y Cris Morena menea una liana seca sobre las aguas del Rio Negro, la continuación del Amazonas al oeste del continente.

La quietud del crepúsculo -hay poco viento, treinta y dos grados, ochenta y cinco por ciento de humedad- contrasta con el estresante último mes vivido por esta porteña de ojos castaños: cuarenta y ocho horas atrás, entre pétalos de rosa y lágrimas de emoción, despedía, tras el telón de un Grand Rex a sala colmada, a Chiquititas, la obra teatral récord de 1996, que sumó 60 funciones y 195 mil espectadores en un mes, rondó los 3,5 millones de dólares de recaudación y tuvo a esta virginiana de mirada franca como autora, directora y coordinadora.

-Ayer llegó mi cuerpo, recién ahora está llegando mi alma -Cris intenta mimetizarse con el ambiente-. Fue un viaje agotador (Buenos Aires-Rio-Manaos, dos aviones, auto, 60 kilómetros en lancha). Vengo de grandes nervios… Recién ahora estoy cayendo -provoca ondas en el agua oscura.

-Parece que la palabra «éxito» la anda persiguiendo…
-Palabra extraña ésa, ¿no?
-Extraña pero subyugante…
-¿Se supone que soy exitosa porque vendo?

-Supongamos que fuera por eso. Hablemos de números, números fríos y a la vez calientes: mucho público, gran recaudación, un nuevo disco (Chiquititas volumen 2) con 300 mil unidades vendidas. Y usted de tras de todo. ¿Eso no es éxito?
-Los números son relativos. Lo de Chiquititas es lo más maravilloso que me paso.

-¿Por qué reniega del éxito, entonces?
-No reniego. Sólo pienso que mi éxito es rescatar los mejores pedacitos. Cada producto mío nuevo tiene mucho de los anteriores. Voy sumando. Cuando el año pasado Gustavo (Yankelevich, por entonces su marido y el gerente general de Contenido de Telefe) me dijo: «Cris, me gustaría hacer Chiquititas en teatro», pensé: «Tengo que encontrar una historia justamente ‘chiquitita’ pero importante». Y ahí surgió el objetivo: uno piensa que el tesoro está afuera y lo tiene adentro. La gente no se iba de la sala sólo con lo que representaba el programa.

-¿Que pensó ahí?
-Que las giras, los programas en que intervine, todo había ayudado. Pero que mi éxito era otro.
-¿Cuál?
-Hacer. Yo no me la paso tomando café y hablando. Hago… Y que te parece si seguimos después. Es hora de ir a pescar pirañas.
«NO SOY UNA MAESTRA FRUSTRADA, AUNQUE TENGO BASTANTE DE DOCENTE»

Cris deja a medio tomar su suco di maracuyá con hielo y parte a domar las aguas o, en realidad, “a ver qué pasa». Ella prefiere desconfiar. Desconfiar de esta especie de Ciudadela de los Robinson llamada Ariaú Jungle Tower Hotel, donde los monos -sean araña, barrigudos, de la noche.- no tienen problemas en arrojarse de manera sorpresiva desde las alturas para enredarse en la cabellera que encuentren a su paso. Si ese pelo es rubio, mejor. Y ella lo sufre en carne -o cabellera- propia. Sí, lo dicho, la madre de Romina y Tomás -quien la acompaña aquí- prefiere desconfiar de este paraíso de cinco cuadras, rodeado de agua, vegetación y misterio y con aroma a película de Tarzán. Sin embargo, acepta algún desafío. Pero sólo alguno.

Por eso, luego de subirse a la canoa color verde musgo, poner proa al río y sacar -caña y trozo de carne mediante- una piraña roja, “de las que, ojo, suelen andar en cardumen«, pedirá al guía que devuelva la presa a sus aguados pagos y que abandone la inmensidad líquida -léase cuarenta kilómetros de ancho por noventa metros de profundidad del río más caudaloso del planeta-; para llevarla a ella -la creadora de aquel golazo llamado Jugate conmigo, a la suite que meses atrás ocuparon Kevin Costner y Tom Cruise en la Torre 2. Allí solicitará una vitamina de banana y, como si nada, consultará al periodista que escribe: «¿En qué estábamos?”.

-Antes de lo de las pirañas le quería preguntar si usted les acerca a los jóvenes lo que ellos necesitan o lo que quieren escuchar…
-No sé cual es la llave. El tema es dar la mano para que puedan subirse al mismo bote. No dejar que se ahoguen.
-¿Y una vez arriba?
-Cuidarios. Que no se caigan. No soy una maestra frustrada, aunque tengo bastante de docente.

-¿En cuánto ayudo ser madre al éxito con este publico?
-Fundamental. Lo máximo que yo quería en mi vida era tener un hijo: y se me dio de joven. Fue un milagro. Y como yo no puedo borrar de mi mente los buenos momentos, los reflejo en mis trabajos. Los malos, trato de olvidarlos.
-¿Los jóvenes ven en usted a una madre, quiere decir?
-No. Ven a alguien sincero. Hay un montón de gente que no me debe bancar como yo no la banco a ella. No intento gustarles a todos. Lo mío es la espontaneidad: intento ser lo más parecida a mí misma.

-Y además de esa naturalidad que pregona, ¿dónde sustenta su optimismo laboral: en el trabajo o el talento?
-De pronto hay algún chispazo, pero lo mío…, yo trabajo en todo. Donde se escapa algo es porque alguien metió el dedo.
-¿Es un poco omnipotente?
-Sí. pero estoy empezando a delegar. Pasa que uno tiene que saber rodearse. Por eso a mí no me sorprende que me vaya bien. ¿Por qué va a salir mal si está todo bien cuidado?

-¿Es un preconcepto acertado pensar que usted debe ser obsesiva del rating y teleadicta total?
-No. Al contrario. Casi no veo tele. Lo mío es guardar fotos de mi carrera. Quiero que mis nietos me recuerden como una abuela divertida. Y en cuanto al rating, no sé ni cuántos puntos tiene Chiquititas, aunque yo soy la guionista del programa. Tampoco me preocupaban las cifras de espectadores en el teatro. Me vas a decir «Qué piola sos, estaba lleno», pero no. No es mi tema.
-¿Cuál es su tema?
-Provocar hechos sobre lo que quiero transmitir. Si esto se trasluce en venta y buenos números, mejor. Pero cuando yo me proponga esas metas, va a ser el principio de mi fracaso… Y ahora, si me disculpás, nos llaman por lo de los caimanes.
«DESDE QUE ME ENTERÉ QUE MI TEMA MI PEQUEÑA ROMINA HABÍA SIDO MUSICALIZADO, NO PARÉ DE COMPONER»

“Lo de los caimanes” es algo así como una cacería de mentira. Leyó bien: reptiles de hasta dos metros que serán extraídos de su hábitat natural para observarse al aire libre antes de ser devueltos a las aguas con el cuidado necesario para evitar lesionarlos. Silencio, linterna, ojos brillantes, como los de un gato. “¡Allá hay uno!”… Hora y media después, el testimonio de una Cris ahora menos desconfiada, enfundada en su traje de safari embarrado: «Esto fue lo que más me gustó. De noche existe una armonía especial: las estrellas, el sonido de los animales y los insectos. Es como un concierto».

De música habla. Quien a pesar de escribir poemas desde chica, recién en 1980, y por casualidad, recibió la noticia de que un tema suyo (Mi pequeña Romina) habÍa sido musicalizado. «De allí en más -recuerda- no paré de componer.» Por estos tiempos tiene entre 300 y 400 temas registrados en SADAIC (Sociedad Argentina de Intérpretes y Compositores) con su nombre de soltera. “Quería que esto tuviera más que ver con mi persona que con mi personaje», explica la decisión, ahora con un café en una mano y un coatí en su falda.

-Ya ha compuesto para Sandra Mihanovich, Xuxa, César Banana Pueyrredón, Sergio Denis, los programas de TineIli, las aperturas de Gasalla y Mateyko, los institucionales de Telefe (incluso el último, Primafe); todas las canciones de Jugate conmigo; para el exterior, etcétera, etcétera. ¿Dónde encuentra inspiración?
-En cosas que me pasan a mí o veo. Corazón con agujeritos es lo que soy. Cuando la escribí, sentía penas.

-¿Por qué tenía agujeritos?
-Me metí a hacer un balance durante el verano, después del año en el que paré. Sentía nostalgia. Cuando uno detiene la pelota, se desubica. Después, entendés: «¡Qué suerte que paré!». Yo creo que Chiquititas salió a partir de haber cargado las pilas. Y ahora parar me lo puse casi como método.

-¿Ese año sabático fue para descansar su imagen?
-No había nada que me motivara. Vino bárbaro. Me había dispersado. Se debe alimentar lo de adentro para poder sacarlo afuera. Fui a quedarme en silencio, sin «hacer”, mi verbo. Mirar un atardecer en casa. ¡Existen! Resultó muy bueno parar un año.

-Y los osos y las cartas que le llegaban a cada programa, ¿con qué acto afectivo se reemplazan?
-Sigo recibiendo… El cariño de la gente es como una caricia mezclada con un abrazo. Pero me fui dando cuenta de muchas cosas…

-¿Por ejemplo?
-Que no había que aparecer sólo en la pantalla. Estoy en un proceso de andar cada vez más liviana por la vida. Hoy sé que podría vivir sin la televisión.
Producción: Leo Ibáñez (@LeoGente)
Fotos: Archivo Grupo Atlántida (archivo@atlantida.com.ar)
Escaneo y arte de imágenes: Gustavo Ramírez
Jefa de Archivo: María Luján Novella (113903-8464)
Mirá También

Cris Morena, a corazón abierto: «Me cuesta aceptar las partidas, pero soy de las que creen que el alma nunca se termina»
Mirá También

