El femicidio de Carolina Flores Gómez, la exreina de belleza de 27 años asesinada el 15 de abril en Ciudad de México, sigue sumando capítulos que profundizaron el impacto del caso. En las últimas horas, la difusión de una presunta carta atribuida a su suegra, Erika María Herrera —detenida en Venezuela tras permanecer prófuga— puso el foco en la trama íntima que rodeó el crimen.
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El documento, que habría sido escrito un día después del asesinato y dirigido a su hijo Alejandro Sánchez, comenzó a circular en redes sociales y medios digitales. Aunque su autenticidad no fue confirmada oficialmente por las autoridades, el contenido dejó al descubierto un vínculo marcado por tensiones, celos y disputas familiares previas.

La carta completa que se difundió
“Hijo, ni yo misma sé cómo las cosas llegaron a esto. Siempre me ha tratado con sus malos modos, pero el que solo saludara a Luca y a mí ni siquiera me dijera ‘hola’ después de meses de no vernos, se me hizo una majadería… que casi lo primero que me dijera que ir por Luca y nunca iban a regresar a nuestra casa, como pasó; que tenían planeado ir estos días a Ensenada, pero que a la casa no volvería a poner un pie. Y yo ni enterada de sus planes, para variar”.
“Me reclamó que besara a Alexito aquella vez y, por más que le expliqué que fue instinto por primera vez haber sentido sin guantes y sin cubrebocas, me dijo que ella había aguantado de besarlo tres meses, que le había repateado que yo lo hiciera primero, como que se lo hice en frente de su cara a propósito”.
“Le dije que si estaba muy feliz con la buena vibra que alguna vez dijo sentir en la casita y dijo que sí, que aunque no había sido su idea, estaba muy contenta por estar los tres solos, sin caras ni malos modos”.
“Aunque me siguiera metiendo con mis consejos, le dije que había conseguido alejarnos físicamente a ti y a mí y que sabía el dolor que me causaba eso y el no ver al bebé, pero que aparte lo había separado de la familia de ella. Y dijo que así los tres estaban muy bien. Le pregunté qué daño le hacía que lo viera en fotos o por qué ni siquiera videollamadas. Y dijo que, como estábamos lejos, así estábamos bien y que era su hijo y que así quería criarlo. Entonces, pasó lo que pasó“.
“Sé que nunca me perdonarás y que tu familia se verá dañada con esto, pero saldrán adelante, a su manera, ahora ya como la familia de cinco que son. Sé que está de más pedirles que me perdonen, pues si un beso no lo perdonó, esto menos. Aunque me odies, yo te amaré por siempre, mi pequeño gran tesoro. Solo dime algo, lo que sea. Tu silencio me hace daño. Siempre estarás en mi corazón como el primer día, aunque ahora tu familia sean ellos”.

Un documento que refuerza la hipótesis del conflicto familiar
El contenido del texto coincidió con una de las principales líneas de investigación: un deterioro progresivo en la relación entre la víctima y su suegra, atravesado por disputas por la convivencia, el rol dentro de la familia y el vínculo con el hijo de la pareja.
El caso ya había generado conmoción en México por la violencia del hecho —registrado incluso por una cámara de seguridad— y por las irregularidades posteriores, como la demora en la denuncia.
Mientras avanzan los procesos judiciales y la posible extradición de Herrera, la carta sumó un elemento tan íntimo como perturbador: una narración en primera persona que, de confirmarse, podría aportar contexto emocional a uno de los crímenes más impactantes de los últimos tiempos.
El expediente siguió abierto, y cada nueva revelación, como este documento, volvió a poner en primer plano una pregunta que todavía no tenía respuesta definitiva: qué pasó realmente puertas adentro de esa familia antes de que todo terminara en tragedia.
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